“Venus Project”: o la utopía científica en tiempos pos-metafísicos

Venus Project

Venus Project

LBF presenta un informe en clave crítica acerca de un proyecto que se presenta como alternativa, como salida, frente al avance de la crisis capitalista mundial.

Por Alan Ojeda. Ilustración: Martín Ulloa.

El futuro es una película que se actualiza conforme se modifican nuestras condiciones de existencia, haciendo mutar nuestros sueños e incluso rompiéndolos. Esto significa que cada nueva generación se ve con el derecho de decir: “El futuro ya no es lo que era”. Esa frase implica dos lecturas simultáneas, una sobre el presente y otra sobre el pasado. La primera implica aceptar que nuestro presente piensa el futuro de una manera distinta y necesita plasmar esa nueva imaginación; la otra que el pensamiento utópico del pasado ha fracasado o contenía en su germen los mismos males que pretendía evitar. Ahora estamos en el siglo XXI y nuestra imaginación utópica parece agotarse. Lejos de la vida de “Los Supersónicos”, lo que nos convoca parece ser la imaginación del desastre y la ética de la supervivencia post-crisis que vemos en la nueva Mad Max: Furyroad. A esto se suma un creciente alejamiento de la reflexión metafísica y las filosofías trascendentales tan propio de la modernidad, que desea fabricar experiencias místicas de forma a-religiosa. Los deseos de un mundo mejor, automatizado, gobernado por la tecnología y el pensamiento racional ha fracasado y hoy sólo vemos, como en las películas de Tarkovsky, el agotamiento del sueño tecnológico que ya no puede ni siquiera organizar sociedades autoritarias como las que se inventaron a comienzos de siglo XX. Es por eso que en este contexto donde las viejas utopías científicas parecen perdidas, la aparición de Venus Project invita a repensar qué es lo que sucede hoy en día.

Venus Project es una organización sin fines de lucro fundada por los estadounidenses Jacque Fresco y Roxanne Meadows que tiene por fin un plan global holístico-sistémico para crear una civilización mundial pacífica que elimine la pobreza, el elitismo y la economía basada en sistemas monetarios. Para esto el proyecto apuesta a un alto nivel de automatización y una economía basada en recursos –lo que implica que todos los recursos sean totalmente públicos-. En la página de la organización (https://www.thevenusproject.com) se puede encontrar información sobre cada aspecto a desarrollar: construcción de viviendas autónomas, sistemas de construcción automatizados, ciudades en el mar, sistemas urbanos, etc. A primera vista parece estar todo solucionado y preparado para el futuro. El currículum de su fundador Jacque Fresco, de 99 años, autodidacta diseñador industrial, futurista e ingeniero social, autor, conferencista, inventor y pionero en la ingeniería de los factores humanos otorga al proyecto un halo de seriedad. Sin embargo, es necesario aclarar que, como dice Melvin Larsky:

Las utopías se escriben, a la vez, a partir de la esperanza y de la desesperación.

¿Qué emoción domina en este caso? Dos fenómenos han tenido lugar desde la última mitad del siglo veinte en adelante. El primero es el New Age y el otro, de la mano, la creación de sectas. El New Age importó ideas de oriente, masticándolas y haciéndolas accesibles –e incluso funcionales- al sistema de vida occidental. Las sectas, nutridas de nuevas y viejas ideas, y beneficiadas por el progresivo caos vital de la vida moderna, desarrollaron sistemas cerrados y esquemáticos que permitían darle al perdido una llave para entender su función en el mundo ¿La muerte de Dios? Quizá. Lo que sí podríamos afirmar es una rápida muerte del pensamiento metafísico, acompañado de una psicologización de los deseos de trascendencia. Eso significa que todo pensamiento y experiencia metafísica es transformada, por las ciencias, en un discurso sobre la negación del mundo –la realidad- y la creación de sistemas compensatorios. Poco a poco el hombre fue perdiendo lugares de escape para su imaginación y, en consecuencia, su espíritu. Sin trascendencia posible, la experiencia del mundo se transforma en una mundanidad caótica que parece no tener salida. Acá es donde la ficción científica hace su aparición. Con sus fracasos y victorias la tecnología sigue siendo uno de los pocos elementos capaces de sostenerse firmes en el imaginario. El día a día parece dejarnos cada vez más en claro que se acercan tiempos oscuros donde, de una forma u otra estaremos tan solos como ahora o más (en la película Her” la inteligencia artificial nos abandona por nuestras limitaciones y su necesidad de autoexplorarse y en Mad Max: Furyroad el desastre nuclear termina por establecer la tan temida escasez de recursos naturales –agua, ya no petróleo como hace treinta años-). Frente a este panorama imaginario actual Venus Project propone mantener la tecnología al servicio del hombre y una sociedad de abundancia de recursos de acceso totalmente público. Salvo por las máquinas de tamaño gigantesco que se pueden observar en las ilustraciones del sitio, todo parece muy similar al cielo que promocionan los Testigos de Jehovah en las revistas, donde los niños acarician a los leones y nada nos amenaza, donde ya nada es, lisa y llanamente “el afuera” que tanto nos duele.

Jacque Fresco

Jacque Fresco

Venus Project se presenta como la alternativa organizativa frente a la posible crisis mundial. Sin embargo, es posible afirmar que mantiene muchos de los elementos pertenecientes a los proyectos utópicos que ya han fracasado anteriormente y sobre los que cuesta hacer pie sin sentirse ajeno a las proyecciones actuales de nuestro futuro. Como señala el crítico canadiense Northop Frye:

En la sociedad, el símbolo del proyecto consciente es la ciudad, con su diseño de calles y edificios, y con el complejo ciclo económico de producción, distribución y consumo que aquella establece. La utopía es, ante todo, una visión de la ciudad ordenada y de una sociedad dominada por la ciudad.

El problema es que tanto la idea de “abundancia” como la de “ciudad” como esquema de organización de lo viviente no solo han fracasado hasta el día de hoy, sino que parecen esforzarse en eternizar los problemas que sufre gran parte de la humanidad hoy en día. La acumulación de riqueza, la sobreproducción y la contaminación y destrucción del medio ambiente parecen aportar día a día su gramo de arena en el reloj de la destrucción del mundo, negando toda posibilidad de una tierra donde la vida reverdezca con el mismo color que el Edén. Por otro lado la sociedad parece mutar más rápido que cualquier ciudad que, en su intento por generar eficiencia – pensemos un poco a que remite esta palabra– necesita crear sistemas de dominación capaces de controlar a las masas de gente en su interior. ¿No es la eficiencia el mito fundamental del sueño iluminista de la modernidad? ¿No es el mismo sueño que nos ha transformado en seres descartables frente a la menor incapacidad? Hay gato encerrado.

En mayo de 1974 se publica la célebre novela de ciencia-ficción Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin. A diferencia de las utopías clásicas donde la sociedad está organizada en torno a una extraña abundancia de recursos de todo tipo, Los desposeídos plantea una sociedad basada en la carencia. Sin embargo esto no implica ningún problema, sino todo lo contrario. Como señala el Raymond Williams:

En la medida en que la tierra baldía es una perdida voluntaria, de parte del autor –productor de una evaluación derrotista de las posibilidades de transformación en campo bueno y fértil-  la apertura es de hecho un fortalecimiento; en realidad, sólo es probable en tal Utopía que aquellos que han conocido la opulencia y con ella la injusticia social y corrupción moral puedan ser convocados

Ursula se aleja de las creaciones cuyo origen está en el sueño burgués de la abundancia, la propiedad privada y la comodidad. No son los detalles técnicos los que determinan el éxito y la supervivencia de una verdadera utopía realizable, sino las bases filosóficas en las que está fundada.

*

Leé también:

La bóveda del fin del mundo, por Juan Silvano

Alan Ojeda

Alan Ojeda

Periodista, escritor, docente de escuela media, investigador. Especialista en drogas y música electrónica. Editor de la Revista Equis y coordinador del ciclo de poesía, música y libros Noche Equis.
Alan Ojeda
Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestmail

Publicado por .

Comentarios