Turismo, Sexo y Trata en el Machu Picchu

 

Sexo en el Cuzco

Orgías en la montaña, rituales chamánicos, libertinaje y trata de mujeres en la primer crónica de viaje de LaBrokenFace. ¿En qué se convirtió la ciudad del Sol?

Por Federico LamasIlustraciones: Groger Gutiérrez.

La noche todavía no cayó sobre la ciudad de Cusco. Los rayos solares aún iluminan la Plaza de Armas, allí donde dicen que murió Tupac Amaru II, el último caudillo de la resistencia Inca. Frente a ella está la Catedral que se instituye alta y despampanante sobre el restos de los edificios y recibe vestigios de luz. La construcción barroca se erige con dos torres en punta sobre sus costados y una fachada española del siglo XVII. Antes de su planeamiento, en el 1600, había un santuario incaico. Ahora, todo es gris. Y de madera. Es un lugar de habitual para tomar fotos. Como ya está anocheciendo, se empiezan a ver los flashes blancos de las cámaras. En la explanada hay tres mujeres altas, rubias, de ojos claros y con facciones escandinavas posando para un improvisado fotógrafo lugareño.

-“Yes, baby. One, two, three. Picture”, tira el morocho, sonríe, se acerca y empieza a trabajar.

– “¿Where are you from?”, dice el “fotografo” en un inglés perfecto.

– “Sweden”, responden.

Los dientes blancos del joven contrastan con su tez. Está vestido de guía turístico. Chaqueta verde y chambergo en la cabeza. No se detiene y sigue adelante con su objetivo. Habla, seduce, le toca el pelo a una de ellas y tiene aceptación. Se fue a un bar con las dos. La escena se repite, pero con dos argentinos y dos hondureñas en la otra punta de la plaza. Uno es compañero mío de hotel. Luego me contará sus andanzas. Y así en cada vértice. Pero no es lo único que sobresale en el paisaje nocturno. Allí, en las calles paralelas de la plaza, empiezan a aparecer grupos de mujeres que invitan: “Masajes, Massages. ¿Masajes, señor?”. Cusco comenzó a tener una transformación.

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Los bares estallan de mujeres. Rubias, coloradas, estadounidenses, inglesas, brasileras, arquitectas, azafatas que quedaron varadas, periodistas y demases. La misma mezcla y diversidad en la rama masculina. Todos hablan con todos. La lejanía de la tierra natal hace que el turista sea desinhibido y no tenga problemas en entablar conversaciones con otras personas. Las luces se mueven, hay flashes, iluminan con colores rojizos, azules, amarillas, verdes. Se mueven por doquier, la “cusqueña” pasa de mano en mano mientras suena “Propuesta indecente” de Romeo Santos.

En el medio de todo ese gentío está Gary (no diré su verdadero nombre para preservar su familia) combinado con un blanco perfecto. Pantalón y camisa como si hubiese salido de un videoclip de reggaetton. Las tres cervezas que tomó no le hicieron efecto, baila con su metro ochenta al lado de la barra y dispara una frase contundente: “La clave está en las europeas, suecas, rusas. Quieren un rato de sexo y después te olvidan”. Pide dos cervezas más y encara a un grupo de rusas, como si fuese un latinlover. “Hi, beautiful”. Le responden, lo ven y sonríen. Y se va moviendo la pelvis.

Empiezan a aparecer grupos de mujeres que invitan: “Masajes, Massages. ¿Masajes, señor?”

Según el estudio de la Dra. Irmgard Bauer en su artículo: “They don’t just come for Machu Picchu”, publicado en 2008, Cusco es uno de los lugares más elegido por turistas de diferentes parte del globo para tener experiencias sexuales. En el escrito, Bauer relata que las relaciones sexuales entre personas autóctonas y extranjeros ocurren desde la colonización española (cosa lógica), pero que en los últimos 20 años ese fenómeno creció. Además, el informe recaba cientos de entrevistas a habitantes nativos y turistas que cuentan sus vivencias. Después de las charlas con los cusqueños, la Dra. determinó, entre otras cosas, que la atracción parece fundamentarse en las diferencias físicas entre los protagonistas. Basicamente, las europeas buscan morochos y las morochas buscan rasgos distintos a los que tienen en la ciudad.

En otro punto de su investigación, Bauer hace mención a que más allá de los paisajes y las ganas de conocer lugares, un porcentaje de los visitantes que llegan a Cusco lo hacen con el objetivo de tener sexo para gratificar su autoestima. De generar una experiencia. En medio de un ambiente que plantea “libertad”, los visitantes aprovechan a romper las cadenas de la paquetería y se animan a probar cosas que en sus respectivos países no llevarían adelante. En muchos de esos casos, los excesos de alcohol y drogas. A veces pasan al libertinaje.

El problema es cuando el límite es sobrepasado.

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Cuzco - Perú

Cusco – Perú

El Parque Arqueológico de Sacsayhuaman es uno de los lugares más visitados en los alrededores de Cusco. En Quechua significa “El lugar donde se sacia el halcón” y es conocido por ser uno de los sitios destinados a las ceremonias religiosas. Es un lugar sagrado en donde, aún hoy, se lleva adelante el “Inti Raymi”, la celebración en la cual se escenifica el ritual al Dios Sol. Allí, la lujuria desenfrenada también existe.

A principios de marzo de este año, la policía desbarató en el Parque Arqueológico de Sacsayhuaman una orgía multitudinaria. Sesenta personas fueron detenidas cuando estaban en un frenesí descontrolado que incluía drogas, alcohol y sexo. Los agentes detuvieron a más de sesenta turistas. Argentinos, israelíes y europeos. También había peruanos que no sólo se dedicaban a ser parte de la organización de esta fiesta, sino que también formaban parte.

Cusco es uno de los lugares más elegido por turistas de diferentes parte del globo para tener experiencias sexuales.

Según informes policiales, reservas históricas y protegidas por el gobierno eran testigos del “Peyote festival” que recibía a los turistas con música electrónica y “curanderos” listos para realizar sesiones espiritistas. El sexo traspasaba los cuartos y se escapaba hasta la pequeña pradera que hay fuera de las edificaciones. Allí la policía los encontró desnudos, con la cola al aire, situaciones incómodas, graciosas, de espaldas y en cientos de posiciones imaginables. En definitiva, un quilombo.

Es uno de cientos. Y más allá de la risa que puede causar la escena, esto se transformó en un problema y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) tomó cartas en el asunto desde hace varios años. Además, denunció la actividad ilícita en otras zonas místicas. Kenko y Machu Picchu también son apuntados. Más allá del libertinaje, el problema radica en que varias de estas reuniones se convierten en un lugar peligroso para niños y mujeres. En el informe detalla que la mayor explotación sexual es por parte de los turistas y que se lleva adelante por la falta de seguridad y control de la secretaria de Turismo local.

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Es fácil comenzar a caminar en Cusco. Lo difícil es no cansarse. Calles angostas que hacen parecer que las subidas son siempre más largas. Doscientos metros para subir, 50 metros para bajar. Es una pretemporada. Los aromas legendarios parecen abrazarte en cada esquina de la ciudad. La mezcla de años y condimentos es la culpable de que cada restaurante sea productor de un perfume que parece llenarte el estómago sin haber probado bocado. El sol ya se escondió y las luces bajas dominan el terruño.

Las pensiones a medio a pintar y con una apariencia similar a la de un conventillo de San Telmo no hacen grotesca la imagen. Sino que todo lo contrario. La belleza arquitectónica y centenaria se mantiene viva en sus paredes beige y en el pedregullo de sus veredas. Aberturas lisas para las puertas de madera, formación rocosa hasta cintura y un techo de teja rojizo que se mantiene uniforme durante todo el recorrido.

“¿Are youhot? (SIC)” Te tocan, te buscan, te susurran.

Ya son la 9 o 10 de la noche. Junto a la oscuridad aparecen ellas. Mujeres jóvenes que al pasar te dicen cosas. “Papi, quieres un masaje”. “¿Are youhot? (SIC)” Te tocan, te buscan, te susurran. Jean apretado, camperita y pelo recogido. Salen de las puertas y muestran su morena figura. Preguntan cuántos soles tenés o si querés un charuto. Alguna, un poco más zarpada, directamente te toca la pierna. En todos los casos hay algo en común: A una cuadra, media o a 20 metros hay una persona mirando. Sentado o parado, siempre hay un hombre que observa con atención la situación. Vigila desde lejos, no sé acerca, no molesta, pero está y, por más que se intente, el cruce de miradas con él es imposible.

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Cusco es la segunda ciudad peruana con más casos de trata de personas. La primera es Lima, la capital. Más del 80% de las mujeres son llevadas desde las ciudades del oriente y en parte de la selva. En los últimos meses, se han desarticulado varias bandas que no sólo están relacionadas con la prostitución ilegal, sino que además, con la explotación infantil. Chicas de Puno, Arequipa y San Martín, entre otros lados, son las buscadas. La principal forma de atracción es la inserción laboral como “meseras” y son reclutadas a partir de las redes sociales. La desesperación por salir de las condiciones en las que viven llevan a aceptar un trabajo sin tener referencias. Allí empieza la trampa.

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Ya es otro día. Me vuelvo a cruzar con Gary. Está por empezar el recorrido y él es el guía de la excursión. Me mira sonriente y me suelta: “Ahora vas a conocer lo lindo de la ciudad”. Le creo y empiezo el viaje bajo la luz del sol.

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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Comentarios

2 Comentarios

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2 Comments on “Turismo, Sexo y Trata en el Machu Picchu
  1. che, con onda y modesto jucio: un poco floja la crónica. está como descompensada. desde el título parece apuntar a meterse y contar de manera más o menos profunda un mundo “desconocido” o del que tenemos pocas referencias, pero en el desarrollo se cae, no pasa de algunos datos que tranquilamente se podrían encontrar en una columna periodística. igual, si es la primera, está bien (por ahí van de menor a mayor)