Tronar el Escarmiento I

Tronar el escarmiento – Enemigos del Pueblo

Tronar el escarmiento – Enemigos del Pueblo

Comienzan las acciones civiles contra la ocupación de los “Enemigos del Pueblo“. Brilla de nuevo el lustre de una oscura tradición de violencia política.

Por Martín Paolucci. Ilustraciones: Groger Gutiérrez.

LA CARNE

Buenos Aires,  1 de julio de 2030. 6:10 a.m.

            “Te están buscando unos tipos

que cuando niños sus mamás no los querían

 y ahora de adultos viven repartiendo bofetadas”

 Rubén Blades

Avenida General Paz: Autopista que une la Provincia de Buenos Aires con la Capital Federal. Una vía que para muchos malintencionados es, además de un límite geográfico, la frontera entre la civilización porteña y la barbarie suburbana. A través de esta carretera se transportaba Dardo Arenas, un muchacho de 26 años que jamás podría haber imaginado lo que se le pondría por delante esa oscura mañana de invierno.

Dardo regresaba, después de una jornada laboral en la estación de servicio del Aeropuerto de Ezeiza en la que trabajaba hace más de 6 años. Manejaba su Fiat 128 mientras cantaba y tamborileaba al ritmo de la canción “Te están buscando” de Rubén Blades. Estaba contento, lo habían ascendido de playero a encargado nocturno y con el aumento podía arreglar su viejo coche.

Ni siquiera la conmoción que provocaba el combate cotidiano entre el gobierno y la guerrilla lo perturbaba. A pesar de detestar profundamente al gobierno, que echaba el peso de la crisis sobre los laburantes, descreía profundamente de la lucha armada como método político. A Dardo lo habían educado bajo un profundo escepticismo.

Un pesimismo militante frente a una sociedad que sólo parecía valorar el goce inmediato y la riqueza material. Dardo se negaba a tolerar la idea de tener que vivir así. Su espacio de resistencia individual lo había encontrado en la poesía, a la que veía como una herramienta de liberación con la que todas las noches pensaba a martillazos desde la fauna cibernética.

El joven poeta prefería el mundo de los versos a los avatares de la vida cotidiana. Pero había cosas que sucedían en el trajín diario que le llamaban profundamente la atención, y sobre las que en secreto escribía rabiosamente, sin publicar por temor a lo que podía sucederle si era leído.

Extraños movimientos acontecían casi todas las noches en la estación de servicio. Tipos con pinta de comando que parecían haber salido de alguna película de Schwarzennegger se detenían en enormes jeeps a cargar combustible. Algunos hablaban con raros acentos y siempre, siempre pagaban en efectivo. Había uno que le provocaba especial curiosidad. Un extranjero que siempre dejaba jugosas propinas en dólares y que tenía una mirada singular, con ojos verdes y gélidos. Como dos meadas en la nieve.

La oscuridad y la niebla se mantenían indemne sobre Buenos Aires mientras el viejo Fiat 128 blanco se acercaba velozmente a la salida de Avenida Crovara, el camino se veía libre de vehículos salvo por una camioneta azul que muy a lo lejos, apenas perceptible por la niebla, se había detenido en la banquina.

Al verla, dos pensamientos opuestos atronaron la mente de Dardo.

¿Se habrá detenido porque se le rompió algo o estarán detenidos para chorear a los que pasan?

Ante la duda bajó bruscamente la velocidad y apagó las luces del pequeño Fiat.

Nunca le había pasado nada en ese lugar, pero su cerebro era irradiado regularmente por noticias de secuestros y asesinatos cometidos en dicha autopista suburbana, inyectándole una paranoia que él, por supuesto, negaba padecer.

El 128 avanzaba cada vez más lentamente y de la camioneta se habían bajado dos hombres indistinguibles que con dificultad llevaban un gigante paquete hacia los salvajes yuyos que crecían entre la banquina y la colectora.

Al joven encargado comenzó a correrle la adrenalina a 300 kilómetros por hora y su corazón acompañaban, bombeando a más no poder.

¿Qué carajo están llevando esos tipos?

Con el auto en primera, casi detenido, Dardo que tenía un cagazo monumental esperaba que se fueran. Lo único que le daba algo de tranquilidad era la niebla que cubría todo y hacía que el auto quedara casi invisible.

Luego de unos eternos segundos de espera, los tipos subieron a la camioneta y rajaron, esta vez sin el paquetote. Arenas había recobrado la tranquilidad y no tenía ganas de detenerse. Pero la curiosidad lo carcomía por dentro así que en vez de ir a casa y dormir plácidamente, detuvo el auto en el mismo lugar que la camioneta, abrió la puerta del acompañante y saltó a los yuyos.

El viento chiflaba de una manera insoportable, congelando todo a su paso. Dardo también había quedado helado, pero no era por el chiflete.

El cadáver de un joven de no menos de 30 años reposaba sobre lo que parecía una alfombra oscura en el medio del pasto. Sus manos, entrelazadas en el pecho, se apoyaban sobre un ladrillo que a su vez sostenía una hoja sobre su pecho.  Eso y su cabeza enrulada eran lo único que había quedado intacto. El resto del cuerpo parecía una hamburguesa cruda, lleno de agujeros, carne despedazada y sangre.

Tronar el escarmiento - Enemigos del Pueblo

Tronar el escarmiento – Enemigos del Pueblo

Arenas seguía paralizado. El espanto y la morbosa curiosidad pugnaban dentro suyo. Mirar o no mirar era el dilema.

Cuando volvió en si, Dardo comenzó a desesperarse, respiraba desesperado y frenético como un perro con catarro. ¡Tenía que buscar ayuda!

Salió a la banquina a pedir auxilio, pero los pocos autos que pasaban lo hacían a gran velocidad y sin darle ni cinco de pelota. Dardo los puteaba con impotencia, aunque en el fondo sabía que eran tan cagones como él.

Finalmente se cansó, pensó en irse. A la mierda, que lo encuentre otro. Otro pobre boludo como él. Pero no podía, un súbito impulso detectivesco lo poseyó. Tenía que saber qué carajo decía la hojita.

Se fijó que no lo viera nadie y con precaución de no alterar la escena del crimen como había aprendido en la tele, levantó lentamente el ladrillo y miró la hoja.

Era un comunicado con fecha de ese día. El contenido del mensaje hizo que le corriera una pesada gota de sudor por la espalda. No podía creer lo que estaba leyendo, con su celular le sacó una foto, volvió a poner el papel debajo del ladrillo y escapó hacia el auto. Tenía que ir a su casa. Tenía que contarle al mundo todo lo que había sucedido esa jornada. No podía hacerse más el boludo.

Un par de horas más tarde, varias redacciones de Buenos Aires habían recibido en un mail, el comunicado de un misterioso grupo armado de extracción  peronista reivindicando el asesinato de Marcos Zucker, Comandante de la Columna Oeste del Ejercito del Pueblo, en venganza por el asesinato de distintos dirigentes peronistas de la Capital Federal y que prometía esta vez…hacer “tronar el escarmiento”. Mientras en un monoblock de Villa Celina, un joven poeta que hasta ahora había intentado ser neutral en medio de la guerra, se encontraba siendo arrastrado, sin poder hacer nada, por el barro de la historia.

COPIA DEL COMUNICADO

6 de julio de 2030

Al Pueblo Argentino:

Vecinos de distintos barrios del oeste de la Ciudad de Buenos Aires hemos decidido actuar frente al avance de la violencia en nuestra ciudad y declarar al oeste de Buenos Aires zona libre de terrorismo y droga.

Este grupo autoconvocado esta compuesto de ciudadanos comunes que pese a la grave crisis económica que atraviesa nuestro país sigue saliendo a trabajar todos los días, apostando a la paz y amando cada vez más a la Patria y a su bandera celeste y blanca.

Por esta razón hemos decidido no quedarnos de brazos cruzados frente al ataque de un grupo de delincuentes que a través de ideas extranjeras y drogas intenta lavarle la cabeza a nuestros jóvenes para unirlos a su ejército terrorista y así poder robarle al resto del pueblo las pocas cosas que conserva.

Frente a esto, desde hace un tiempo nos hemos venido reuniendo en distintos barrios para poder resistir de manera  pacífica y cristiana a la avanzada de estos criminales.

Pero luego de ver como muchos de nuestros referentes barriales que apuestan a la democracia para mejorar la vida de la gente, han caído asesinados, hemos decidido tomar las armas y hacer tronar el escarmiento como bien dijo el General Perón el 1ero de Mayo de 1974 cuando expulsó de la Plaza de Mayo a una escoria terrorista similar a la que en este momento tiene sitiada la Ciudad de Buenos Aires.

Gracias a nuestras patrullas de vigilancia vecinal hemos conseguido capturar a quien distintos testigos reconocieron como el responsable del asesinato del distinguido vecino, legislador porteño y presidente de la Unión de Clubes del Oeste, Roberto Mazzarullo, cobardemente masacrado por ser argentino, peronista y leal a la democracia.

Este asesino, llamado Matías Zucker alias “Esteban”, era el jefe de uno de los comandos del autoproclamado “Ejercito del Pueblo”, que además de asesinar al legislador Mazzarullo cometió distintos atentados mortales en toda la ciudad y que fue capturado por miembros de este grupo de vecinos mientras realizaba tareas de inteligencia en nuestro barrio. Por esta razón y pese a nuestras profundas convicciones religiosas y democráticas debimos tomar medidas drásticas. El estado de guerra que se vive en nuestro territorio y la severidad de los crímenes cometidos por Zucker nos llevó a tener que castigarlo con la pena capital. Esperamos que su final sirva de ejemplo al resto de los integrantes de su banda y se entreguen frente a la justicia antes de que sea demasiado tarde.

Preparados para la paz.

Listos para la guerra.

Autodefensas Antiterroristas Argentinas.

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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