Spinners: estrés infantil y negocio capitalista

#LBF se adentra en un fenónemo de masas: el furor de los “spinners”. ¿Qué se oculta tras este éxito mundial?

Spinners

Spinners

Por Martín Ulloa

Hace poco menos de 2 meses llegaron a la Argentina los “fidget spinner”, o “spinner” a secas. ¿Qué son? Un juguete cuya versión más común posee tres puntas con un centro giratorio cada una. A su vez rota sobre un eje que se sostiene con la mano. Lo que hacen es girar. Es sensación entre los nenes, y por su masividad no han tardado en colocarse como noticia en los medios.

Ahora bien, este cronista tiene el gusto de trabajar con chicos que cursan la escuela primaria, y se le ocurrió realizarle a sus casi 200 alumnos una simple pregunta: “¿Por qué te parece que tienen tanto éxito?”. La respuesta mayoritaria fue: “Porque sirve para sacarte el estrés”. La repregunta: “¿Ustedes se sienten estresados?”. La respuesta: “Sí”.

Suficiente para ponerse a pensar, ensayar una crítica.

El juguete rabioso

Este juguete es inventado en 1997 por la estadounidense Catherine Hettinger. Su propósito: ayudar a chicos con autismo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Hettinger no logra conseguir 400 dólares para continuar con el pago de la patente, dos décadas más tarde se relanza y el producto conquista el mundo.

Más datos: lo promocionan los youtubers más populares, lo promociona Macri, en EEUU ya se han vendido más de 20 millones, se multiplican en el mundo las confiscaciones de cargamentos por su “peligrosidad”: toxicidad, riesgo de asfixia, e “ilegalidad” (en Barcelona La Guardia Civil incauta 20 mil unidades, en un aeropuerto de Frankfurt se secuestran 35 toneladas del juguete, en Argentina 43 mil piezas). Peligroso o no, cabe la posibilidad de que las confiscaciones respondan también a una guerra de capitales en el seno la industria mundial del juguete, siendo China el principal productor y exportador de la mercancía.

El origen de la tragedia

Pero lo interesante del fenómeno no es ni el juguete en sí, ni la cobertura amarillista-oportunista de la prensa, ni si hay que prohibirlo o no en las aulas (lo más lejos que ha llegado la crítica), ni su prontuario mundial de confiscaciones, sino la “necesidad” vital que vendría a satisfacer como mercancía.

Más allá del grueso calibre de la propaganda que tiene, miles de juguetes de diferente estilo se producen al año y no tienen este éxito de ventas. Si triunfa uno que se proclama “antiestrés”, si fue creado con dicho propósito, si 200 chicos le atribuyen dicha cualidad por más precaria que sea su comprensión de los conceptos “estrés”, “ansiedad”, debe existir, en efecto, una necesidad real. Los especialistas aseguran que el estrés infantil es un fenómeno en ascenso y está subdiagnosticado, es decir se diagnostica menos de lo que se da. “Cuando el cerebro evalúa que una situación es peligrosa, activa un mecanismo adaptativo para defenderse y esto produce un cambio significativo en todo el organismo que denominamos estrés, es decir, es una alteración orgánica. Los síntomas más comunes son los trastornos psicoafectivos como la ansiedad o la depresión, trastornos en la conducta alimentaria, cansancio y dolor de cabeza crónico, desmayos periódicos, colon irritable e intolerancia al ejercicio físico”. (Télam 04/2016)

Si damos este razonamiento por bueno, el crecimiento del estrés infantil, emerge la pregunta por su origen.

La crisis económica mundial, que ha pegado un salto en 2007 con la quiebra de Lehman Brothers, en un sentido más amplio el colapso del capitalismo y sus crisis de sobreproducción, sus consecuentes crisis políticas, guerras comerciales y profundización de guerras imperialistas, son el cuadro general en el que se desenvuelve la vida actual, durante la niñez y la adolescencia. Un cuadro de violencia social, incertidumbre económica, hiper-estimulación informativa vía las redes sociales, sumarle la tendencia a la represión del sistema educativo vigente, este combo explosivo, es el caldo de cultivo del desarrollo de fenómenos como el estrés infantil. Este escenario posibilita el éxito de producción y colocación de una mercancía que vendría a combatirlo, siendo los niños también sujetos de consumo. Abundante es la preocupación por el fenómeno en los medios de comunicación e incluso a nivel gubernamental, pero en un sentido meramente clínico. Pero es necesario relacionar la patología con el ámbito social en la que se desarrolla.

Dicho de otra forma, se destaca entre el arsenal de mercancías que produce actualmente el capitalismo, una que serviría para aplacar la ansiedad que el mismo capitalismo como modo de producción, como forma de vida humana, genera: negocio redondo. Si bien cualquier producto lúdico puede llegar a cumplir una función apaciguadora, la especificidad del spinner es que. explícitamente, es promocionado como un juguete anti-estrés, y cosecha un éxito cada vez mayor en dicha tentativa.

Y en este punto quizá, oscuramente, coinciden en algo el juguete en sí (el spinner) y la relación entre mercancías y necesidades bajo el sistema capitalista: en un tenaz afán de circularidad.

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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