Siete días de campaña con Gabriel Solano: periodismo y política

 

Crónica Gabriel Solano-LaBrokenFace

Crónica Gabriel Solano-LaBrokenFace

 

Nuevamente, ante la encrucijada electoral, LBF tensiona al máximo la relación entre periodismo y política con la crónica de un militante sobre sus dos últimas semanas de campaña en la ciudad de Buenos Aires.

Por Martín Ulloa

LA MISIÓN

El comité de campaña nos encargó a Greysy, María Belén, “Tavo” (Gustavo, panameño) y a quien escribe, la tarea de reforzar durante siete días, hasta los comicios del 25 de octubre, todas las actividades de agitación callejera que contaran con la presencia de nuestro candidato a diputado nacional Gabriel Solano, del Partido Obrero en el Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

El día anterior, 14 de octubre, había hablado con Agustina, la encargada de organizar la agenda de Gabriel, para encontrar un hueco y hacerle una breve entrevista. Ahora, por una extraña casualidad, con una disponibilidad infinitamente más amplia en relación a mi “objeto periodístico” (nuestro candidato) me propuse experimentar al extremo la idea tan polémica de “periodismo militante”. Militar, vivir lo político, y a la vez hacer periodismo, es decir, sepultar la falsa excepcionalidad que hoy entrecruza periodismo y política, y honrar una tradición que se remonta a Mariano Moreno, Sarmiento, Alberdi, y porque no, al mismo Marx. Pues, ¿Qué es la obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte sino el mejor análisis de la realidad social, en un momento determinado de la historia, elaborado increíblemente al calor de los hechos, jamás escrito?

Así, durante una dura semana, fuimos conocidos como “la mesa móvil de Solano”, y hasta el jueves 22 de octubre, tuve a mano un anotador y un grabador. Dispuesto a recabar información, apuntar detalles, hacer preguntas, reflexionar. Pero la experiencia fue otra, y esta es la breve crónica de una imposibilidad.

LA CAMPAÑA

A partir del miércoles 14 de octubre, para nosotros cuatro el tiempo cambió su métrica habitual, y con un frenesí brutal, las actividades empezaron a imponerse, frescas, urgentes.

La primer mesa (con “mesa” nos referimos efectivamente a una mesa, generalmente de madera, donde repartimos materiales de agitación como plataformas, volantes con consignas, boletas; colocación de sombrilla, banners, banderas, afiches, afichetas, periódico partidario, stickers; conquista del voto hombre a hombre, mujer a mujer, mediante la discusión y argumentación política cara a cara, acaso punto fuerte, puede decirse, de la militancia de izquierda, pues la descomunal desventaja económica respecto al resto de los candidatos, se suple con organización, formación política, fuerza de voluntad y digámoslo ya, con la potencia de un gustoso sacrificio fundado en convicciones, anhelos que no se pueden quebrar) la pusimos en Corrientes y Uruguay, exactamente tras la solicitada estatua misógina de Olmedo y Portales. Resulta que durante el último tramo de campaña electoral, el espacio público se transforma en un disputado coto de caza, donde a veces el más fuerte, otras el más astuto, logra imponerse, Una dinámica violenta que a muchos espanta, pero que aún así, como en toda actividad donde rige la vitalidad, el esfuerzo físico, la destreza táctica, se auto-erigen códigos que casi todo militante, cualquiera sea su bandera, respeta sin necesidad de coerción alguna. Ahí nos medimos contra varias mesas del colorido Cambiemos, superándolas ampliamente, incluso desbordados en una proporción de 4 a 1. A esa primera mesa Gabriel Solano no pudo llegar.

Olmedo y Portales

Olmedo y Portales

La segunda mesa, ese mismo día, fue en Diagonal Norte y Florida, donde ya estaban otros compañeros que nos recibieron como agua fresca. Junto a Tavo cruzamos una “guirnalda” (una tira de cinta scotch con nuestras boletas y plataformas adheridas) en todo lo ancho de la vereda, de semáforo a poste de luz, casi 20 metros, un sutil piquete a la vista, pero muy potente. La apropiación política del espacio público no se rige por la sucesión de focos aislados de atención, sino por abarcar distancias, soldar circunferencias, completar circuitos, desplegar rectas, cerrar círculos: la visión del peatón, frente a la costumbre de la atomizada publicidad comercial, no está entrenada ni visual ni emocionalmente a la aspiración de forjar una comunión, un sentido colectivo, a la que suele inclinarse la disputa política. A esa mesa, sobre el final, a eso de las cinco de la tarde, llegó nuestro legislador porteño Marcelo Ramal y Gabriel Solano. Ahí fue que experimenté los primeros síntomas de una imposibilidad, y por un poco de falta de estudio previo, otro por vergüenza, no pude hacerle ninguna pregunta, pero sí le notifiqué  la idea de hacer una crónica y una entrevista periodístico-militante-fragmentada por días, y después me dejé derrotar por el cholulismo de una foto.

El segundo día, jueves 15, leí un poco y redacté una pregunta. Volví a meter en el bolso el grabador y la libreta, aún vírgenes. La primera mesa fue en la hostil coordenada Santa Fe y Callao, día en que persistía un enorme corte de luz en Recoleta. Ahí el dueño de un comercio nos disparó la curiosa frase, síntesis de una despolitización patente: “¿Les parece estar ahí haciendo política cuando la gente está irritada porque no tiene luz?”. La segunda mesa del día se trasladó a pocas cuadras de la legislatura porteña, sobre la calle Perú, donde Solano apoyó el ya casi olvidado abrazo al INDEC, convocado por los trabajadores de ATE, donde hace años reclaman el cese de la intervención por parte del gobierno nacional a dicha institución, que rige desde 2007. Ahí también lo tuve cerca a Solano, pero tampoco me animé a preguntarle nada. El periodista fracasaba una vez más, al creer que eran políticamente más útiles las entrevistas a otros medios. Nos cruzamos un segundo y preguntó: “¿Se lleva boletas la gente?”. “Sí, una señora se llevó como diez”, respondí con la verdad. “¿Tan pocas?..”, dijo, se rió, y corrió a una reunión en la legislatura. La tercera mesa fue un frustrado intento por un emplazarnos a metros de la famosa y rosada dirección “Balcarce 50”. Ahí la Policía Federal, con amabilidad, nos indicó, falsamente, que durante las elecciones, esa era “zona vedada”, y nos mandaron tras las rejas que desde el 2001 trazan una sugerente distancia entre el pueblo y la casa de gobierno.

El tercer día, viernes 16, lo crucé a Gabriel en una escalera de la central del Partido, sobre la calle Bartolomé Mitre, Congreso, lugar donde todos los días de la campaña, antes de la mesas, fuimos a buscar los materiales para las actividades. “Hoy no te salvás, te voy a hacer una pregunta al menos” le dije y le apunté con el grabador. “Dale, dale”.

Ese día montamos una actividad en el Instituto de Vivienda de la Ciudad, donde Solano, como escribí en una breve crónica que no fue la crónica mentada, realizó una exposición didáctica acerca de seis leyes sistemáticamente incumplidas por el gobierno de Macri, en cuanto al problema de la vivienda, con todas las metas, planes y plazos vencidos en relación a urbanización de villas y asentamientos y mejoras en la estructura edilicias, actividad a la cual asistieron más de cien vecinos movilizados desde los barrios de la ciudad que hoy se encuentran en emergencia habitacional: Soldati, Lugano, la Villa 20, Bajo Flores, Villa 21-24, la Villa 31, de la Traza de la ex AU3. Varios canales de televisión cubrieron la noticia, por lo que no pude cumplir la promesa de preguntar. Ese mediodía, por primera vez, almorzamos en la central del Partido y después fuimos a reforzar una mesa de agitación en la estación ferroviaria de Once.

Gabriel Solano en el IVC

Gabriel Solano en el IVC

El fin de semana pasó, entre otras actividades militantes en el barrio de Caballito, signado por la resignación y la reflexión acerca de la ya casi insalvable, imposibilidad periodística. El lunes 19 no fui a la mesa móvil por una intoxicación, e irónicamente, mis compañeros me contaron más tarde que Solano había estado casi una hora entera con ellos, en la mesa.

Al otro día, martes 20 de octubre, fuimos convocados a las ocho de la mañana a la Casa de la Provincia de Chaco, sobre avenida Corrientes, para reforzar un acto de repudio por el asesinato del militante popular Ángel Verón en manos de la policía de Capitanich, por reclamar la concreción de las soluciones de vivienda prometidas por el gobierno provincial. Hecho al que el posible futuro gobernador de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández (también uno de los responsables políticos de los asesinatos de Kosteki, Santillán y Mariano Ferreyra) que la muerte de Verón se debió a una herida previa en el abdomen, que nada habría tenido que ver con la “discusión” con la policía chaqueña. Esa fría mañana, Gabriel Solano declaró a los medios: “El asesinato de Verón  es un crimen político cuya responsabilidad recae en el gobierno de Capitanich y la policía provincial. Fue una represión aleccionadora porque Verón fue golpeado salvajemente cuando ya estaba en su domicilio, con el único propósito de evitar nuevas manifestaciones en reclamo de vivienda”.

Acto en repudio al asesinato de Ángel Verón

Acto en repudio al asesinato de Ángel Verón

La siguiente mesa, a las diez de la mañana, la ubicamos en Junín y Córdoba, al lado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en el marco del 5° Festival por el aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra, a realizar a las 16hs, sobre las calles Uriburu y Paraguay, frente a la negativa del gobierno de la ciudad para el festival se realizase en Plaza Houssay (donde sí recuerdo, allá por el 2011, a Boudou tocando la guitarra en un escenario junto a la banda La Mancha de Rolando). Tocaron, entre otras bandas, Miserere, Nonpalidece y Las Manos de Filippi, como siempre, y cabe destacarlo, a diferencia de artistas adherentes a otras fuerzas políticas, sin cobrar un peso. Ese día Solano fue inaccesible.

El miércoles 21 de octubre pusimos una mesa durante siete horas en Diagonal Norte y Florida, a metros de un reclamo de cinco de las doce cooperativas de cartoneros que trabajan legalmente con la Ciudad de Buenos Aires, por una mejora en sus condiciones laborales. Durante siete horas, bajo un sol abrazador, aspiramos, literalmente, el humo de la protesta, mientras desarrollamos nuestra campaña.

Ya resignado, el último día sostuvimos una mesa en Callao y Corrientes, en el marco del cierre de campaña del FIT. Escuché, a eso de las 20hs, el discurso de nuestro candidato a diputado por la ciudad de Buenos Aires mientras sostenía junto a otro compañero una bandera gigante del Partido Obrero Capital, más bien una imposible tacuara que un viento inédito y cruel torcía al borde de la ruptura.

LO IMPOSIBLE

El fracaso de la crónica deseada, la declinación de la pregunta imposible, la fallida conjunción extrema de militancia y periodismo alumbró otras impresiones.

Frente a la pulcritud de la militancia 2.0, en la calle sigue primando el músculo, el peso de las bolsas con panfletos, la tinta negra sobre los dedos, los kilómetros de cinta scotch y ese ruido tan particular y estridente al desplegarse, incómodo; el papel, el material: los afiches que visten las calles, las consignas simplificadas que esconden ideas profundas y luchan por necesidades reales; las miles de operaciones diarias, complejas, que determinan una acción política, la decisión de los planeadores y la posterior ejecución, las llamadas, los mensajes de texto que se coaligan en pos de una solución frente a lo imprevisto, el tiempo trastocado, urgente, focalizado, el diálogo seco frente a la demanda de eficacia operativa; todo el trabajo humano, mental, físico, la polémica, la discusión ganada, fuerzas acumuladas, direccionadas hacia objetivos cuya meta se simboliza en una cifra, un porcentaje, que una vez solidificado es la manifestación viva de una potencia, de un poder; interpelar personas, forzar un diálogo vehemente, pasional, frente al manto de silencio social y la apatía, entablar fugaces amistades, ganar un enemigo breve, comprensión y conflicto: una dialéctica que naufraga muchas veces en la nada, otras en la semilla una futura praxis, o una nueva opinión; luchar por un voto, pero por mucho más; la política revolucionaria sabe que muchas veces juega el juego de otros, y en esa voluntad por persistir está la clave de su peligrosidad, en el buen sentido; la camaradería, las palmadas, el cuerpo acusando dolores, el silencio cómplice frente al agotamiento psíquico de horas de esfuerzo, incertidumbre, de no-saber-si-vale-la-pena-pero-igual-lo-hago.

Que Handley y el Citi Bank vayan a laburar

Que Handley y el Citi Bank vayan a laburar

Siete días (que en un principio quisieron oficiar de escenario vivo de una crónica que no fue pero acá está, imperfecta, incompleta) con un objetivo concreto: la consagración de uno o más diputados del Frente de Izquierda en la Ciudad de Buenos Aires, para ampliar un bloque nacional en ascenso. Una voz desde el seno del Estado, un claro mensaje a los candidatos que con tenues grises tienden, creemos, a un futuro negro; a un ajuste contra las condiciones de vida de los mismos de siempre, los siempre oprimidos, en pos de la bonanza y seguridad de los que, de llenos, no quieren perder nada. La invisibilización en los medios, ya insostenible, es evidencia de que por nosotros y por lo que representamos es que les aprieta el zapato. Y la esperanza se palpa en la calle, el voto de confianza frente a la desilusión, la decadencia de un régimen inviable: ¿Qué utopía más grande que el 50% de los trabajadores cobrando un salario promedio de $6500, que un 30% de trabajo precarizado? ¿Qué realidad más factible que los bancos, el gran capital, las megamineras, las petroleras, el negocio del juego, cediendo su riqueza a la amplia mayoría que realmente la genera? Difícilmente, sin independencia de clase, es decir con una obscena complicidad y mutuo beneficio, los Scioli, Macri, Massa y Stolbizer (que comparte boleta con el macrismo en nueve provincias bajo la excusa de una cruzada para mejorar porcentajes electorales en la lucha contra el “feudalismo”), puedan ser una oposición real a los intereses de sus propios socios capitalistas, porque en última instancia, por lógica, el socio es uno mismo. Exceptuar, en la ciudad, a Luis Zamora, que es un honestísimo divisor del voto de izquierda, en pos de un planteo político con un más que dudoso impacto real en el marco de las actuales luchas.

Sin una palabra en el anotador, sin audio alguno en la grabadora, con esta victoria de la política sobre el periodismo, o con la experimentación del periodismo como otro lenguaje de la política, raro dialecto con la siempre quijotesca ilusión de emanciparse, escribo la pregunta que durante siete días no se animó a ser sonido: “Compañero Solano, circula la idea de que para mejorar electoralmente, la izquierda, si quiere tener real vocación de poder en la Argentina, tiene que aggionarse, “ablandar su discurso”, ¿Usted cree que esto es así?”

Quizá la respuesta surja del desarrollo de la nueva etapa política que se abre tras este domingo 25 de octubre.

LaBrokenFace

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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