SERBIA: LA POLÍTICA DE POSGUERRA

#LBF presenta una nueva entrega de su “saga balcánica” (Macedonia, Kosovo). Nuestro colaborador analiza, in situ, la situación política serbia. la compleja dinámica entre los partidos que la componen y las perspectivas de poder durante el 2017, crucial año electoral.

Serbia

Serbia: la política de posguerra

Por I.E.H. Ilustraciones: Martín Ulloa

Aquel frío día de mediados de enero había en la estación de trenes de Belgrado cientos de personas: periodistas, fotógrafos, camarógrafos, políticos, curiosos. Por primera vez en 18 años un tren iba a conectar la capital serbia con Mitrovica, la ciudad con mayor población étnicamente serbia en Kosovo. Desde la guerra que no se veía algo así. Todos miraban embelesados la formación ferroviaria de apenas dos coches pintados con los colores de la bandera y ploteados con la frase “Kosovo es Serbia” en 21 idiomas. Era una provocación sin lugar a dudas, y los albanokosovares no tardaron en responder enviando fuerzas al norte para impedir que el tren cruzara la frontera. Finalmente fue el gobierno serbio el que lo detuvo alegando una intención de evitar cualquier tipo de conflicto. El Primer Ministro Aleksandar Vučić dijo entonces que no entendía por qué tanto revuelo si “enviamos un tren, no un tanque de guerra”. Claro, olvidó mencionar la inocultable e innecesaria frase que tapizaba el convoy. El tren no llegó a Mitrovica y el servicio fue suspendido. Pero Vučić obtuvo la atención que quería de cara a las elecciones presidenciales para las que acaba de ser nombrado candidato oficialista.

 Aunque no hay fecha confirmada, probablemente a principios de abril la República de Serbia celebrará elecciones presidenciales. En un sistema parlamentario el Jefe de Estado no carga con demasiadas responsabilidades políticas pero sí puede llegar a tener poder e influencia más allá de la posición formal, especialmente en las relaciones exteriores. Conocido como “el cavador de tumbas”, el ex gerente de cementerios Tomislav Nikolić es Presidente desde 2012. Esas fueron las primeras elecciones que ganó el Partido Progresista Serbio (SNS), que tiene de progresista lo mismo que una boleta de Filmus tiene de Victoria. Es en realidad un partido relativamente nuevo, fundado en 2008, conservador, de centro derecha y sumamente nacionalista, que mira con buenos ojos a la Unión Europea y busca acercársele. Desde 2014 tiene a su cargo la presidencia y el gobierno del país.

Para comprender qué sucede en Serbia tal vez sea conveniente retroceder hasta los últimos comicios. El 24 de abril de 2016 hubo elecciones parlamentarias anticipadas: la fecha original era 2018. Pero el Primer Ministro Aleksandar Vučić (“Vuchich”. Las dos C son diferentes pero no hay sonido en castellano para describir la diferencia), que asumió en 2014 y tenía mandato hasta 2018, dijo que requería más tiempo para lograr la estabilidad suficiente como para acercarse a la Unión Europea. El presidente Nikolić, amigo personal de Vučić, disolvió el parlamento y convocó a elecciones anticipadas. Como explica el Washington Post acá, los países pueden disolver sus parlamentos en caso de crisis política, falta de apoyo, si el gobierno considera que cumplió con su plataforma o, como lo llama el WP, para renegociar el contrato social (nada que ver con Rousseau. O sí). En Serbia no hay crisis política, económica o social (como sí la hay en Macedonia), de hecho es un país relativamente estable ¿Entonces por qué Vučić hizo disolver el parlamento? Básicamente porque quiso y porque puede. Sabía que tenía apoyo suficiente y simplemente convocó a nuevas elecciones y las ganó: ahora su mandato duraría hasta 2020, en lugar de 4 años tendría 6. El SNS consiguió el 48.25%, mientras que el segundo sacó 10.95%. Enorme diferencia, pese a que muchos apostaban a que Vučić superaría el 50% tranquilamente. Para abril próximo, el SNS decidió apoyar unánimemente la candidatura del Primer Ministro y ya comienza a hablarse de nuevas elecciones parlamentarias anticipadas. Mientras tanto, hay quienes dicen que Nikolić será candidato independiente, dando por terminada una relación de más de ocho años entre los dos hombres más poderosos del país.

En esta nota de The Guardian describen a Vučić como un hombre que aspira a la Unión Europea, que es pro occidente pese a que el nacionalismo serbio tradicionalmente mira a Rusia. Del otro lado aparece como principal opositor el Partido Radical Serbio (SRS) liderado por Vojislav Šešelj (“Shéshel”), un nacionalista de extrema derecha al que Slobodan Milošević se refirió alguna vez como “la personificación de la violencia y el primitivismo”. Algo así como que Hitler tildara a alguien de racista. En 2003 Šešelj se presentó ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por crímenes de lesa humanidad durante las guerras yugoslavas, y el juicio fue demasiado largo. En el medio hizo una huelga de hambre, el proceso se suspendió en 2009 porque, según el fiscal, los testigos habían sido amenazados; fue condenado a 15 meses de prisión por desobedecer una orden del tribunal, volvió a Belgrado para tratarse por cáncer, hubo varios intentos de continuar el juicio durante 2010 y finalmente en 2014 fue liberado en forma provisoria al considerarse el avance de su enfermedad. Probablemente la CIJ esperaba que se muriera rápido y listo. Pero no, Šešelj no se murió. Volvió a la vida política, se presentó como candidato para las elecciones de abril del año pasado. El 31 de marzo la CIJ lo absolvió de todos los cargos en una decisión al menos curiosa.

El discurso de Šešelj no es muy distinto al de Donald Trump: contradictorio y racista. De hecho en agosto de 2016 el por entonces vicepresidente estadounidense Joe Biden visitó Belgrado y el Partido Radical Serbio aprovechó la oportunidad. En una protesta frente al Parlamento Nacional vistieron remeras con la cara del magnate y llamaron a votar por él mientras insultaban a la candidata Hillary Clinton. Pero las ideas de Šešelj no llegan más lejos que eso. Es de los que repiten “Kosovo je Srbija” una y otra vez porque no tienen mucho más para decir, de los que le echan siempre la culpa de todo a los albaneses o a los bosnios o a los croatas o a la OTAN; de los que, claro, se oponen a la UE y miran a Rusia con admiración pero tienen poca memoria para recordar que Rusia jamás le dio una mano a Serbia, ni en asuntos bélicos ni en asuntos económicos. En las últimas elecciones éste hombre y su SRS sacaron el 8.6%, salieron terceros y metieron 22 asientos en el parlamento, constituyéndose como la principal oposición. Y es candidato presidencial para las elecciones de abril.

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Serbia: la política de posguerra

Sí, claro que comparado con Šešelj, Vučić es muy pro occidente y pro UE, pero eso no significa que sea el mejor amigo de Angela Merkel. De hecho, originalmente los dos vienen del mismo lugar: los miembros de lo que hoy es el SNS formaban parte del SRS hasta 2008. Fue entonces que Nikolić y Šešelj se pelearon y este último terminó acusando al actual presidente de traidor y de “marioneta de occidente”. Nikolić fundó el SNS ese año acompañado por otros ex miembros del SRS, como Vučić, entonces Secretario General del Partido Radical Serbio. La principal diferencia con Šešelj no es ni el nacionalismo ni el racismo, sino la UE: Šešelj la detesta, Nikolić y Vučić quieren acercarse.

Pero además del SNS en el poder y el SRS como principal opositor hay un tercer partido en el medio. El Partido Socialista de Serbia (SPS) gobernó la República Federal Socialista de Yugoslavia y su sucesora, la República Federal de Yugoslavia, desde 1990 hasta 2001, aunque las elecciones las perdió en el 2000, justo después de la guerra de Kosovo. Es el partido que atravesó en el poder todos los conflictos de los 90, el partido que Slobodan Milošević fundó en 1990 y presidió hasta su muerte en 2006. Ese año asumió el liderazgo Ivica Dačić, fallidísimo candidato a presidente en 2004 que consiguió apenas 3.6% de los votos. Después de perder por paliza las elecciones parlamentarias de 2008 (terminó cuarto, con el 7.5%), el SPS se unió a la coalición gobernante, una cosa llamada “Para una Serbia europea“, que claramente era pro UE y estaba liderada por el Partido Demócrata (DS). Dačić pasó a ocupar el cargo de Vicepresidente (o Diputado del Primer Ministro, para no confundir con nuestro estilo de vicepresidente) y de Ministro de Asuntos Internos. El SPS se presentó en las elecciones parlamentarias del 2012 con Dačić como líder y terminó tercero, con 14.5%. Esas elecciones fueron las primeras que ganó el SNS de Nikolić, que era entonces candidato a Presidente. Dačić no dudó un segundo, dejó de lado a los “demócratas” que habían salido segundos y se fue con los “progresistas”. Nikolić asumió como Presidente y le ofreció el cargo de Primer Ministro al que había terminado tercero en las elecciones y ahora lo acompañaba: Dačić. Para muchos fue curioso ver en el poder nuevamente al partido de Milošević, pero Dačić salió decidido a demostrar que el SPS había evolucionado, aunque jamás dejó de defender a su difunto líder. Mientras tanto, Vučić pasó a ser Vicepresidente.

Las siguientes elecciones debían ser cuatro años más tarde, en 2016, pero se adelantaron a 2014. El lector se preguntará por qué se adelantaron las elecciones, y la verdad es que no existió ninguna razón realmente válida. Había cierta tensión entre el SNS y el SPS, los dos partidos principales de la coalición gobernante, pero nada demasiado grave; a Vučić se le ocurrió que el SNS tenía una buena imagen positiva en ese momento y podía aprovecharla para que el partido ganara poder. Dačić dio el OK probablemente creyendo que su puesto como Primer Ministro ayudaría al SPS. El presidente Nikolić disolvió el parlamento (si el lector creía que lo de 2016 era ridículo, bueno, ya había pasado dos años antes) y llamó a elecciones. Y el chiste le salió genial al SNS: pasó del 24% de los votos en 2012 a más del 48% en 2014. El partido de Dačić pasaba del tercer puesto al segundo y apenas si bajaba un punto porcentual. Pero el cambio más importante fue el del Partido Demócrata, que había gobernado desde 2008 a 2012, que en 2012 había salido segundo con el 22%, a menos de 2 puntos del SNS: ahora quedaba tercero con apenas el 6%. O sea, entre el SNS y el SPS hicieron mierda al único partido opositor que existía hasta entonces. Vučić se convirtió en Primer Ministro, el SPS siguió en la coalición gobernante y Dačić asumió como Ministro de Relaciones Exteriores.

El SPS terminó una vez más segundo en las últimas elecciones (con 10.95%) y no tardó en reafirmar su posición de aliado del SNS y consolidarse como parte de la coalición gobernante.

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Serbia: la política de posguerra

Con toda esta historia queda claro que el SPS es un partido bastante impredecible. Sigue siendo el partido de Slobodan Milošević, con todo el robo, violencia, corrupción, crímenes de guerra, asesinatos, genocidios, crimen organizado y el narcotráfico que eso implica, y hoy está a favor de alcanzar el acceso a la UE, pero quizás mañana no. En los últimos meses diversos medios han nombrado a Dačić como probable candidato presidencial, pero él no lo ha confirmado.

O sea, entre el SNS y el SPS hicieron mierda al único partido opositor que existía hasta entonces.

Como de un lado existe una mafia más cercana a occidente y del otro hay un criminal ultranacionalista, en el medio surgieron muchos partidos nuevos, como el liberal “Ya fue suficiente” (sí, ese es el nombre del partido), el Partido Verde (de la minoría eslovaca), “Serbia para Todos Nosotros” (izquierda liderada por un tal Stefanovic, al que llaman en este artículo “el Tsipras serbio”), el Movimiento Serbo-Ruso, algo llamado “Juventud con Postura” (en coalición con un grupo llamado “Diálogo”) o el Partido Republicano. De los ocho partidos que se presentaron por primera vez a elecciones el año pasado, sólo el de la minoría eslovaca logró un asiento en el parlamento.

Aún así, el SNS controla básicamente todo en Serbia: medios, Justicia, política. La UE se refirió en 2015 a la poca libertad de prensa que hay en este país y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) destacó en un informe publicado nueve días antes de las elecciones que “los medios están controlados por el gobierno y la prensa independiente no existe”. Todo es el gobierno. La compra de votos está a la orden del día: se suele pagar menos de 10 euros por un voto pero también hay casos en los que se paga con harina, arroz o un paquete de cigarrillos. Todos lo saben y a nadie le importa, quizás porque la economía ha mejorado notablemente en los últimos años, la tasa de desempleo ha caído del 25% en 2012 a menos del 14% en 2016 y las inversiones extranjeras, especialmente de países como Emiratos Árabes, han aumentado notablemente.

Como buena parte del oriente europeo, Serbia lleva años fluctuando entre el acercamiento a Rusia o a la Unión Europea. A diferencia de países como Polonia o República Checa, la ex república yugoslava tiene una relación cultural que la hermana con la tierra de Vladimir Putin. Es así que el SNS busca formar parte del bloque continental pero sin alejarse demasiado de su gigante aliado político. Pero Serbia no tiene chances de entrar a la UE sin antes normalizar relaciones con Kosovo y reconocer su independencia. Kosovo cuenta con la simpatía de occidente, de la UE (con EULEX) y de la OTAN (con KFOR), y repetir hasta el cansancio “Kosovo es Serbia” simplemente no funciona. Vučić sabe que admitir la independencia de Kosovo sería un golpazo para él y para su partido (como si Mauricio Macri dijera que las Malvinas son británicas) aunque también sabe que si no se acerca a Europa la economía de su país, seriamente afectada por las sanciones comerciales internacionales en los 90 y los bombardeos de la OTAN en 1999, se estancará. Entonces negocia algunos puntos con Kosovo y después vuelve a Serbia y dice que salió triunfante, que mañana Kosovo vuelve a ser 100% parte de Serbia.

En 2013 ambos países, representados por Hashim Thaci e Ivica Dačić, por entonces primeros ministros, firmaron los llamados Acuerdos de Bruselas con la idea de normalizar relaciones y con la UE intermediando. Desde entonces se ha avanzado muy poco y tan sólo en cosas menores, como la creación de un nuevo código telefónico propio de Kosovo. Parte del acuerdo incluía la formación de una asociación de municipios predominantemente serbios en Kosovo, que gozarían de una autonomía extraordinaria, similar a lo que sucede en Bosnia Herzegovina con la República Srpska. Hoy este proyecto está estancado por falta de apoyo tanto de serbios en Belgrado como de albaneses en Prístina.

A fines de enero se reunieron en Bruselas los presidentes y primeros ministros de Serbia y Kosovo como parte de las negociaciones auspiciadas por la UE. Buscaban disminuir las tensiones generadas por el tren a Mitrovica, pero no hubo mayores avances, ni siquiera declaraciones oficiales de los cuatro representantes. A esta altura parece que a ninguna de las partes le serviría llegar a un acuerdo que sería visto como una muestra de debilidad, especialmente de cara a las elecciones que se avecinan en Serbia.

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Leé también:

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Kosovo: el país que no puede ser

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De Castelar. Viajero, escritor, periodista y fotógrafo.
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