Ricardo Forster y la encrucijada de la izquierda kirchnerista

Ricardo Forster - La encrucijada del Kirchnerismo

Ricardo Forster – La encrucijada del Kirchnerismo

El filósofo conversó con LBF días antes de ser anunciado como nuevo secretario del Ministerio de Cultura de la Nación. Su pensamiento latinoamericano, el futuro de la izquierda dentro del kirchnerismo y cómo será el post Cristina Fernández de Kirchner.

Se acercan momentos de definiciones políticas de cara a las elecciones del 2015 y LaBrokenFace dialogó con Ricardo Forster, referente de los intelectuales K.

Forster, doctor en filosofía y catedrático de la UBA, fundó junto a otros intelectuales como Horacio González el espacio Carta Abierta desde donde buscan interpelar y dar sustento teórico al oficialismo.

Por Federico Millenaar. Ilustraciones: Groger Gutiérrez

 

Ricardo Forster y la encrucijada de la izquierda kirchnerista

A raíz de la muerte de Ernesto Laclau se habló mucho sobre la forma en que se construye poder en una democracia y se acusó al kirchnerismo promover la lógica amigo-enemigo. ¿Cuál es su opinión?

Hay que diferenciar lo que es un corpus teórico notable de lo que es su traslado mecánico al conflicto interior de la sociedad argentina. Laclau probablemente fue el intelectual latinoamericano más relevante de los últimos 30 años. Su teoría es compleja y reducirla a la tesis de amigo-enemigo como si fuera un “schmittiano” es una grosería inmensa, es parte de una lectura simplista que es una réplica del zócalo televisivo. Laclau descubrió con cierta fascinación que en América del Sur, sobre todo a partir de Hugo Chávez, se estaba dando algo diferente, a contrapelo de la hegemonía global del capitalismo financiero. A partir de ahí teorizó la problemática de la disputa contra-hegemónica, que el conflicto es consustancial a la dinámica de las sociedades democráticas y planteó que la política no era la resolución absoluta de los conflictos sino un modo inconcluso de ir procesando estos conflictos. La idea de que la sociedad está en disputa, de que hay núcleos social-económicos que responden a determinados intereses, y que un modo de avanzar en la ampliación de lo democrático, de lo popular, es hacer evidente esa estructura agonística de la sociedad es algo que está en Laclau y, en parte, en el kirchnerismo, sobre todo a partir del conflicto de la 125. El primer kirchnerismo no aparecía señalando la cuestión de la disputa o del antagonismo. Hay que hacer una diferenciación. El antagonismo surge en el momento en que se produce una aceleración de los tiempos políticos en la Argentina y se rompe cierto “acuerdo” que duró los tres primeros años del gobierno de Néstor. Se fractura cuando las estructuras de poder real dicen “hasta acá llegamos”. Eso se rompe con las 125, que es una decisión que el gobierno toma sin medir las consecuencias que iba a generar. No fue pensada como una decisión que iba a disparar el conflicto.

 Recuerdo que Néstor dijo: “Vamos a tener que agradecerle a la Mesa de Enlace lo que está haciendo por nosotros, porque aquí está naciendo una mística”

De hecho, trascendió que estaba mal diseñada y no se sabía que iban a ser tan altas. Después Néstor Kirchner decidió no dar marcha atrás y llevar adelante ese conflicto por cuestiones políticas…

Si. Es que la 125 es fundacional. Hay acontecimientos que quiebran una cierta lógica de estabilidad, ponen en evidencia lo no resuelto y proyectan núcleos identitarios que no estaban tan claros. La 125 es un parte aguas. Yo recuerdo que en la primera asamblea a la que concurrió Néstor, una semana antes del voto de Cobos, él dijo: “Vamos a tener que agradecerle a la Mesa de Enlace lo que está haciendo por nosotros, porque aquí está naciendo una mística”. Sabía que se venían tiempos en que la confrontación iba a ser más fuerte y que era importante generar una amalgama, la construcción de una cierta épica. Desde ese lugar, el kirchnerismo reintroduce en la sociedad una lógica de lo agonístico, de la confrontación, que yo no la plantearía en el sentido schmitiano de amigo-enemigo que tiene connotaciones bélicas.

 

 Lo que yo temo es que está retornando la mezcla de política y chimento

Desde la televisión se promueve una idea de que es posible una política sin conflicto. También lo hacen líderes políticos como Macri, Massa y Scioli.  Se escuchan frases como “tenemos que ponernos todos de acuerdo” o “hay que tirar para el mismo lado”. ¿Se generan así falsas expectativas en el ciudadano?

Intenta convertirse en sentido común. No es ingenuidad, el lenguaje mediático y la trama de sentido tienen que ver con una hegemonía, con generar formas de subjetividad que se acoplen al modelo de la globalización neoliberal. Sin cambiar los imaginarios dominantes dentro de una sociedad ni produciendo sentido común, el neoliberalismo no hubiera resistido. Lo vemos en Europa hoy, son una máquina de producir terror social, instalan que no se puede salir de la economía global de mercado. Hay que entender que el proceso de despolitización es parte de la ideología de época. Plantear una sociedad “del consenso”, de la “gestión”, de la “administración”, es poner en entredicho el lenguaje de la política, el cual evidencia que siempre hay algo no resuelto o conflictivo en el interior de la sociedad. Entonces, el retorno de la política, que en caso argentino tiene que ver con la irrupción del kirchnerismo, supone de nuevo que hay una tensión entre la política del consenso y la política del conflicto; que no se trata simplemente de gestión y administración. Tampoco se trata de una reducción del leguaje político al televisivo. La política de los `90 transcurrió en un set de televisión. El proceso de despolitización implicó la captura de lo político por el grotesco televisivo. Cuando uno piensa en Lanata, Tinelli, o en lo que sucede hoy en día, eso hay que ir a buscarlo a la década del `90, donde el político quedó reducido a una comparsa de una estética muy propia de la época. Uno de los grandes aciertos de Kirchner fue romper eso dejando de ir a programas y no haciendo conferencias de prensa, tratando de quebrar esa hegemonía brutal de los medios que reducen a la política a ser sirvienta de su lenguaje estetizado. Había que ir por todo, la crítica tenía que incluir al papel de los medios de comunicación, a la TV como amo y señor de la política. Lo que yo temo es que está retornando la mezcla de política y chimento; y hay una visión, para mi complicada, de ciertos políticos que dicen que hay que ir a esos programas. Es inimaginable que la televisión no ocupe un lugar importante pero tiene que haber una capacidad, que Néstor y Cristina lograron, de salirse de esa estetización que es propia de la televisión. Los discursos de Cristina vienen a desafiar el reduccionismo o el lenguaje zócalo, o ese juego entre frases hechas y modelo publicitario que domina la política en televisión. El kirchnerismo vino a patear el tablero de eso. Carta Abierta escribe cartas que son anacrónicas, largas, pero es una apuesta política. Si te tomás el trabajo de escribir tres páginas de un diario es porque estás apelando a otra lógica de interpelación entre política y sociedad.

 El kirchnerismo siempre ha sido una construcción variopinta y se trataba de subir al tren a todos aquellos que estuvieran dispuestos a aceptar que el maquinista era Néstor

El Gobierno se autoproclama progresista pero está integrado por muchos políticos con ideas conservadoras. ¿Esa es la principal contradicción interna del kirchnerismo?

El Frente para la Victoria y el armado que pensó Néstor tienen que ver con una alianza. Hubo un primer Kirchner que hablaba de conformar una lógica democrática en la Argentina donde haya una representación clara de centroizquierda y otra de centroderecha. Apuesta por la transversalidad y la simbología del peronismo está ausente. Pero el kirchnerismo siempre ha sido una construcción variopinta y se trataba de subir al tren a todos aquellos que estuvieran dispuestos a aceptar que el maquinista era Néstor. Uno de los rasgos del liderazgo de los Kirchner es que han incorporado intendentes, gobernadores, estructuras conservadoras del PJ pero lo han hecho bajo la idea de no renunciar a un proyecto nacional. Puede ser que uno vea dicotomías entre el proyecto a nivel nacional y su cristalización en algunas provincias, pero eso es algo que también tiene que ver con la correlación de fuerzas. Este gobierno ha hecho lo que no imaginábamos que se podía hacer en el interior de una sociedad desmadrada, fragmentada, desilusionada y muy dañada en su estructura social. Néstor llega a la presidencia bajo la lógica de lo fortuito, pero inmediatamente empieza a dar señales muy claras que interpelan. Sin dudas, es el gobierno de Cristina el que termina de perfilar la originalidad del kirchnerismo, pero ya tenía detrás suyo la política de Derechos Humanos, el rechazo al ALCA, el proceso de reindustrialización, ir hacia una reconstrucción de un neokeynesianismo de época o Estado de Bienestar. Para la época, en un momento de hegemonía absolutamente neoliberal, eso fue arriesgadísimo, casi revolucionario.

 El kirchnerismo vino a rescatar al peronismo de su propio prostíbulo

¿Pero verdaderamente existía una posibilidad de seguir con los modelos ortodoxos después del quiebre del sistema en 2001?

Si, es lo que está pasando en Europa. Cada día se refuerza más el proyecto neoliberal. Es más, el desafió al modelo neoliberal está viniendo de la ultraderecha, que vuelve a apelar a un populismo de derecha. Yo creo que en ese momento Reuteman ve que la dosis de violencia que se necesitaba iba a ser tan grande que no se atrevió a ser el brazo ejecutor. O incluso el Duhaldismo, su límite fue que el salto cualitativo para avanzar hacia una política de redistribución no se podía dar bajo la matriz ideológica que este aportaba. Los asesinatos de Kosteki y Santillán son expresión simbólica de ese límite. Por eso la llegada de Kirchner no hay que leerla desde el punto de vista de la inevitabilidad. Pensar que no se podía volver al neoliberalismo es el mismo error de quienes plantean que “si se pierde en 2015, igual volvemos en el 2019”. Hay que tener mucho cuidado porque el capitalismo ha demostrado es que tiene una capacidad enorme de reformulación y reconstrucción hegemónica.

 Siempre ha habido un peronismo de derecha y conservador que ha tenido un peso específico muy grande, y hoy aparece bajo la forma de Massa y de algunos sectores del FpV

Muchos funcionarios dicen que sobre algunas cuestiones “no hay marcha atrás”…

Yo no creo en la inevitabilidad en la historia. Obviamente que hay una diferencia entre el final del gobierno de Alfonsín y lo que podría llegar a ser una derrota del Frente para la Victoria. Del alfonsinismo no quedó nada, la sociedad estaba demolida y después de la hiperinflación quedó disponible para que se hiciera con ella cualquier cosa. Esta no es la situación actual, si el Gobierno se va en 2015 deja una estructura diferente. Hay un fortalecimiento de los sindicatos, de los movimientos sociales, existe una conciencia de los derechos que fueron ampliados. No es que si llega otro gobierno va a sacar la AUH o derogar el Matrimonio Igualitario. El contexto no es el mismo. Pero tienen tiempo para construir una política de endeudamiento, para generar un cambio en la disputa por la distribución del ingreso y después iran limitando los derechos que consideren que atentan contra el desarrollo económico, no es un proceso de meses. El menemismo ofreció cuatro años de fiesta carnavalesca y cuando la sociedad se dio cuenta lo que quedaba era un páramo. Eso es perfectamente realizable, lo que no significa que no haya resistencia y que la marca dejada afectivamente por el kirchnerismo no sea lo suficientemente intensa como para impedirlo. Esto puede ser así, pero es un riesgo muy grande pensar que los derechos y las conquistas no se erosionan. Esa es una visión voluntarista y peligrosa. Hoy vuelve a haber una disputa sobre la historia del peronismo, el kirchnerismo vino a rescatar al peronismo de su propio prostíbulo, de su metamorfosis neoliberal. Siempre ha habido un peronismo de derecha y conservador que ha tenido un peso específico muy grande. Hoy aparece bajo la forma de Massa, de algunos sectores del FpV que están mucho más cerca de esa visión conservadora, pro-establishment.

 

Ricardo Forster

Ricardo Forster

¿Es la herencia del verticalismo clásico del peronismo lo que impide que surja un candidato que tenga la capacidad de aglutinar tantos sectores como lo hizo hasta ahora el matrimonio Kirchner?

Yo creo que se están apresurando las definiciones, que hay una visión interesada en plantear la inexorabilidad de la candidatura de Scioli. Todo confluye en “Scioli candidato” pero yo creo que no es así. El kirchnerismo ha creado una base de sustentación que tranquilamente va desde el 25 al 30 por ciento del electorado, que se sienten interpelados. Hay una masa crítica interesante que hoy no se siente representada ni cree que Scioli sea quien mejor exprese el camino recorrido. Esa masa está esperando ser interpelada.

 Scioli no es kirchnerista

Si, de forma tal vez un poco esquemática, dividimos al kirchnerismo en dos y ponemos a Scioli como líder de la fracción más conservadora, ¿quién lidera el ala progresista? ¿Randazzo?

No, no. El liderazgo del kirchnerismo es Cristina. Y en verdad yo diría que Scioli no es kirchnerista. Scioli no lidera un ala del kirchnerismo, sino que expresa a esos sectores aliados dentro del FpV que se definen más en su identidad tradicional de PJ que acompañó como parte de una alianza. Pero no es kirchnerista, él no se define así. El kirchnerismo tiene marcas muy claras y por eso, según las encuestas, hay diferencia entre el voto del FpV y el voto a los candidatos. El voto al FpV está en 34 por ciento y el de Scioli, que por ahora es el mejor posicionado, en un 21 por ciento. Creo que es posible conformar una alternativa para las PASO, bajo una confluencia de los que representen de mejor manera la historia del kirchnerismo, por supuesto sin garantías de triunfo.

El candidato puede ser Agustín Rossi o puede ser Sergio Urribarri. Puede ser la confluencia de ambos más algún otro

Si Randazzo para usted tampoco es una opción, ¿quién entonces?

Puede ser Agustín Rossi, puede ser Sergio Urribarri. Puede ser la confluencia de ambos más algún otro. La gran tarea de estos meses es generar visibilidad, mostrar que hay otras alternativas y que no todo confluye inexorablemente en Scioli. Y que aquellos que están más cerca se sienten a negociar la construcción de un proyecto unitario, porque si van a las PASO divididos no tienen posibilidades.

 

Si Scioli gana las PASO y queda como candidato del kirchnerismo, ¿qué pasaría con vos a nivel personal, con Carta Abierta, con los sectores más progresistas?

Que buena pregunta… Es una pregunta que no quisiera responder hoy por la implicancia política que tiene en este momento. A mí me produciría una inquietud muy profunda porque yo no vengo del peronismo sino que me convocó la novedad que implicaba este proyecto político que reconstruía lo que yo imaginaba que no se podía reconstruir.

 

¿Cómo te definías antes de ser kirchnerista?

Me defino como una persona de izquierda. A la salida de la dictadura fui miembro fundador del Club de Cultura Socialista, junto a la generación más grande de Aricó, Portantiero, etc. Después me volqué más a un trabajo intelectual y cultural con Nicolás Casullo. Fuimos muy críticos del progresismo de los `90. No veíamos que se abriera una posibilidad de reconstruir la participación política. Yo era un crítico de la escena política. Por eso la crisis del 2001 y la llegada de Kirchner nos tocó y conmovió algunas de nuestras certidumbres respecto al agotamiento de una época. Nosotros teníamos una lectura muy pesimista de la época. Yo recuerdo una frase de Ricardo Piglia: “A mí me interesó la política mientras pudimos hacer la revolución”. Mi generación no pensaba la política como hoy la estamos discutiendo sino como transformación  del mundo. Pero lo que no ha cambiado es la indignación ante la injusticia del mundo, ante la desigualdad, ante un sistema que es espantoso. Que uno tenga que negociar con el capitalismo y que acepte que las condiciones de época siguen estando determinadas por el capitalismo no quiere decir que esté enamorado de un sistema que es algo horrendo desde todo punto de vista.

 

¿El kirchnerismo es apenas un reformismo?

Si, es un reformismo, que en las condiciones actuales tiene la forma de una gran provocación. Por eso despierta el rechazo, el odio y la construcción impiadosa de una máquina de destrucción, porque lo que quieren hacer es demolerlo y que no quede nada, que no pueda ser desafiante en otro contexto de la historia inmediata. Entonces la pregunta es, ¿por qué esa maquinaria puesta al servicio de la destrucción si el kirchnerismo no fue otra cosa más que una impostura o gobernó a favor de los de los grandes grupos? Esa sería la crítica de la izquierda o de cierto progresismo. Si fuera así sería absurda esa maquinaria puesta en funcionamiento con este poder de injuria y destrucción. Evidentemente el kirchnerismo vino a provocar algo, vino a molestar, a romper con el sistema de poder que siempre condicionaba a la vida democrática. Este es el gran desafío que ha venido a poner sobre la mesa, que se puede volver a ser reformista. Mirá lo que te estoy diciendo, porque para nosotros en los `70 el reformismo era una porquería, pero hoy el reformismo es una provocación al sistema, porque el sistema no acepta ni el reformismo.

 

Desde la izquierda critican que el establishment tal vez se molestó con el kirchnerismo por sus formas y sus discursos pero que en realidad no se afectó sus bases de poder…

Eso es absurdo, es pensar que Techint o Clarín en realidad le preocupan las formas. ¿Les molesta el exabrupto de un funcionario? Si ese fuera el caso todo esto es una película absurda. Si el kirchnerismo ha sido el mejor dispositivo para recrear la dominación en la Argentina y ha sido solo funcional a los grupos corporativos, éstos no van a ser tan imbéciles de molestarse con una forma que en realidad sería una actuación para confundir a la sociedad. Es una pendejada, diría un mexicano. Uno puede decir que el kirchnerismo tiene límites, que no ha disputado la lógica del capitalismo, y es así. El kirchnerismo no se ha planteado una política anti-capitalista. Pero decir que da lo mismo un sistema de financiarización de la economía que un proyecto de matriz keynesiana es una estupidez. Para millones de personas no da lo mismo. Ahí me parece que está el dogmatismo y la falta de crítica respecto a la crisis de la propia revolución y a la metamorfosis de la clase obrera. El kirchnerismo no responde a los ideales de la sociedad que quiero, a mí no me gusta una sociedad que privilegia el consumo. Pero reconozco que si querés avanzar en un proceso de sustitución de importaciones, reindustrializar el país, mejorar la distribución de la riqueza tenés que generar un mercado interno. ¿Es el ideal de sociedad que yo quiero? No. ¿Se pude realizar ese ideal? Qué se yo. En ese sentido estoy más ligado al aquí y ahora. El Manifiesto Comunista termina diciendo que la clase obrera sólo tiene para perder sus propias cadenas, pero ya no es cierto eso, hoy los que sólo tienen por perder su propias cadenas son los desarraigados del mundo, los pobres entre los pobres, pero no la clase obrera. La clase obrera hoy en Francia vota a Le Pen, está dentro del sistema y mira con prejuicio y odio al trabajador inmigrante. El kirchnerismo es una bocanada de aire fresco en una sociedad miasmática, que estaba enferma. ¿Habilita un plus? Ojalá, no lo sé.

 Yo conozco lo que piensa Axel Kicillof, él tiene una formación antagónica al endeudamiento como lógica de la financiarización, pero sí piensa que hay un endeudamiento, dirigido a la producción, que es necesario

Desde la izquierda también señalan que el acuerdo con los acreedores externos es la puerta de entrada para un nuevo ciclo de endeudamiento…

Yo conozco lo que piensa Axel Kicillof, él tiene una formación antagónica al endeudamiento como lógica de la financiarización, pero sí piensa que hay un endeudamiento que, en la medida que tengan que ver con la acción transformadora y productiva, es necesario. Hay un problema estructural en la Argentina no se ha logrado resolver que es la restricción externa. Sin embargo, se abre una perspectiva distinta, es probable que en cuatro o cinco años haya autoabastecimiento hidrocarburífero, lo que implica una gran masa de dinero que ya no va a salir del país. El proceso de sustitución de importaciones encuentra cuellos de botella. Es muy difícil dar un salto cualitativo en el proceso de sustitución de importaciones sin inversiones y cuando tenés una burguesía parasitaria que fuga sistemáticamente capitales y una parte no menor de la economía extranjerizada.

 

Aldo Ferrer dice que si traes a Argentina empresarios coreanos, que son un ejemplo de burguesía nacional, a los dos días están actuando igual que los de acá, que la falla está en los incentivos del Estado…

Si, por supuesto.  Pero bueno, una de las debilidades es precisamente el Estado, el kirchnerismo avanzó en ese sentido pero encontró un Estado dinamitado, con grandes problemas de orden legal-jurídico. Se ha hecho mucho a pesar de no poder reformular y reformar el Estado. Ahí hay avances y faltan muchas cosas más. El kirchnerismo ha sido muy jacobino, en el sentido de que hizo cosas que la sociedad no se planteaba hacer, produjo cambios de arriba hacia abajo.

 

Ricardo Forster - Elecciones presidenciales

Ricardo Forster – Elecciones presidenciales

¿Lo incomoda el caso de César Milani en el Ejército?

Yo escribí un artículo, que salió en Página 12, que se llamó La cuestión Milani, donde planteo una discusión de otro orden y que fue mal leído. Sin juzgar si Milani es o no culpable, este es un gobierno que generó la posibilidad de que un teniente de 21 años, que era lo que tenía Milani en el 76, pueda ser juzgado. Partamos de esa premisa, de no ser por este gobierno Videla no habría muerto en prisión, no habría juicios y decenas de militares no habrían vuelto a ser procesados.

 

Justamente por eso parecería más lógico haber nombrado a alguien intachable…

Es muy difícil que haya alguien intachable, salvo que sea de la nueva generación y que haya salido de los liceos en democracia. Milani todavía es de una generación que se formateó en ese contexto, porque teniendo 21 años veía el mundo de acuerdo a lo que era la ideología de los militares. Probablemente haya evolucionado, no es el mismo Milani que hace 40 años. Yo tampoco soy el mismo. Creo que si se abre un procesamiento, él debería renunciar porque sería incoherente con la propia historia del kirchnerismo. Probablemente Milani sea el mejor de los posibles candidatos a dirigir el Ejército en un sentido más progresivo y democrático pero la mancha probablemente impida que Milani siga adelante.

 Si aparecen pruebas contundentes creo que Boudou debe dar un paso al costado.

Siguiendo esa lógica, ¿Amado Boudou debería renunciar si lo procesan?

La situación es diferente. Son dos planos completamente distintos. Una cosa es lo que supuestamente sería un acto de corrupción, y otra los crímenes de lesa humanidad. Por lo pronto, no se ve que eso sea así. Hace más de dos años que vienen bombardeando a Boudou, y en realidad lo que apareció últimamente, este testigo (José Guillermo Capdevila) que se va del país es casi una payasada, por qué habrían de amenazar  a alguien que cuando declaró lo hizo a favor tuyo. Está la idea de que hay una mafia que mata o algo por el estilo. Acá hay un problema, una cosa es un funcionario que es procesado y que las pruebas son suficientes para una condena, y otra cosa es quedar por detrás de los derechos constitucionales y no aceptar que alguien es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Clarín y La Nación construyen la culpabilidad de Boudou, entonces él tiene que renunciar. Otra cosa es que haya pruebas contundentes, pero por ahora no existen. Si las hay yo creo que debe dar un paso al costado.

 

¿Por qué la gente votó a Sergio Massa? ¿Por qué se llevó votos que antes eran del kirchnerismo?

Las democracias contemporáneas son democracias de la fluidez, no hay un voto atado, esas identidades que siempre votaban a peronistas o radicales ya no existen. Influye el papel de la cultura de época, la necesidad constante de cambio, las cosas se gastan y hay que cambiarlas. También hubo un impacto muy fuerte de la máquina mediática que logró hacer un daño intenso sobre todo en el 2012-2013. El “lanatismo” abrió una brecha, que creo que hoy se cerró bastante más.

 Creo que hay un intento muy fuerte por definir que las elecciones del año que viene serán entre candidatos de derecha. Massa, Macri, Cobos, Binner…

¿Con las denuncias de corrupción?

Claro. Después la Tragedia de Once logró algo que no se había logrado hasta ese momento: se pasó de la corrupción a “la corrupción mata”. Se dieron una cantidad de cosas que generaron el voto a Massa. También me da la sensación de que Massa está como en una meseta.  Creo que hay un intento muy fuerte por definir que las elecciones del año que viene serán entre candidatos de derecha: Massa, Macri, Cobos, Binner…

 

¿Binner es de derecha?

Binner es un hombre de centro, moderado, casi un santafecino conservador. Si ves la estructura económica de Santa Fe es sojera y de puertos privados. Han hecho algunas cosas con la salud, ese es su gran logro, pero si vas a Rosario ves que es una ciudad atravesada por la desigualdad más profunda. Es un hombre que ante un proceso importantísimo para la América Latina progresista como el de Venezuela, dice que hubiera votado a Enrique Capriles. Los afiches de campaña del año pasado decían “Por un país normal”… un socialista pidiendo un país normal. Yo creo que lo que confunde es el término socialista. La Alianza daba la batalla contra un gobierno reaccionario y neoliberal, el error fue construir esa alianza con la derecha radical, con el delaruismo. FA-UNEN es la Alianza pero sin combatir contra un gobierno reaccionario, y los que tienen la voz cantante son Carrió, Sanz y Cobos. Pino Solanas en un resto que se diluye en la próxima elección. Tengo la impresión que tiene más chances de ganar un candidato radical que Binner. Yo creo que FA-UNEN es centro.

 Massa y Macri están a la derecha, Scioli en el centro

Ubicaría al FpV en la centro izquierda, FA-UNEN en el centro, ¿y Massa?

En la centro derecha, claramente. Macri y Massa en la derecha. Scioli en el centro, y dependiendo de las circunstancias se puede inclinar hacia la centro derecha, quedarse en el centro o vaya a saber uno qué le puede suceder. 

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Federico Millenaar
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Politólogo y maestrando en Periodismo, autor y fundador en LaBrokenface.
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