Viaje a lo profundo del periodismo autogestionado

Viaje a lo profundo del periodismo autogestionado

¿Cómo se hace una revista independiente? LaBrokenFace se sumergió en el mundo del periodismo gráfico autogestionado y entrevistó a dos integrantes de un colectivo que de tanto crecer en los últimos años ya reúne millones de lectores por mes.

Por Ignacio DamonteIlustraciones: Groger Gutiérrez / Fanny Colmenares.

Café de por medio, conversamos largo y tendido con Nahuel Lag y Santiago Kahn. El primero es editor de Revista NaN, que lleva 5 años traccionando desde el underground a bandas que no rotan en radios comerciales ni tocan en festivales sponsoreados. El segundo es director de la novedad más importante del mercado de revistas culturales: Maten al Mensajero. Un espacio para dar a conocer a nuevos escritores y que plantea otras formas de promoción a la buena literatura.

LaBrokenFace quiso saber en qué estado se encuentra el pedido por una ley de fomento a la comunicación autogestionada, pero también profundizar en otras cuestiones claves del sector: los problemas a la hora de sacar una revista adelante, la competencia con las grandes corporaciones, la dicotomía entre periodismo con o sin fines de lucro, el mundo nuevo que se le ha abierto a los periodistas gracias a internet, y otras tantas temáticas.

Viaje a lo profundo del periodismo autogestionado

¿Cuál es el primer problema con el que se encuentra el editor a la hora de editar una revista autogestionada?¿Logística, contenido, marketing?

NAHUEL: Arrancás sin inconvenientes, claramente. Con las ganas de hacer una revista, eso ya te empuja hacia adelante la decisión de hacer un medio propio, con nuestros temas, otras formas de hacer periodismo. Los que marcaste son todos problemas. Además pasas de ser periodista a editor de una revista cultural, a ser gestor de una revista cultural, a salir del lugar del periodista como firma, como estrella, del que sólo tiene que buscar historias para contarlas. Acá el primer problema es generar el espacio en dónde la vas a contar, ¿no? Eso ya te corre el eje, te cambia el juego, y te encontrás en una situación que ninguna universidad te enseña, ninguna tiene una cátedra de periodismo autogestionado. Entonces, bueno, está todo por aprender. ¿Cómo hacer la logística?¿Cómo vender publicidad?¿Cómo laburar en equipo?¿Cómo diagramar? Las primeras que se van resolviendo son las del laburo en equipo, la diagramación, la foto, la imagen, con la logística empezás a encontrar distribuidores. Con la venta de publicidad, ahí me quedé, porque en NaN la salteamos, pero me parece que el problema, sobre todo, es encontrarte haciendo comunicación desde otro lado.

¿Y para Maten al Mensajero? Al ser una revista nueva, quizás la experiencia de editar algo desde cero está más fresca.

SANTIAGO: La diferencia que tenemos las revistas más nuevas es que nos podemos apoyar en experiencias anteriores de revistas autogestionadas o independientes. Para nosotros, por ejemplo, venir de experiencias en editoriales con pequeñas ediciones de libros o revistas más chicas entre amigos y compañeros de la facultad, a pasar a ser un medio con todo lo que venimos hablando, fue fundamental encontrar una acogida en una asociación de revistas que ya pasaron un montón de estas cosas y te allanan el camino. Una de las cuestiones para nosotros fue tener claro qué queríamos hacer nosotros como medio. Teníamos ganas de hacer una revista que creíamos que no había. Armarla a nivel contenido es un placer, el problema es la otra parte, la que decía Nahuel, que es poder correrse de la lógica de “yo escribo bien, o dibujo bien o saco buenas fotos”. Acá lo importante es querer que llegue a mil lectores, que llegue todos los meses, eso te obliga a plantearte preguntas que uno no tiene en su formación inicial, sea o no académica, ni tampoco en la experiencia laboral en un medio. Los que laburan en los medios, muchas cosas las tiene opacas porque nunca vas a la imprenta a ver cómo se imprime, te ocupas de escribir. En cambio, acá te ocupás de todo, y eso me parece que te obliga a repensar un montón de cosas del laburo, y es mucho más rica la experiencia quizás para ver el resultado final de hacer una revista cultural, que el que ves en una revista más industrial, tradicional.

Hubo un momento en la historia de las revistas culturales, que desde la adversidad que había en el mercado, se fortalecieron. Me animo a decir que con Cavallo, con Menem, las leyes gráficas fueron absolutamente en contra del periodista autogestionado e independiente. ¿Fue ese el momento de la política argentina que permite el quiebre importante para las revistas culturales? Hoy hay un furor por las revistas culturales, ¿ese furor empieza con la fractura de la política advirtiendo el aumento del IVA para ustedes?

NAHUEL: No se, yo creo que el impuesto que lograron los medios grandes fue un problema para las pequeñas ediciones de comunicación porque se vieron con un impuesto que estaba eximido, que apareció de nuevo, que a los grandes les convenía para tener créditos y débitos impositivos, cuestiones que en las grandes empresas con grandes capitales convenía mucho, y las pequeñas no lo podían sortear.

Quizás la pregunta no quedó muy clara. ¿Fue gracias a lo que la política le permitió a estos medios concentrados que se fortalecieron las revistas culturales? Como si saliera el tiro por la culata. Queriendo Clarín, La Nación, Página 12 opacar al mercado autogestionado, lo fortalecieron.

NAHUEL: Siempre hubo ediciones culturales, independientes, no es algo nuevo. Sí es nueva, y no tiene que ver con esa medida en particular, la expansión de la comunicación que se logra a partir de internet, a partir de la aparición de grupos de comunicación alternativa, independiente, autogestiva. Por supuesto, está el quiebre en 2001, no sólo con las revistas, también en la TV y radio comunitarias. Es un fenómeno de otro tipo de comunicación, gracias a los avances tecnológicos, que me parece que es de principio de siglo, y es un fenómeno fuerte. Ahí entran las revistas culturales también como otra manera de hacer periodismo desde otro lado. Lo que me parece que en estos últimos tiempos quedó visibilizado, en parte por el trabajo de la ARECIA (Asociación de Revistas Culturales Independientes), en parte por el laburo de otras revistas que ya venían hace años trabajando, es esta forma de hacer otro periodismo, y me parece que tiene que ver con un contexto más amplio que el del impuesto. Que ahora la modificación beneficie a las revistas, perfecto. Que esa modificación del impuesto al IVA era pedida dentro de la ley de asociación de revistas, también. Son datos de la realidad, pero tiene que ver con algo más amplio.

SANTIAGO: Yo creo que la primavera de revistas culturales que hoy día podemos ver no nace de un repollo. Hay décadas de revistas anteriores, incluso algunas que persisten hasta hoy, algunas que llevan 20 años haciéndolo, a pesar de este tipo de medidas. Pero también me parece que no es casual que ante la corporativización de las publicaciones impresas, la respuesta de los lectores sea migrar hacia revistas de este estilo. Me parece que yo pondría más el eje en: ¿qué pasó con los lectores? De repente dicen que si me gusta la música independiente, no puedo comprar la Rolling Stone, puedo comprar NaN, o puedo buscar una revista que me hable de la música de verdad, no que me venda los catálogos de las grandes multinacionales. Entonces ahí también hay que leer las dos vías: por un lado el crecimiento y consolidación de un montón de revistas independientes, culturales y alternativas, y por otro lado también el crecimiento de las revistas de los propios grupos de medios, porque ahora Clarín y La Nación tienen 35 títulos que no tenían hace 10 años.

NAHUEL: Esa medida impositiva ayudó a esa concentración. Ayudó a que La Nación tenga 35 títulos de revistas…

Mal interpretado además, porque tiene 35 revistas, pero 25 son ediciones extranjeras, con poco laburo nacional

NAHUEL: Sí, claro, pero aparte la homogenización que eso genera y demás. Pero ahí más marcadamente notás que darse un paso adelante con el tema del impuesto, aunque aún hay un campo que hay que mejorar. Todavía estamos en falta con el tema del papel, resolver el tema de la publicidad, la distribución. Hay un montón de trabas que nos impiden a las revistas culturales encontrar a ese lector que quiere y migraría hacia otra publicación, porque el contenido de las revistas periodísticas bajó muchísimo, porque son catálogos de publicidad, y no se preocupan por el contenido. Las revistas culturales, que sí se preocupan, tienen todos los escollos que no tienen las empresas. Eso es importante, y hay que superarlo.

Hay un montón de trabas que nos impiden a las revistas culturales encontrar a ese lector que quiere y migraría hacia otra publicación

Para eso el Estado debe tener una posición firme en esta disputa territorial entre medios concentrados e independientes. ¿Qué debe hacer?

NAHUEL: La ley que está en el Congreso desde mayo del año pasado es una base grande de política pública en apoyo al fomento de las revistas culturales.

SANTIAGO: Aparte está bueno poder pensarlo a nivel de que si es una ley del Congreso, podría tener un apoyo más amplio que el del partido que está en ejercicio del Poder Ejecutivo. Porque podría haber un decreto para sacar cada punto de la ley. Pero lo interesante es que se debata en el Congreso y se busque el consenso de todas las fuerzas políticas porque acá hay una necesidad a nivel social de proteger un sector, fomentarlo, que no solamente es lo que ya existe. Está bueno pensar que cuando uno habla con alguien que está pensando en hacer una revista y tiene 400 cosas en contra, en cambio si hubiera un plafón social o una medida como una ley, bueno, ahí existiría un amparo. Si hago esto, no me estoy tirando a los perros. Fomentaría a que crezca el sector, no sólo consolidar lo que ya está.

Entonces hay puntos centrales de la ley de fomento a la producción autogestiva que son fundamentales. ¿Cuáles serían los ejes centrales?

SANTIAGO: Es importante primero pensar que la ley contemple internet. Porque todos pensamos en el papel como un escollo terrible desde las imprentas, pero en el texto de la ley están los medios digitales. Ahí es donde muchos jóvenes tienen sus herramientas como comunicadores.

NAHUEL: Lo primero que busca es declarar el hacer de la comunicación autogestiva de interés cultural. Eso ya empieza a proteger a las revistas ante algunos ataques o problemas, como el año pasado se vio en el tema de la distribución. Ya poner ese interés, pondera al sector. Eso sería una declaración de interés. En lo más práctico, que haya prioridad en concursos del estado. Para ponerte un ejemplo: hace un tiempo las bibliotecas culturales tenían un fondo del Estado para comprar libros y una cuota para revistas culturales, eso se quitó, debería ponerse y daría fomento. Que el Banco Nación tenga una línea de créditos accesibles para las revistas culturales. Hoy ni siquiera a uno como ciudadano le es fácil acceder a un crédito, pero que sí exista para las revistas. Además lo interesante de la ley es que reconoce al sector como parte de una economía social solidaria, a partir de reconocer la autogestión y el cooperativismo, que ya marca otra forma de hacer periodismo que no tiene que ver con la empresa periodística. Es todo un marco de protección, junto con el decreto del gobierno en el IVA, que permite avanzar. Todo eso ayudaría a formalizar un sector productivo, porque se imprimen de manera mensual casi 500 mil ejemplares, tres millones de lectores mensuales, la industria PYME gráfica recibe mucha plata a la hora de imprimir y se mueve todo, dando laburo más allá del periodismo a fotógrafos, diseñadores.

Por más que exista la ley, hay mecanismos de los grandes medios como Clarín y La Nación para correr a un costado a las revistas independientes. ¿Empieza con la venta de papel, la impresión o la red de distribución?¿Hay otros?

NAHUEL: Esos son los más difíciles de sortear. El tema del control concentrado del papel te maneja los precios y es difícil acceder. Hace poco hablaba con un compañero de una revista de La Plata. Ellos tenían una revista gratuita y el papel les aumentó tres veces en lo que iba del año. Eso ya te deja fuera de juego. Los aumentos de papel no son inocentes. El que más aumentó es el papel obra, que es el que más usan estas revistas, por ejemplo. El tema de la distribución es algo que tiene que ver con la crisis del periodismo gráfico, en cuánto a empresa periodística, porque los medios siguen surgiendo. Está en crisis la empresa gráfica, porque se llena de publicidad, baja el contenido y la gente no quiere comprar el diario porque no le ofrece más que los portales de internet, y demás. Pone en crisis todo un sistema concentrado, y afecta a las revistas que salen en Buenos Aires.

Viaje a lo profundo del periodismo autogestionado

Viaje a lo profundo del periodismo autogestionado

Maten al Mensajero, por ejemplo, salió hace dos meses a la calle. ¿Cómo fue acordar la distribución?

SANTIAGO: Nosotros salimos con un distribuidor formal, del circuito. Es una apuesta, por un lado, y por otro, es complicado de verlo en el corto plazo. Hay que ver en un tiempo qué pasa, porque el sistema es ineficiente, no necesariamente por la distribuidora, sino porque uno piensa que tiene 7 mil puestos de diarios, y tirás 5 mil ejemplares, no cubrís todo. Para un editor pequeño como nosotros, es muy complicado pelearle de igual a igual a un medio grande. En ese sentido, me parece que tiene que ver la medida de lo complicado, por más que el distribuidor haga bien el laburo. De todas formas nosotros no tenemos cómo imprimir más ejemplares para estar en todos lados. Y aunque lo hiciéramos eso no garantiza que vos vendas más.

Porque agotaste los primeros 5 mil de la primera edición, no quiere decir que en la segunda saques 10 mil…

SANTIAGO: Claro, en ese sentido hay muchas cosas que tienen que ver con la gráfica que son de un sistema de funcionación de los medios y de la palabra, de otra época. Nos cuesta mucho para los que nacimos y nos criamos en tiempos de internet, pensar: “bueno, pero si yo quiero agregar otro pliego a color tengo que achicar la tirada”. ¿Por qué? Y porque no puedo imprimir más. Hay mecanismos que no tienen sólo que ver con las grandes corporaciones, sino también con el tipo de formato que es sacar una revista en papel. Y que no te lo enseñan en ningún lado.

NAHUEL: Esos son los problemas lindos de sacar una revista cultural. ¿Cuánta tirada hago?¿Con qué papel imprimo? Todo eso es posible mientras no te pongan la pata arriba de la cabeza. El primer paso para que no suceda es tener una ley que fomente y te de una estabilidad para que vos puedas pensar con tranquilidad si la querés en color, blanco y negro, cuántas páginas, qué papel, cómo la distribuyo… Después, lo demás, está todo en prueba, porque es un momento en que la comunicación está renovándose, ni las grandes empresas saben qué les va a resultar, porque sus diarios venden menos, y las revistas culturales estamos buscando en esas grietas que se abrieron un lugar, un lector más específico. Lo valioso que tiene el sector es la diversidad, cada revista puede tener su público, no para hacer un guetto, pero sí para estar bien enterado y cerca de ciertas cosas de la realidad, más allá de los grandes temas.

Se imprimen de manera mensual casi 500 mil ejemplares de revistas culturales y hay tres millones de lectores mensuales

Hace unos meses hubo un encuentro convocado por el Gobierno para sentar en la misma mesa a Clarín y La Nación junto con el colectivo de revistas, pero ninguno de los dos diarios asistió y tampoco lo hizo Página 12, aparentemente por presiones de ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas). ¿Por qué creen que evitan estas situaciones?¿Se enteraron de esto?

NAHUEL: Me parece que tuvo que ver con el Ministerio de Trabajo, y era por el conflicto de distribución. El acuerdo estuvo, se quería que los diarios paguen un plus que estabilice las cuentas del sistema de distribución; que los grandes diarios no quisieron firmar. Pero es algo muy particular de la distribución, en Capital, que afecta a algunas revistas, y excede a las revistas culturales.

A mi me llamó la atención, y me hacía pensar, que un medio como Página 12 debería acompañar ese reclamo…

SANTIAGO: ¿Por qué? Uno a veces tiende a confundir, y no sólo con P12, los medios con sus periodistas, los temas con sus medios. En general uno ve periodistas, por ejemplo, en Clarín que piensan que las revistas culturales son buenísimas, pero el diario tiene una línea distinta. Incluso, lo que a veces pasa, como un mea culpa de nuestro lado, las revistas culturales tenemos un discurso en general muy corrosivo de los grandes medios que también es más fácil de entenderlo, pero la verdad hay diferencias y matices que hay que tener en cuenta. Lógicamente no es lo mismo para mí P12, que Clarín, no es lo mismo. Pero está bueno ir pensando en la complejidad de sentarse en una reunión como esa, más allá de cuánta onda habrá con las revistas culturales.

NAHUEL: Eso tuvo que ver con conflictos de revistas que salen por el Centro de distribución, pero ahí las revistas se llevan la peor parte porque el rojo que está enfrentando el sistema de distribución se lo quieren cobrar a las revistas culturales. Por eso la asociación acciona y protege a esas revistas; y una ley, con declararlas de interés cultural, ya las protegería. Después el conflicto de las empresas periodísticas, problema de ellas, no nuestro.

SANTIAGO: Aparte está bueno el matiz que planteaba Nahuel: no todas las revistas que integran la asociación se manejan de la misma manera. Algunas salen por centro de distribución a los kioscos, otros se manejan por suscripción, otros se manejan gratuitamente, por eso en la diversidad de contenidos también está la diversidad de formas de ser en el mundo de las revistas culturales, por eso cuesta pensarlas en relación a lo establecido de los medios tradicionales porque se manejan distinto; salen por canales distintos. Si vos entrás al sitio de La Nación, donde tiene los datos de sus propias revistas, dice que una revista como Brando imprime 72 mil ejemplares, y tira 71554 por suscripción, o sea que los kioscos no sacan ni mil revistas. Entonces uno dice: esa revista no tiene nada que ver con una experiencia de una revista que está en el kiosco que alguien va y compra. Ahí es donde se da la migración de las revistas a los clubes de premios o descuentos y genera un nicho. Esa es una revista que no sale al kiosco. Los grandes grupos están pensando otras alternativas.

La generación de la Coalición por una Radiodifusión Democrática y la posterior sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales, la aprobación de la Ley de la Música, el Movimiento por la Ley de Danza y la ley de Apoyo a la Cultura Comunitaria, Autogestiva e Independiente plantearon las bases para que distintos colectivos puedan impulsar cambios en las reglas de juego. ¿Qué nivel de incidencia tuvieron estos avances en los reclamos del sector gráfico?

NAHUEL: En realidad llegamos a la confección de la ley por un trabajo anterior de las revistas históricas que llevan años trabajando en eso. Me parece que la ley de música fue un ejemplo, un espejo importante, a la hora de redactar la ley, sin dudas. También la ley de fomento para la micro, pequeña y mediana empresa fue otro espejo. La ley de danza, que es más amplia a nivel cultural, ayudó, también hubo otra ley de puntos de cultura que perdió estado parlamentario y no se llegó a votar. Hay un movimiento que yo lo marco en un tema contextual, que seguro la ley de comunicación abrió un montón de discusiones dentro del periodismo, a nivel cultural más amplio, pero nuestra ley viene por las necesidades que te venimos marcando. Por eso decidimos ir al Congreso.

Pero pasa en este contexto, ¿por qué pasa con este gobierno? Estas cuatro leyes son de este gobierno, en los últimos cuatro años. Sin banderismo político lo digo, fueron votadas por este Congreso…

SANTIAGO: Yo no pondría el carro delante del caballo. Probablemente hubo una voluntad política para que avancen estos proyectos, pero me parece que está bueno pensarlo como si fuera al revés, que la conformación del Congreso la decide la sociedad, y esa sociedad también tenía una deuda histórica con todas estas discusiones, que al calor del 2001 y un montón de discusiones de sectores de la sociedad, empieza a ser necesario atenderlas. La sociedad se expresa en leyes, y hay sectores que la movilizan. Con el caso de la Coalición, más allá que hubo un contexto histórico con la 125 y el enfrentamiento de una administración del Gobierno Nacional con el Grupo Clarín, se abrió una grieta y había una demanda social insatisfecha y ahí se logró sacar una ley. Me parece que es al revés, porque sino lo que parece es que ahora se descubrieron los medios autogestivos, y ese sector existe y es muy activo, que tiene peso en la sociedad, y que a veces determinadas circunstancias políticas permiten que avance o no.

NAHUEL: Los puntos centrales de la ley que se toman de los 21 puntos de la Coalición, exceden a este gobierno, y vienen desde fines de los 80, 90s formándose. Hay luchas y construcciones de la sociedad que exceden a cualquier gobierno de turno. Cuando se abrió el hueco, estaban ahí los 20 años de lucha de la Coalición y eso se transformó en una ley. Todas las leyes tienen una construcción que atraviesa a los gobiernos y a los partidos políticos, son construcciones más complejas y ricas.

SANTIAGO: Por eso también me parece que es importante que cuando uno piensa en estas cuestiones, nosotros, como revista nueva, siempre lo decimos, que no venimos a inventar la pólvora. Hay decenas de revistas anteriores que hicieron su camino y uno intenta aprender. Lo mismo pasa con la sociedad. Obviamente que hay coyunturas más favorables y proclives a un determinado avance en un sector cultural, probablemente uno puede leer que en este contexto es mucho más plausible discutir eso, que en la década menemista. No lo digo para lavar el discurso, pero sí me parece que es al revés, la presión social estaba, existía y hay coyuntura favorables para que se de, y de hecho la ley aún tiene deudas pendientes sin saldar.

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Cristina Fernández de Kirchner dijo en un acto apoyar la lucha para que se nivele el IVA a publicaciones como Clarín, La Nación y otras revistas culturales. Con la ley de medios, al menos es mi opinión, distintos sectores de la política aprovecharon la honestidad y necesidades de la Coalición para sacar una tajada. Lo vemos con la concentración que pasó de manos de unos grupos mediáticos a otros afines al Gobierno de turno. ¿No les preocupa, como colectivo de revistas autogestionadas, que les pase lo mismo?

NAHUEL: La Coalición era más grande que algunas de las asociaciones que eran marcadas como líderes (caso FARCO – Foro Argentino de Radios Comunitarias). Era más amplia, y existen las diferencias entre los compañeros que formaron parte de la Coalición. Sirvió para llevar adelante la ley y aprobarla, todavía hay cuentas pendientes, sobretodo con el sector comunitario. Quedará en quienes integraron la Coalición en empujar para que se siga dando, y quedará en nosotros para seguir empujando y que la ley se complemente. Las decisiones políticas que tomó el Gobierno, si no se cumple la totalidad de la ley, uno no las comparte, pero me parece interesante separar los grupos empresarios que se armaron al calor de la pauta del gobierno, que no tengo dudas que mutarán y se irán con cualquier gobierno, del trabajo que hicieron durante mucho tiempo los medios comunitarios para darle el alma a esa ley. En ese caso, en la asociación en particular con el anuncio del IVA, nos afecta lateralmente, pero ni siquiera nos llamaron, sino que fue una medida que tomó el gobierno, que no se sabe porqué la tomaron. A nosotros nos viene bien porque es un punto que estábamos pidiendo dentro de la ley, pero nuestra ley gráfica sigue esperando ser votada en el Congreso. El gobierno no dijo: “esto es para ARECIA”. Para nada, es una medida que tomó el Gobierno que va paralelo a nuestra lucha, y que después queda en cada colectivo seguir peleando por la comunicación que quiere. Me parece interesante separar las maniobras que hagan las empresas con la comunicación y lo que hacemos los comunicadores y las leyes que necesitamos o queremos en un horizonte de comunicación popular.

SANTIAGO: A título personal, me parece que en el contexto en el que nosotros estamos de disputa por el sentido de la comunicación o demás viene de hace varios años, cuando antes era propio de la academia. No salían de las aulas esas cuestiones, y ahora son públicas. Es muy difícil de pensar cómo se para un sector que está en vías de organizarse. ARECIA es una experiencia reciente, no tiene 40 años de trayectoria. Trataría de bajarle el tono al anuncio del Gobierno, aunque me parece que no es menor que hay receptividad por parte de las administraciones del estado a propuestas de determinados sectores. No sólo a nivel nacional, hay proyectos de ley del fomento de la producción de revistas culturales no sólo en el Congreso Nacional, sino también en la Ciudad, en La Plata. No es sólo el Gobierno Nacional y la nada, hay que pensar muchas instancias.

NAHUEL: La intención de ARECIA es replicarse por todo el país, por eso hay nodos en todo el país que son autónomos y la ley que presentamos en Nación y luego en Ciudad es un modelo para seguir presentando en todo el país. La intención es fortalecer el sector de revistas culturales, en cualquier municipio, más allá de cualquier gobierno que esté. Es que un sector que hace mucho se mantiene a pulmón, sea reconocido y tenga una política pública acorde.

SANTIAGO: Hay que diferenciar al Gobierno del Estado, poder pensar en una política pública. Si hacemos un trabajo profundo, de revisión de lo que fueron los medios gráficos en los últimos 100 años, la discrecionalidad es la norma, no hay una política pública obtenida en el tiempo. Está bueno que estas discusiones se enmarquen en eso, que no sea que si mañana gana Scioli es de una manera, si gana Massa de otra y si gana el Frente de Izquierda es de otra. Pensar en cosas que son de trazo grueso, donde hay un consenso a nivel sociedad. Eso es lo más complejo, porque obviamente que todos los sectores políticos tienen participación en una discusión como esta, y alguno va a querer traccionar para algún lugar. El problema es poder superar eso. A nivel de revistas, si mirás en ARECIA vas a encontrar miradas muy distintas, no todas las revistas piensan igual. Está bueno pensar el ejercicio: ¿realmente uno cree que un determinado gobierno va a fomentar cualquier cosa? No, por eso está bueno pensar algo que supere a la administración del hoy.

La intención es fortalecer el sector de revistas culturales, en cualquier municipio, más allá de cualquier gobierno que esté. 

Un recurso facilista para denostar el ingreso de distintos actores sociales a la comunicación es el típico reclamo: “¿Quién va a querer escuchar una radio wichi?”. Llevándolo al plano de las revistas culturales, ¿cuál sería su respuesta a semejante afirmación? Me resulta difícil responder con altura a un argumento tan flojo de papeles.

NAHUEL: Cada comunicación tiene oídos para ser escuchado. El problema es lo que está detrás, ya que decir que una revista o una radio no tiene un lector, es negar que hay una voz. Con ese ejemplo, la intención es acallar esa voz. Negar que hay un público es negar que alguien tiene algo que decirle a su comunidad, es decir que hay voces que importan y voces que no. En un mercado y una comunicación regulada como si fuera parte del mercado, como si fuera mercancía, el que gana siempre es el que tiene la manija, el poderoso, el empresario, el que tiene la plata. La democracia, las voces, la pluralidad, no se rigen por las mismas reglas, entonces hablar de públicos y de quién lo va a querer escuchar, es decir qué mercado va a tener eso y la comunicación no se maneja por esas reglas, hay quienes sí lo hacen, pero nosotros creemos que tiene que ver con otra construcción de la sociedad. Además también está detrás la idea de que existe una subvención a eso y que los van a mantener con la plata del estado. No es esa la idea, la ley no pide eso, se puede discutir el reparto de la pauta porque es algo que el Estado debe hacer para comunicarle a todos los ciudadanos los actos de gobierno, entonces la pauta va en los medios y debe ser repartida equitativamente. Eso no es una subvención. Lo que se pide son créditos y disponibilidad para que un proyecto autogestionado y cooperativo, pueda caminar. Si el proyecto después no camina, bueno, dependerá de cada proyecto cómo le llega al lector, cómo tener algo de buena calidad, pero nadie pide que se mantenga nada.

SANTIAGO: Hay una cosa que a mi siempre me genera rispidez, que es una cosa que no se pudo superar en el planteo de la Ley de Medios, es la idea del fin de lucro. Para pensar en la complejidad me parece que una de las principales posiciones es que hablar de un medio autogestionado es hablar de un medio que se gestiona a si mismo, que establece su forma de funcionamiento y funciona de una determinada manera. El lucro pertenece a otra esfera de la comunicación y me parece que esto que decía Nahuel está bueno para pensar. Uno piensa que las revistas culturales deben ser sustentables, poder bancarse a si misma, bancar a sus trabajadores, no ser una forma de hacer las cosas como se puede. Se deben mejorar las condiciones, pero no creo que haya ninguna revista de ARECIA que pueda salir a decir que nuestro objetivo es lucrar, llenarnos de plata, y eso es una cosa fundamental para tener en cuenta cuando se piensa en la comunicación en su complejidad. Una revista que hace una escuela en el barrio, ¿tiene que tener 100 mil lectores? No, quiere llegarle a los padres de la escuela, y lo tiene en claro. Lo mismo puede pasar con una revista que se dedique a la cultura emergente, quiere llegarle a la gente que le interese eso, lo mismo sucedería con una radio wichi. En ese sentido me parece que no hay que dejarse medir por la vara del otro y los medios autogestionados tienen que poder trabajar esa línea. No medirse en términos de lucro o ese tipo de parámetros, porque son ajenos. Me parece que está bien que haya comunicadores que ironicen con eso, porque es parte de la disputa, pero no hay que hacerse cargo, sino de todas las otras discusiones que vienen detrás. Así como hay revistas en la asociación que tiran 35 mil ejemplares mensuales, hay algunas que tiran mil y que le llegan a los mil tipos que buscan llegarles. Son objetivos distintos, y está bárbaro que así sea.

En el último tiempo el Gobierno Nacional ha creado la Dirección de Industrias Culturales, y hasta un Ministerio de Cultura. ¿Hubo avances, logros o cambios tras estas iniciativas?

NAHUEL: Industrias Culturales ya está hace un tiempo, y particularmente la revista NaN salió de un concurso fomentado desde ahí. Tenemos un buen trato con ellos, cordial, de respaldo a la ley, de reconocimiento al trabajo del sector. Hay un espacio de debate, se escucha y demás, pero después estamos en el punto que estamos. La ley aún no fue votada, no tenemos la fuerza para traccionar a todo un Congreso, todavía no recibimos ese empujón, pero sí aparece el debate, se abre la puerta, hay diálogo y está desde el principio.

Las revistas culturales digitales alcanzan casi 3 millones de lectores mensuales. ¿Qué papel tiene internet y los avances tecnológicos en la edición de estas revistas?

NAHUEL: Lo primero que le dio internet a NaN es el primer soporte en el cuál existió. Empezamos siendo un blog, que se llamaba agencianan.blogspot.com que nació en 2007. Lo que hablábamos hace un rato, la explosión de la comunicación a partir del avance de la tecnología. Después tuvimos la suerte de presentarnos con todo el material que habíamos laburando en la página para imprimir la revista en un concurso de la Secretaría de Cultura. Ahí tuvimos el respaldo económico, que luego continuamos por muchos números más. Sin dudas, internet es parte de esta experimentación que están sufriendo desde las revistas autogestionadas hasta las empresas periodísticas. Está a modo de prueba, totalmente, las revistas podemos hasta probar más, porque podemos probar nuevos canales, eso es lo interesante, probar las nuevas formas. Las redes sociales ayudan a tener más lectores, a viralizar lo que uno produce, incluso hace un “crossover” de subir la revista y que el que se cansó de leerla online la vaya a comprar. Cuestiones que no están estudiadas, y lo interesante de fomentar un sector como el autogestivo es poder llegar a estudiar eso, cómo llegamos a nuestros lectores, que no sólo lo puedan hacer las grandes empresas.

Venimos a meternos en un lugar donde capaz que no hay muchas cosas. La primera pregunta es: ¿por qué no hay esas cosas? Y… porque no es negocio. 

Con Maten al Mensajero quizás sea una instancia distinta, porque sale a la calle en una etapa en la que hay una desconfianza al papel del lector muy grande. ¿Cómo hacen para recuperar al lector de papel que migró al mundo online?

SANTIAGO: Somos un defensor que llega a destiempo y que le ha pegado en la tibia a más de uno. Nosotros hicimos el camino inverso dentro del ámbito en el que queremos mover la revista, que quizás es distinto al de otras revistas de la asociación que es el de la literatura. No hay hoy por hoy en las calles, en los puestos de diarios, quizás sí ediciones artesanales, lugar donde se publique literatura nueva. Venimos a meternos en un lugar donde capaz que no hay muchas cosas. La primera pregunta es: ¿por qué no hay esas cosas? Y…porque no es negocio. Y así los grandes medios no se meten.

Pero tiene que haber algo que Maten al Mensajero sabe o que usa como arma para recuperar a ese lector…

SANTIAGO: Ni hablar. Tenemos una fe total en que existen lectores para una revista como esta. ¿Por qué lo traigo a colación de lo de internet? Porque me parece que en internet hay posibilidades de leer cualquier cantidad de literatura, como pocas veces en la historia. La posibilidad de la democratización del acceso a la cultura de una manera bastante discutible, pero real. Lo que no hay es una manera de ordenarlo, de presentar un recorte de todo eso que hay circulando, y hay muy poca producción centralizada en la clave de decir “bueno, hay gente que se está dedicando a escribir en función de una propuesta”. La tentación de hacer una revista como la que hacemos nosotros, pero en internet, es muy grande, porque puedo meter todo el color que quiera y sale lo mismo. El papel tiene limitaciones y a la vez tiene esa cajita de que la decisión de los recortes caen mucho más en los editores de secciones y el lector confía o no en ese recorte para llegar a la lectura. Incluso nosotros subimos la revista entera en .pdf para que circule gratuitamente, porque tenemos esta idea de que si alguien la lee en internet, después quizás quiere tener el objeto en papel, y eso sí lo vendemos y con esa venta se financia su fabricación.

Quizás lo que cambió es que el periodismo se sacó de encima ese vedetismo de decir “no, no lo voy a mostrar en .pdf, ¿por qué? Yo lo quiero vender”. Con la música pasó y ya estamos en la nueva etapa en la que el músico prefiere subir a internet primero antes que sentarse con un gerente de una multinacional para ver hasta dónde lo puede vender. Estamos en la instancia del periodista que no le importa y la pone en .pdf y que la compre el que quiera.

SANTIAGO: Me parece que estamos probando. Regulando a ver qué es lo que pasa. Nosotros pensábamos que en realidad una revista como la nuestra en .pdf está buena que circule, pero no agota la lectura que se pueda hacer, porque evidentemente es incómodo para leer porque imaginamos que nuestro lector no se va a pasar 5 horas mirando el monitor, o tiene una tablet para leer en el bondi cuando vuelve de laburar. Me parece que estamos en una sociedad distinta, y el papel sigue teniendo una instancia de lectura distinta. Ahora bien, internet permite cosas que en otro momento eran impensables. Yo pienso en NaN que en su cuenta de Twitter recomienda música. Claro, yo leí una nota, y los pibes estos me ponen un link para hacer la experiencia completa. Agrega, no quita. Ahora, es algo fugaz, vos no te podés llevar la revista y ponerle play. Por ahora. Tiene que ver con pensar a los medios en su complejidad. A veces para alguno de nosotros, románticos con el papel, todavía nos cuesta esto, pero me parece que está bueno, y en ese sentido, son formas de experimentación que cada revista va probando y asimilando a ver qué le sirve para que llegue su mensaje a los lectores que querés. Si le querés llegar al pibe que está pensando a qué recital ir el fin de semana, tenés que además de contarle de la banda, está bueno que pueda escuchar de qué se trata. Probablemente es más difícil de pensar eso en una nota de las inundaciones en el Norte del país, porque no voy a mandar a un pibe a que filme. Obviamente hay dificultades técnicas, pero hay experimentación e internet sirve para potenciar algo que ya se está haciendo.

¿Qué busca el lector promedio de una revista cultural? NaN con 5 años tiene que tener una visión de qué es lo que busca el lector. O sea, ¿se fijan en lo que quieren ustedes, porque creen que son el lector ideal de NaN?

NAHUEL: Cuando haces un medio propio, autogestionado, ahí está volcado mucho de lo tuyo, vos ponés todo lo que querés. Sin dudas, un lector debería ser parecido a uno, de todas maneras siempre se está buscando como periodista escribir de la forma más clara, amplia y atractiva para trascender a todos. Ahora, ¿Cuál es el lector promedio? Creo que no hay. Más sobretodo en una revista que no está hecha para leerla toda, no es un libro, podés no leerla toda. Lo interesante de la revista es la variedad de contenido que trae, en ese sentido propone una lectura más Rayuela. Te tomás el bondi y lees una nota corta y tomando un té en tu casa te lees la nota larga; ofrece esa variedad. Después queda en nosotros saber analizar a qué sector le apuntamos, se nos escapa. Volviendo al inicio de la charla: sos un periodista que está haciendo cosas que exceden a uno como periodista. También para hacer un estudio para saber cuáles son los lectores de las revistas culturales como sector deberíamos estar más establecidos, poder dejarnos de preocupar si salimos el próximo número para concentrarnos en el estudio del lector de la revista cultural. Tenemos mil problemas. Si nos establecemos como sector, podríamos empezar a experimentar, pero son todas variables.

Cada revista tiene su identidad, con un lector cada una, pero cuando cruzás internet por el medio de la discusión se te queman los papeles.

SANTIAGO: En nuestro caso salió de una charla entre un par de los compañeros que hacemos la revista, que queríamos una revista para lectores, que es un poco con trampa, porque leer leemos la mayoría muy ampliamente, desde internet hasta un prospecto de un medicamento. Pero la idea era buscar un lector que le interesa la narrativa, la historieta, la fotografía, las historias que se cuentan, corrernos de la coyuntura o algo que no tiene que ver con lo estrictamente periodístico. Eso te permite pensar en un lector que puede no ser tan receptivo a temas que a nosotros sí nos interesa. Digamos, a mi me pasa cotidianamente con estos primeros meses de la revista, de repente te escribe gente que digo, no tenemos nada que ver con este lector, pero llegó porque leyó una nota sobre la revista y lo querés conservar. O llegó por la historieta y se quedó por el folletín. Me parece que no hay un lector promedio de las revistas culturales porque no son homogeneizables, no hay nada homogéneo en las revista culturales y esa es una de las cosas que tenemos que defender, que haya diversidad. Ahora, cada revista tiene su identidad, uno probablemente podría delinear un lector de cada una, pero cuando cruzás internet por el medio de la discusión se te queman los papeles. Hace un par de días me llegó un mail de alguien que la pedía de España, yo me preguntaba ¿cómo se la mando? Ahora tengo que pensar en el de España, ¿qué hago, cambio mis contenidos? No. Internet tiene esa potencia, hay un chabón que está en Filipinas puede entrar y leer NaN, ahora, después no va a ir al Zaguán Sur a ver la banda que le gustó. Internet tiene esa potencia, pero no el doble filo. Una revista cultural tiene 5 mil “likes” pero ¿tiene 5 mil suscriptores? Ojalá! En ese sentido, está bueno que internet tiene su pedagogía y su doble filo. Las revistas tienen lectores de carne y hueso, que son lo que ves cuando haces una actividad de la revista, o son los que van a comprarla al kiosco o la vienen a buscar y tiene otros lectores golondrinas, virtuales, que cayeron porque se engancharon con algo. Capaz que ves la última NaN y ves la nota de Bestia Bebé y pensás “qué bueno, me encanta esta banda, me compro la revista” la lees, te enganchas con la revista, y seguís, pero capaz que te gusta sólo esa banda, el resto no y el mes que viene no la comprás. Nosotros como editores decimos: “este habría que habérselo quedado, pero llegó por una nota”. En el caso nuestro, ponemos a Susy Schock, que nos encanta cómo escribe, y un montón de gente llega porque le gusta como escribe, pero el número que viene no lo compra.

NAHUEL: Totalmente. Es una prueba y error. Sin dudas nosotros empezamos pensando en un público más amplio, con una tapa que enganche al lector, como Enrique Simms o Pablo Lescano. Tratamos de buscar artistas grandes, y adentro venían todas las disciplinas artísticas de jóvenes autogestionados que estaban arrancando y no se conoce. Ahora la revista llegó a la 17 y en la tapa está Bestia Bebé, que tiene un disco. Es un pibe, una banda que tiene un disco. Entonces, ahí, en ese camino, creemos haber encontrado algún sector de lectores, que se interese en esa tapa, pero siempre estás buscando trascenderlo.

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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