Porno: entretenimiento adulto, Internet y cultura misógina


Porno-LBF

El comediante yanki Tom Papa cuenta una historia muy ilustrativa. De chico, a fines de los setenta, él tenía que escabullirse de su casa, pedalear hasta el bosque en las afueras, sortear ramas y piedras, meterse en una cueva y encender un fósforo para contemplar una teta recortada de una revista para adultos, escondida allí de la censura de los adultos. Hoy un chico adolescente tiene el porno más hardcore a sólo un par de clicks de distancia en su smartphone. Lejos están los tiempos en que Woody Allen podría titular una película Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo (pero temía preguntar).

Por Diego Labra

¿Cómo se accede y consume a la pornografía hoy? ¿Qué efecto tiene este cambio en la forma que pensamos y vivimos nuestra sexualidad? Estas preguntas pondera este informe en dos partes de LaBrokenFace. Luego del ímpetu del #niunamenos, nos disponemos a reflexionar sobre nuestras propias prácticas relacionadas al género y lo sexual. En esta primera entrega, nos adentraremos en el mundo del porno hoy, cómo interactúa con las nuevas tecnologías, y los mitos y realidades que rodean esta relación. En la segunda parte pensaremos más específicamente las tendencias de la pornografía contemporánea y cómo ellas tiene efecto sobre las nuestras vidas sexuales y más allá.

Con el fin de fortalecer la representatividad de nuestras conclusiones, a quien este interesado lo invitamos a participar de nuestra encuesta sobre el tema que nos compete. Puede abrir el link tranquilo en el trabajo o la casa, no tiene contenido que pueda llamar la atención (aunque si esto lo que busca, quizá lo tenga).

https://es.surveymonkey.com/r/VLPJCWP

¿Porno para todos y todas?

Por un lado, la pornografía como representación del placer con el objeto de obtener placer, se podría decir que siempre estuvo ahí, como prueban cientos de artefactos culturales en las más diversas civilizaciones a través de la historia humana. Aunque en los últimos dos siglos, el surgimiento del capitalismo y las industrias culturales, transformó el concepto (al igual que a todo lo demás). Por otro, la revolución de las tecnologías de la información, lo que algunos académicos no dudan en llamar tercera revolución industrial, se profundiza sin tope aparente desde su surgimiento en los años ’70. Hoy ya no queda parte de nuestras vidas que no este transformada por estas innovaciones. La pregunta es entonces: ¿Cuál es la intersección entre estas dos afirmaciones?

En una Web mundial que fluctúa alrededor de los mil millones de sitios, 4% es igual a 40 millones de sitios porno. Uno por cada habitante de nuestro país.

Una de las maneras más notorias en que las nuevas tecnologías de la información ha afectado como consumimos pornografía es en la cuestión del acceso ¿Pero cuáles son los datos detrás de estas impresiones? En un artículo del 2012, Infobae titulaba que “el 75% de la población argentina tiene acceso a internet” sea por una PC o un dispositivo móvil, según los dichos del analista Alejandro Prince. El mismo año, La Nación arrojaba la cifra ligeramente menor del 68%, siguiendo el informe de la compañía de inversiones tecnológicas Kleiner Perkins. Pero advertía éramos el país con mayor penetración de Internet en América Latina, y segundos en el continente sólo al 78% de los Estados Unidos.

La Encuesta Nacional sobre Acceso y Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (ENTIC), con datos también del 2011, necesariamente matiza esos números al desagregarlos. Para la población en el quintil de mayor ingreso el porcentaje que tiene Internet es de 77% pero en el menor es sólo 15%. Sin embargo ante la pregunta por el uso de celular e Internet en los últimos tres meses los sólidos porcentajes rondan 80% y 60% respectivamente. Son números más realistas, pero aún así presentan una Argentina sumamente conectada, e incluso más aún luego de iniciativas estatales como Conectar Igualdad y la ubicuidad en el mercado de celulares que han alcanzado los smartphones.

Ahora bien, la segunda parte de la ecuación sería preguntarse cuánto del Internet al que accedemos es pornografía. El sentido común asevera que un cuarto, un tercio o incluso “la mayoría”. Una búsqueda de los términos “pornografía” y “estadística” ayudan a explicar estos malos entendidos. De los principales resultados, prácticamente todos repiten las cifras infladas. En algunos casos, el motivo es claro en las direcciones: es.catholic.net, verdadyluzhoy.blogspot.com, forosdelavirgen.org. Una plantilla de Prezi realizada por un tal Marcelo Contreras, que nos informa que “sexo” es la palabra más tipeada en los buscadores y que los mayores consumidores de pornografía son niños entre 12 y 17 años, para terminar citando discretamente al final fuentes religiosas. Incluso el link de Taringa! dice que un cuarto de Internet es ocupado por pornografía.

La realidad es que las cifras son otras. La BBC tradujo al español una entrevista al neurocientífico computacional Dr. Ogi Ogas, coautor de un estudio publicado en 2010 como A Billion Wicked Thoughts (Mil millones de pensamientos perversos), donde aproxima que un 4% del millón de páginas con más tráfico y un 12% de las palabras introducidas en buscadores. Forbes adjetiva a su estudio como “probablemente la colección de información pornográfica más grande en la historia de la humanidad”. En definitiva, el mito se queda corto. Sin embargo, como dice el mismo Ogas: “…realmente, si nos ponemos a reflexionar, éstos son números muy importantes”.

Es una industria que factura más de un billón de dólares anuales. En una Web mundial que fluctúa alrededor de los mil millones de sitios, el 4% es igual a 40 millones de sitios porno. Uno por cada habitante de nuestro país. Además, como ese porcentaje pequeño está conformado mayoritariamente por video, en lugar de texto o imágenes como este sitio, ocupa alrededor del 30% del tráfico total de Internet. Para recurrir otra vez a la sabiduría popular, la especie humana tiene la idea fija.

El porno y yo

Todas estas estadísticas son ilustrativas, nos ayudan a dimensionar el tamaño de la cuestión, pero también deshumanizan un poco. Cuando una infografía nos indica que la edad promedio en que una persona ve por primera vez pornografía online es once años, todos nos ponemos un poco incómodos ¿Pero realmente han cambiado tanto las cosas? ¿En que se traducen realmente estos números?

Pienso en mi propia experiencia. La primera mujer desnuda que vi fue Demi Moore, gracias a la madre permisiva de un compañerito de primaria. Tenía nueve años. Mi iniciación en el consumo de contenido erótico sostenido se dio con el sexo simulado de las películas soft porn de The Film Zone, aunque había que esperar a la madrugada del sábado. Si urgía la necesidad en otro momento, sólo quedaba recurrir a la adivinación de las líneas distorsionadas del canal Venus codificado y rezar que nadie entrara en mi cuarto. Ya tenía doce, el 2000 estaba a la vuelta de la esquina y la conexión dial-up era considerada un lujo.

cualquiera con un smartphone y conexión a Internet, desde niños a adultos, puede ver el porno hardcore más retorcido

El relato subjetivo quiere atemperar los pronósticos alarmistas. Aunque cambian los medios, los púberes siempre buscan maneras de poner a prueba los cambios hormonales que los sacuden. Por eso la Coca Sarli es un símbolo nacional. En séptimo grado un compañero repetidor alardeaba sobre aventuras en prostíbulos y otras (reales o ficticias) iniciaciones sexuales. El tono posapocalíptico es incentivado por los medios, que sólo reportan sobre internet y pornografía cuando explota el escándalo, sea el desmantelamiento de una red de pornografía infantil, o la llegada de un nuevo “video prohibido” de algún personaje famoso, o con intención de serlo.

Por otro lado, el cambio del medio de consumo y acceso debe tener repercusiones que van más allá de lo cuantitativo. Mi pubertad encontraba coto en las limitaciones reales que circunscribían el consumo de pornografía, como la necesidad de una casa vacía o esperar el horario de transmisión. Ahora cualquiera con un smartphone y conexión a Internet, desde niños a adultos, puede ver el porno hardcore más retorcido. Esta capacidad libera en teoría el poder de acceder a pornografía de cualquier tope y pone el límite sólo en nuestra capacidad de autocontrol. El filósofo de moda Byung-Chul Han adjetiva a su “sociedad de la transparencia” como pornográfica, porque allí la distancia entre el deseo y la satisfacción busca ser reducida a su mínima expresión. Este afán potencialmente cambia la sustancia de la nuestra relación con el deseo.

Expresión de esto es la búsqueda en internet, que es un asunto puramente impulsivo, y lo es particularmente en el caso del porno. Lo más probable es que el usuario recurra a su buscador amigo usando palabras claves como “sexo” o “porno”, y éste lo oriente a las páginas más visitadas de porno comercial. Estos sitios suelen tener nombres como PornHub, Youporn, Redtube, Youjizz, y otros juegos de palabras. Al igual que la famosa web de videos a la que refieren, funcionan como hosting de contenido de diferentes procedencias y calidades.

Una barra buscadora nos permite introducir un criterio de búsqueda, estando los contenidos organizados por características de los participantes (rubia, asiática, tatuada, adolescente), la actividad (anal, masturbación, interracial), género (hentai), POV o videos filmados en primera persona, inclinación sexual, cantidad de participantes, etc. Por fuera de la ventana de video, el campo visual es inundado con banners publicitarios y clickbait que hacen promesas imposibles. La insistencia con que se pide desactivar los métodos de bloqueo de publicidad indica que esas publicidades hacen una gran parte del ingreso de estos sitios.

En Argentina el sitio de hosting de videos Xvideos es la página porno más visitada, ubicado en el increíblemente alto puesto veintiuno en la lista confeccionada por Alexa. Existen otro tipos de webs, como las propiamente productoras de contenido (Bang Bros, Brazzers, MOFOS, Naughty America, etc.), que ofrecen videos exclusivos de pornstars reconocidas o desconocidas a cambio de una suscripción mensual. Según el Dr. Ogas, el sitio de porno más visitado del mundo es LiveJasmin.com, que presenta sesiones en vivo por webcam con mujeres, mayormente de Europa del este, remuneradas con lo que en EE.UU. sería considerado sueldo mínimo. Wikipedia informa que Xvideos lo superó en 2012. Pero la página pornográfica argentina más popular es de otro tipo.

Porno-LaBrokenFace

Poringa, el porno nuestro de cada día.

Según un artículo en Ámbito Financiero, Poringa! – Placer Colectivo nace de la mano de los creadores de Taringa!, uno de las páginas más visitados del mundo y la segunda red social en Argentina, ante la disyuntiva creada por usuarios que subían contenido pornográfico al sitio. Replicando el modelo básico de su web principal, “jamás pusieron foco ahí”, pero “con el tiempo se terminó convirtiendo en una de las mayores comunidades porno del mundo”. La nota de Ámbito de fines del 2014 habla de una posible venta millonaria a una empresa norteamericana, aunque no he conseguido confirmación de la transacción. La reciente incorporación de más publicidad y su rediseño en algunos casos puede ser signo de esto, o simplemente que los dueños argentinos decidieron capitalizar más agresivamente el valor de su sitio.

Luego de franquear una pantalla en blanco que confía en la buena fe de los usuarios al preguntar la mayoría de edad, la página principal revela una presentación que evidencia su origen como red social. La exportación del diseño comunitario a Poringa! resulta en que el usuario no sólo interactúe con el sitio como consumidor pasivo, sino que es un creador activo. “… Una comunidad virtual donde los usuarios comparten información a través de un sistema colaborativo de interacción”, en su propia definición. Hay tutoriales para iniciar a los novatos en el arte de crear posts y en los comentarios se premia el buen contenido con un sistema interno de puntaje.

Las dimensiones son dignas de mención. Los 27 millones de miembros, según sus propios contadores son un número es engañoso ya que toda persona registrada en Taringa! tienen automáticamente una cuenta en Poringa! Pero un mediodía cualquiera encuentra que hay 38 mil usuarios conectados, y un sábado a la noche el número asciende a 45 mil. Se contabilizan casi 2 millones de posts y 11 millones y medio de comentarios. Los foros internos son ordenados por país de origen, aunque la selección del país es libre. En el ranking, primero se encuentra Argentina con 638 foros, segundo Bolivia con 476 y en distantes tercer y cuarto puesto México con 78 y España con 48.

Los miembros más activos suben contenido creado por ellos mismos, que como seña de autenticidad contiene una P! en las fotos o video, en la forma de un cartel, o a menudo dibujada sobre alguna superficie del cuerpo de la mujer o mujeres participantes.

el mundo del entretenimiento adulto se infiltró totalmente en la cultura mainstream: videos musicales y marquesinas parecen porno, las chicas bailan como boliches queriendo parecer strippers y los hombres comunes tratan de hacer movimientos porno en la cama

Se pueden encontrar series fotográficas de mujeres de apariencia profesional, en lo que podría estimarse publicidad de sí misma, pero un recorrido sucinto deja claro que mayormente son amateurs de todas las edades. Parejas de mediana edad comparten contenidos con títulos como Mi esposa se muestra otra vez”, o La perrita de mi esposa”. Jóvenes comparten tríos confusos en videos de mala calidad. He aquí otro modo en que las nuevas tecnologías intervienen en nuestra relación con la pornografía. Todos podemos producir nuestra propia película, por placer voyerista o en pos de los quince minutos de fama que Warhol nos prometió. La máxima expresión de la comunidad son las fiestas reservadas que se realizan mensualmente, en la que tienen prioridad de asistencia los miembros más reconocidos

Aunque los posts de material original suelen ser los más vistos y mejor punteados, la inmensa mayoría de la página esta compuesta por compilados de videos y fotos producidas por terceros, tanto amateurs como profesionales. Estos videos están almacenados en las páginas de hosting (Xvideos, Redtube), por lo que la relación de Poringa! con esos sitios es simbiótica. ¿Pero qué nos puede decir Poringa! de la pornografía en Internet y de la forma que la consumen los argentinos? Primero se despliega una lógica y vocabularios propios, como amatute o el acrónimo MILF, entre decenas de otros.

Un síntoma del lugar preponderante de la pornografía en la cultura occidental contemporánea es la circulación de estos términos, algunos de los cuales el porno se apropia y transforma, otros que nacen de ella y son luego difundidos. En el documental Sexy Baby de Jill Bauer y Ronna Gradus, la exactriz porno Nikita Cash reflexiona, “el mundo del entretenimiento adulto se infiltró totalmente en la cultura mainstream: videos musicales y marquesinas parecen porno, las chicas bailan como boliches queriendo parecer strippers y los hombres comunes tratan de hacer movimientos porno en la cama”. En el caso de Poringa! claramente el miembro activo le dedica un tiempo y esfuerzo que un usuario casual no hace. Sin embargo, este último al consumir anónimamente también interactúa con el discurso integrado en los contenidos y en la página. Busca allí sus fantasías, y también construye nuevas en base al contenido que encuentra.

Uno, dos, porno violento

Es un consenso que prácticamente todos los sitios pornográficos están destinados a los hombres. La mujer aparece sólo en calidad de objeto de deseo del hombre. Lo llamativo es que en el caso de una red social como Poringa!, la mujer existe también como miembro de la comunidad, tensándose agencia y objetificación. Las reglas de las fiestas poringueras dan cuenta de esto, asegurando un código de respeto para las mujeres. La fiesta destinada a agasajarlas […] y tienen el privilegio de no ser molestadas ni incomodadas por los presentes”. Sin embargo, y en contraste con esto, las descripciones y contenidos que componen la mayoría del contenido de la página proponen otro modelo de relación con la mujer que extrema la objetificación al punto de la violencia.

Los títulos van desde lo celebratorio (“Increible lo que coje la argenta Amateur”) y la objetificación (“Acabas 1 litro de leche con estas tetas hermosas”) al llano placer por violentar (“Le tapan los ojos y la hacen pelota! (grupal)”, “Increible rotura anal a pendeja de 19”, “Me encanta la forma en que monta y como grita cuando le revientan el culo!”). Este daño en algunos casos aparece justificado discursivamente por la actitud de las mujeres, por ser “putas”, en lo cual la violencia se metaboliza en parte castigo y parte deseo de la mujer (“El Culo del año, hermosa pendeja y super putita!”, “Ana es extremeadamente puta, sino mira…”). Géneros como el bukkake o el gangbang son la regla antes que la excepción. En el documental Hot Girls Wanted, se detalla el popular subgénero facial abuse, en el cual la actriz simula fellatio forzado hasta el vómito y luego lamerlo del piso. Como el sitio se llama LatinAbuse este comportamiento es combinado con insultos racistas. Según el mismo film, 40% del porno online contiene alguna forma de violencia contra la mujer.

Los posteos con más puntaje en gran medida son aquellos que compilan filmaciones amateurs de escasa duración y mala calidad. Su “realidad” es un factor atractivo para los consumidores, que los eligen por sobre otros videos profesionales, o por lo menos los consumen en iguales condiciones. Posteos como “Rubia Argentina Cheta de Martinez Con el Amigo Quejandose Por que No Le Entra la Pija xD” o Argentinas Teen Wachiturras Ineditos Peteras Amateurs, son sólo ejemplos entre decenas similares. La proximidad, tanto geográfica como cultural, genera tal vez un efecto de mayor verosimilitud en la fantasía de hacer realidad lo que uno esta viendo. También podría operar un cierto morbo en este consumo, cargado de cuestiones de clase. La industria pornográfica no ignora la tendencia, por lo que hoy por hoy, la mayoría de la producción adhiere a un canon estético que emula esa sensación “amateur”, en el simulacro de sexo casual real en series populares como Fake Taxi o Bang Bus.

Cuando el borramiento entre la “realidad” y la ficción se suma a una política de género misógina, la celebración del sexo como violencia, y como vimos al comienzo, un acceso irrestricto e ilimitado a estos contenidos, el resultado potencial es la naturalización de ciertas prácticas y actitudes sexuales que tienen consecuencias en nuestras vidas personales y la sociedad en general. En la segunda parte del informe, exploraremos en profundidad estas tendencias y las consecuencias que traen consigo. Mientras tanto, siéntanse de libre de cortar y pegar cualquier parte de la nota en su buscador favorito. Nadie lo esta mirando.

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