Dos realidades, un paredón y una ficción

Paredones

LBF estuvo presente en la filmación de un capítulo de Paredones, la ficción con no actores. La serie ataca las problemáticas de la discriminación, la segregación social y la marginalidad integrando chicos de bajos recursos para que puedan expresarse en un contexto artístico. Crónica y fotos de un día lleno de dualidades y conflictos sociales a flor de piel.

 Texto y fotos: Ignacio Damonte. Ilustración: Groger Gutiérrez.

5.30AM del día más frío del año. Cinco grados bajo cero. Después de soportar el tráfico de la General Paz finalmente llegué al punto de encuentro. Me esperaba un equipo de filmación y mi tarea consistía en sacar fotos y escribir una crónica del día de grabación de una serie para TV distinta: Paredones, la ficción con no actores.

La producción de Ser TV pone al descubierto problemas de nuestra sociedad, que separa con un paredón a la miseria de la riqueza. Los “actores” de la serie son personas del mundo real que encarnan un personaje. Aquí no hay escuela de teatro, ni técnicas actorales. Hay historias y conflictos que suceden a diario con una pared de por medio.

Santiago Figueroa, director, viene batallando hace años junto a Agustina Jait, productora ejecutiva, para tener aire y dar a conocer problemáticas sociales, tocarlas en detalle y sin medias tintas. Ir al hueso. Desde el reino esclavo que comandan una modelo y un empresario textil; hasta la brutal modalidad que se extendió en grupos adolescentes de clase alta: perseguir y golpear adictos al paco. Siempre el conflicto en medio de la escena, sin temerle. No dejan espacio a segundas lecturas, cuentan las cosas como son.

Fincas de Maschwitz, Barrio Santos Vega, La cava, Puerto Madero, Martinez, Ciudad Oculta, Villa Tranquila, Villa del bajo de San Isidro, algunos de los sets de filmación reales que utiliza Paredones

Les fue difícil conseguir un espacio en la televisión. De a poco las ficciones que muestran la realidad perdieron espacio con aquellas que eligen prefabricarla. Finalmente apareció América y el programa Pasión de Sábado como plataforma para cortos intensos y sin vueltas. Así nacieron Corazón Valiente, Prendas Clandestinas, Los AntiPaco, La entregadora, Tres hermanos, Niños Armados, Sueños Callejeros y Clase de Amor, capítulo que se filma en un country mientras acompaño al equipo. En cada uno de ellos se puede observar la tensión que existe entre dos mundos. Los paredones están ahí encerrando los barrios privados; son altos, fríos e inquebrantables. Hay quienes quieren – creen en – separar a unos de otros, por miedo, por prejuicios, por hipocresía. Y eso se expone en cada envío de Paredones.

¿Qué busca un realizador que pone en juego sus ahorros, fuerzas y vida personal al servicio de una serie así? Con la experiencia que tiene en los medios, Santiago podría estar haciendo otra de las tantas ficciones condescendientes y quizás ganando mejor y viviendo más tranquilo. Pero para él, el compromiso es todo, y no teme caer en golpes bajos.

“Yo no me siento parte de los medios en sí, soy un simple director que cuenta una realidad dividida por un Paredón. Me siento comprometido con lo que hago y cuento lo que veo, lo filmo. Si me pareciera que filmo golpes bajos no me pongo a filmar, eso no lo haría nunca. No cortaría nada así, porque iría en contra de lo que estoy haciendo. Cuanto más real queda la cosa, mejor estoy haciendo mi laburo. Yo filmo 100 por ciento realismo. Es a la inversa, si lo que veo no queda real lo corto, si queda real, lo dejo”.

La única forma de tirar abajo ese paredón es contando cómo se mezclan las vidas de dos realidades distintas y cómo siempre convergen en un mismo camino. El pibe de La Horqueta que sale a comprar cocaína a La Cava, o la obsesión de una modelo por tener su marca de ropa, sin detenerse en que emplea un taller clandestino. Las acciones de unos tienen consecuencias en todos y desde la integración, Santiago busca un cambio.

“La idea principal de Paredones siempre fue tratar de integrar a los chicos de recursos más bajos dentro del arte audiovisual, en este caso dentro de la televisión. Es un espacio no tan explorado por gente de bajos recursos, sí en el cine, teatro y otras ramas. La TV no tiene un espacio donde puedan expresarse y actuar. La idea es provocar un cambio integrándolos a la TV y que puedan utilizarla más allá de la actuación, como herramienta y como salida laboral. Queremos provocar un cambio en los chicos”.

El hecho de darle espacio a personas que no tienen un lugar dónde expresarse y que lo hagan representando su vida cotidiana provoca que las actuaciones sean más sentidas, más reales. Santiago no quiere rigor actoral, ni guiones acartonados. Busca otra cosa.

“En los chicos que trabajan con nosotros encuentro naturalidad, que a veces no encuentro con actores que estudiaron en las mejores escuelas de Belgrano o en el San Martín. Es gente común que cuenta cosas que vivieron y que les pasaron. Tienen ganas de expresarse y de soñar y que las cosas que sueñan se les hagan realidad”.

Esto salió de un proyecto casi de colegio secundario. Entramos a una villa y a un country a filmar tres personas y hoy tener aire es un montón

En el capítulo que se filma hoy, actúan 5 adolescentes. Todos de orígenes distintos. Ale es jardinero, vive en la villa y consigue trabajo en una casa que está del otro lado del paredón. Allí conoce a Vicky, la hija menor de una familia adinerada. Por supuesto, se enamoran y empiezan los problemas. Lucas, hermano de Vicky, no permite la relación y despide a Ale humillándolo por sus orígines humiles. Todo cambiará cuando dos ladrones (Juan y Sebastián) entren a robar y Daniel terminé dandoles una clase de amor a los ricos.

Cuando puedo, o la filmación lo permite, hablo con los protagonistas. Daniel (Ale, el jardinero) vive en el barrio Santos Vega, en el límite entre Lomas del Mirador y San Justo. Santiago lo convocó a él y a su esposa hace cuatro años para el primer capítulo y ahora vuelve a actuar en Clase de Amor. Juan y Sebastián son hermanos y trabajan en la calle como vendedores ambulantes. Tampoco es su primera vez en Paredones. Los tres conviven con todas las situaciones que se retratan en la serie, han sufrido en carne propia la discriminación de los ricos por vivir “del otro lado del paredón”.

En el silencio del country, Juan y Sebastián rompen con la solemnidad. “La gente que tiene plata discrimina al pobre, siempre. No podes comparar un country con una villa. Para todos es lindo un lugar así, pero para mi es feo porque no puedo vivir libremente como en mi casa”. Lo dicen mientras tres guardias de seguridad rodean la casa donde se está filmando. No sabemos si un vecino, molesto por algún motivo, los alertó de nuestra presencia, o si estamos rompiendo alguna “ley”, pero hay un dejo de desconfianza en la mirada de quienes representan la autoridad de este lado.

En algunos capítulos la temática es muy cruda y polémica. En esta ocasión, Santiago se dio el espacio para tocar otra fibra sensible de los televidentes. Para algunos puede parecer una historia inocente de amor, pero para otros puede ser el mismo problema de todos los días: no estar a la altura de las expectativas del otro, y vivir bajo la estigmatización.

Estaría bueno una mejor relación entre los humildes y los que más tienen. Pero tendría que cambiar la sociedad. Que no nos juzguen por cómo nos vestimos. Los chorros más grandes se visten de trajes y trabajan en el Congreso

Juan lo vivió: “A mi me pasó lo que pasa en la serie. Me sentí menos con mis últimas dos parejas, porque ellas vivían en un barrio mejor. Sus familias siempre me veían cara de delincuente”. Sebastián habla de sus hijos y del padre de su mujer que también lo puso a prueba más de una vez. Pero “a la larga siempre nos salimos con la nuestra”, dice apurando el cigarrillo para volver a grabar su escena.

Después de un parate para almorzar y terminar de filmar fuera de la casa, nos trasladamos hacia la villa que está detrás del country. En apenas 200 metros el panorama cambia drásticamente. De mansiones con pileta y club house, a casillas de madera y chapa sin escala.

Mientras vamos parando con la camioneta para filmar distintas escenas, los vecinos empiezan a acercarse. Todos conocen la serie por Pasión de Sábado y le mandan saludos a Cristian U. Hay que filmar a Daniel salir caminando de una casa del barrio para darle continuidad a la historia. Es horario de vuelta del colegio y la calle se llena de niños con sus guardapolvos blancos. Una señora ofrece su casa para realizar tomas y deja entrar a Ale sin poner ninguna traba. Ella no necesita de guardias de seguridad, con confiar le alcanza.

http://youtu.be/6jmD-r7VRJE

Seguimos viaje con la camioneta para filmar la última parte. Ya eran cerca de las 7 de la tarde y habían pasado 13 horas desde el comienzo de la jornada, pero Santiago seguía atento a todo como si recién hubiera arrancado. Ve una esquina y hace parar al equipo para grabar. Decide tomar imágenes en la galería del centro, quiere esa escena que cierre la historia: la que demuestra que el amor prevaleció por sobre las diferencias económicas y sociales. Vicky y Daniel tienen que caminar de la mano por el barrio rico para poner el punto final con optimismo.

Volviendo para la productora, enumero junto a Santi los temas que tocó la serie. Drogas, explotación, trata de personas, abuso de menores, maltrato animal, amor no correspondido, la lucha de un adicto. Cada una de esas marcas indelebles en la sociedad pasaron por Paredones. Y cada una de ellas contó con el apoyo de un referente en su lucha. El INADI, Margarita Barrientos, Susana Trimarco, Las Madres del Paco y otros pusieron su voz y mensaje para cerrar cada sábado el segmento en Pasión de Sábado. La conclusión perfecta para semejante realismo con el que se filma el día a día de una ciudad llena de injusticias, es escuchar a las personas que las padecen contar su historia de resurrección, cómo volvieron a ponerse de pie y cómo lograron modificar su realidad.

La sociedad vive separada por un paredón. Se hace mucha diferencia. Lo noto en todo. Mismo acá, estamos en un country, que es divino, pero al lado tenemos una villa enorme.

Esto no termina acá. Alcoholismo, mujeres cartoneras y el tráfico de armas también serán temas para próximos capítulos. Santiago quiere seguir contando conflictos que incomoden y que ayuden a cambiar las cosas. Se anima a soñar más alto incluso: “Me gustaría que se sumen a Paredones personas que estudiaron para capacitar a chicos de la calle y enseñarles para sacarlos de ahí”. La serie tiene un objetivo, una misión. Quiere tener un correlato en la realidad. Esto ya dejó de ser ficción y pasó a otro plano. El Paredón ya se empezó a derrumbar.

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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