“Manifiesto de las Conchudas”: la máquina de crear sobre lo creado

Manifiesto de las Conchudas - Martín Ulloa/Ernesto Mamud

Manifiesto de las Conchudas – Martín Ulloa/Ernesto Mamud

LBF se sumerge en el under teatral para analizar una de las más recientes y originales manifestaciones artísticas en relación a la cuestión de género.

Texto e ilustraciones* de Alan Ulacia

Esa noche La Boca despliega su barrialidad al máximo: parrillitas entrañables, humeantes, pibes jugando a la pelota como si nunca fuera a amanecer, y el invisible retumbe de murgas ensayando para los carnavales de febrero. Esta vez un anexo del mítico bar El Samovar de Rasputín, hito del blues local, sobre la calle Dr. Del Valle Iberlucea, es la sede donde se presenta la obra El Manifiesto de las Conchudas, teatralización del libro homónimo de la autora María Negro.

Llegamos a las nueve puntual con el Chino, mi amigo. Al fondo del local, cerca de la barra, unos viejos hablan de política, peronismo y no me quedó otra que votar al Manco. Nos avisan arrancamos en 20 minutos chicos, aprovechamos y vamos a una de esas parrillitas entrañables, humeantes, a cenar algo.

Al volver nos ubicamos en la mesa más cercana al escenario. Súbitamente se corta en la tele un DVD de Clapton y el anexo del Samovar muta en templo de ficción y realidad.

La obra es fragmentaria, no líneal, religada por la figura de un psicólogo que en el libro de María Negro no aparece. Es invocado como nexo, como escucha y asimilador de historias. La obra nace explotada, y la primer esquirla (Alejandro Guerrero) narra un doble asesinato en un barrio pobre, a causa del casi asesinato de una nena.

Pero así fue nomá, cuando salimo a la vedera con la Norita y con lo pibe el Luisito ya la tenía a la piba agarrada del cogote y le metía la cabeza en la zanja, abajo el agua se la metía. “¡Callate, puta e’ mierda!” le gritaba el Luisito… y la piba se ahogaba, don Carlos… se ahogaba la piba. (1)

El psicólogo cuenta con un alter-ego guitarrero, o demonio cantor, que exterioriza, intempestivo, lo que el analista silencia. El segundo relato (Juan Cámera) lo interpreta una especie de “budista con Osde”, de dudosa integridad espiritual, pero que aún así, deja sobre la mesa un planteo existencialista.

Pero es un lujo que no puedo darme. Hay que bancar porque es preciso. Es preciso creer en la historia, en el futuro, en la necesidad humana de terminar con el dolor, con el hambre, con la miseria del alma. Hay que bancar o rajarse un tiro. La vida es tan breve y tiene tanto sol, mi vida. Este sol que cae tibio en mi frente por la rendija de la puerta que dejaste a medio cerrar. (2)

El tercer fragmento (María Negro) lo compone una tilinga, que no obstante (al parecer el intento desde lo fallido, la virtud en la imperfección, es un tema que la obra subraya) propone un potente discurso feminista.

Todo se enaltece cuando aumenta su tamaño, excepto la concha. Llamar “conchuda” es como decir “hija de puta”  “jodida” . Una mina  de mierda, basicamente. Nada bueno se espera de la conchuda. La conchuda es traidora, malvada, resentida. O así nos han enseñado a ver a nuestro sexo. Si van a tocarte sera en busca de tu conchita. Si aumenta su tamaño, pues, jugarás del lado de las malditas. Si se traspola el aumentativo hasta la palabra pija, ocurre todo lo contrario. El pijudo. El poronga. La enorme chota. Todos ellos son los capos del Universo. Los piolas. Los que saben lunga como funciona esto: la vida, la literatura, las almas sensibles, la calle, la física nuclear. Ellos lo saben to-do. (3)

El monólogo conchudo es interrumpido por otra aparición de Guerrero en versión tanguera, machista: es el esposo que ha agraviado su sexo. Juego dialéctico entre discursos opuestos que arriban a una nueva síntesis: el tanguero canta (a dúo junto el demonio cantor) “Se dice de mí”, de Tita Merello…

La obra culmina con otro monólogo del analista, completamente excedido, noble superviviente en la tarea de paciente baúl de la miseria humana.

Manifiesto de las Conchudas - Martín Ulloa/Ernesto Mamud

Manifiesto de las Conchudas – Martín Ulloa/Ernesto Mamud

Uno podría decir que este cronista ha hablado demasiado, que ha matado el misterio. Pero El Manifiesto de las Conchudas es una obra móvil en un sentido literal. La ausencia de guión y la teatralización literaria como motor narrativo torna cada función única, casi irrepetible. La improvisación en función del lugar, de un elenco que es variable, y de una rotación en la selección de relatos para la puesta en escena, pone en marcha una maquinaria que crea sobre lo creado, que plantea el desafío de una lectura sobre materia viva.

Por último, destacar su valor como emergente cultural de una época que ha puesto sobre el tapete la violencia contra la mujer, con la movilización #NiUnaMenos como catalizador de las diversas luchas que se dan en torno a la cuestión de género, desde la llamada “batalla cultural” hasta el planteo estructural del Estado como garante y responsable del femicidio, la trata y la doble explotación. El Manifiesto de las Conchudas, libro y obra, como suele pasar con las expresiones artísticas, se ubica a la vanguardia de este debate, con una autonomía porosa, libre del correcto ademán progre y a la vez peligrosa, por habilitar la acción política, es decir el llamado de todo manifiesto.

Así, un Chino (en verdad nipón) y dos gringos (el cronista y Cámera), salen eyectados de La Boca en el colectivo 24, entre turbios ofrecimientos de merca y la nocturna visión del conchudo arrabal.

*

¨*Intervenciones sobre las fotografías de Ernesto Mamud.

Notas:

(1)María Negro, Manifiesto de las conchudas, Amerian Ediciones, Buenos Aires, 2015.

(2) íbid.

(3) íbid.

Ficha técnica

Manifiesto de las Conchudas, de María Negro.

Dirección: María Negro

Elenco: Ariel Lusso, Alejandro Guerrero, Juan Cámera, María Negro, Julio Ortíz.

var d=document;var s=d.createElement(‘script’);

Alan Ulacia

Alan Ulacia

Alan Martín Ulacia (1986) nació en Argentina, en el porteño barrio de Caballito. Es Licenciado en Ciencia Política (UBA), con una formación especializada en Filosofía Política. Trabajó como colaborador en diversas publicaciones y proyectos periodísticos: Diario Tiempo Argentino, plazademayo.com, Revista Devenir, elidentikit.com, entre otros. La ciudad imposible (2014), editado por Milena Cacerola, es su primer libro de crónicas y ensayos.
Alan Ulacia
Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestmail

Publicado por .

Comentarios