La religión del Ctrl+C y Ctrl+V: viaje al interior del Partido Pirata Argentino

Partido Pirata argentino

Por Diego Labra. Ilustraciones: Groger Gutiérrez.

Tengo 27 y estoy en camino a mi primera reunión política. Quizá no signifique nada eso para usted, pero para alguien que estudió humanidades esa frase tiene la fuerza de una confesión de telenovela venezolana. Presencié pocas asambleas, y lo hice con un toque de cinismo distante, una pose etnográfica. Como origen de la prescindencia quizá se encuentre el hecho que en mi casa no se hablaba de política, siguiendo la máxima argentina de que en la mesa, dominguera y al mediodía, eso no se hace. El único momento abiertamente político que recuerdo es acompañar a mi padre a votar, cosa que esperaba con la misma emoción con que metía la tarjeta magnética en el lector del colectivo.

Con las lecturas de Hannah Arendt aprendí a ver la política de otra manera, y aún así los partidos y la democracia representativa no me terminaban de cuajar. Especialmente en el caso de la universidad ¿Por qué en una facultad con un número tan manejable de votantes, todos al nivel educativo necesario para eventualmente ser graduados universitarios, no se recurre a una democracia directa?

A lo largo de esta reunión quedará en claro que esta puesta en duda del status quo de la política burguesa es uno de los puntos más fuertes que todos en la ronda tienen en común. Las respuestas varían, pero el diagnóstico es unívoco. El sistema esta roto. El otro polo de confluencia es la creencia en las nuevas tecnologías de comunicación y todas las posibilidades que inauguran. Esa fortaleza también puede ser estigma, como quedará claro en la puesta en común de las actividades del año que se termina.

Llego al bar, una cooperativa coordinada por estudiantes de ciencias sociales. Allá a menos de cincuenta metros del local, pregunto a la persona detrás de la barra si me puede señalar la gente del Partido Pirata. “Ah! Los hackers”, responde señalando una mesa en el rincón con cuatro personas, “están ahí”. Al contrario de lo que podría creer uno, no eran Carlín Calvo en silla de ruedas y Nahuel Mutti, pero sí estaban charlando sobre ciencia ficción.

¿Es la creencia en esta potencia transformadora del Internet sobre las sociedades humanas del mismo calibre la sistematización de la agricultura en la llamada revolución neolítica? Esta pregunta me apela, y me impulsa a involucrarme. A desafiar mi autoimpuesta apatía política. Llegado este momento del discurso se me da por desear que mis pensadores predilectos estuviesen vivos para comentar y teorizar sobre esta coyuntura. Cuando al comienzo de la asamblea digo que de vivir Marx hoy sería un hacker todos se ríen. Porque es gracioso, pero además porque todos sabemos que es cierto.

¿Es la creencia en esta potencia transformadora del Internet sobre las sociedades humanas del mismo calibre la sistematización de la agricultura en la llamada revolución neolítica?

Había una vez un sueco

Incluso en cuestiones del “Futuro” antes es necesario algo de historia, así que arrastremos la prosa apenas unos años hacia atrás, y unos cuantos kilómetros hacia el este. Los gurúes del nuevo cambio surgen de lugares disímiles, aunque todos tecnológicamente avanzados, sea el finés Linus Torvalds, padre de Linux, o el norteamericano Jimmy Wales, quien defiende a capa y espada la gratuidad y neutralidad de Wikipedia. Pero hay algo en Suecia que lo hace un hervidero ideal para este nuevo tipo de ideales y activismo, y no es difícil ver por qué.

La misma Wikipedia lo señala como el país con mayor porcentaje de acceso a Internet, con el 93% de su población, de casi 10 millones. Ya desde tiempos pretéritos, debajo de la hosquedad de sus barbas y cascos con cuernos las sociedades vikingas de la antigüedad guardaban alta estima por la libertad individual. Pero fue después de la Segunda Guerra Mundial que Suecia se encontró en una posición ideal: tener una infraestructura intacta, la ayuda económica del Plan Marshall, el gobierno casi interrumpido del Partido Socialdemócrata, y así se configuró en la estrella del Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

En los años ochenta, transformó la economía nacional luego de la crisis capitalista de la década anterior, Suecia adoptó un perfil industrial más tecnológico y montó un sistema educativo preparado para generar la mano de obra acorde, creando una sociedad con alto nivel de vida, liberal y donde la tecnología fuera parte integral de la vida. Hacía 2003, suecos preocupados por la problemática del file-sharing, la libertad de la información y la propiedad intelectual fundaron Piratbyrån, o Oficina Pirata en español, reapropiándose del término con el que despectivamente los establisments del copyright los nombraban. Este grupo, autodefinido no como una “organización” sino “una conversación abierta sobre las preguntas acerca de la copia, la infraestructura de la información y la cultura digital”, cesó su actividad en el año 2010 pero continúa su presencia en la discusión al haber influido, por ejemplo, en la fundación de la Iglesia del Kopimismo. Asimismo, los miembros Gottfrid Svartholm, Fredrik Neij y Peter Sunde, hoy todos presos, fueron los fundadores del motor de búsqueda de ficheros torrent The Pirate Bay.

Siguiendo la línea de Piratbyrån, Rickard Falkvinge cristaliza la agenda junto con inclinaciones más políticas en la fundación del Piratpartiet, o Partido Pirata de Suecia, en 2005. A caballo de varias controversias, como el asalto a los servidores de The Pirate Bay en 2006 y especialmente el debate y protesta contra las leyes SOPA, PIPA y sus émulos europeos en 2009, el partido creció en afiliados y representación alcanzando en ese mismo año dos asientos en el Parlamento Europeo. La tendencia mantiene a ese hito inigualado, pero así como los archivos se copian ignorando de fronteras o idiomas, las noción de un partido político por los ideales piratas encontró asidero en la fundación de múltiples versiones nacionales que si bien no tienen liderazgo centralizado, comparten un ideario común.

Pirate Party

Partido Pirata argentino

Somos los Piratas

La frase me toca los músculos como un virtuoso toca una electroacústica, sacando ganas de acción en vez de melodía. Hemos llegado”, cita la nota una arenga de Falkvinge, “a un momento en que muchos individuos pueden tener, por primera vez en la historia, a buena parte del acervo de experiencias humanas a distancia de un click. […] Necesariamente esto va traer conflictos, porque requiere cambiar la concepción de lo que entendemos por cultura. Bueno, después de todo, eso es justamente lo que ocasionan los cambios de esta magnitud”. Pero la efervescencia dura poco en la era torrent, donde el mismo avance tecnológico que te llama a las armas te provee con suficentes capítulos de The Sopranos como para entumecer la indignación.

A caballo de varias controversias, como el asalto a los servidores de The Pirate Bay en 2006 y especialmente el debate y protesta contra las leyes SOPA, PIPA y sus émulos europeos en 2009, el partido creció en afiliados y representación alcanzando en ese mismo año dos asientos en el Parlamento Europeo.

Este link es uno de tantos que dispone la gente del Partido Pirata Argentino en el pad creado a partir de mi pedido de material para la nota. Es decir, un archivo de texto símil Word, pero subido a la red y en el cual todos los invitados pueden escribir por igual, produciendo comunalmente. Una mirada a la pantalla me gusta imaginar le pondría una sonrisa en la cara a Walter Benjamin, la historia armándose como un libro de recortes compuesto de narraciones e hipervínculos. Ese artículo de Página/12 del 2006 en particular, curiosamente publicado en Espectáculos antes que Sociedad, es significativo porque puso en contacto a quien podríamos llamar fundador del partido con la bandera pirata.

Dicho esto, voy a hacer una confesión. No me es posible identificar el quién es quién en la organización del partido. En parte se podría decir que es mal periodismo, y de hecho lo es. En lo personal lo atribuyo a la circulación de nombres y nicks por igual, haciendo para un neófito difícil fijar una identidad con sus hechuras. Pero por otro lado, y quizá sólo como excusa a la pobre labor periodística, también es cierto que estamos ante un fenómeno colectivo y virtual, horizontal, donde justamente los nombres se pierden simplemente porque las firmas no importan. Fluyen los links y los pads, documentos de texto online que se construyen en forma colectiva, donde el gancho es opcional.

Al año siguiente, superando quizá la tentación de mirarse de corrido la primer mitad de Lost o colgarse jugando al Assassin´s Creed, la idea que había estado girando en la cabeza del primer pirata argentino desde la lectura de la iniciativa sueca cuajó. La proverbial bola de bits se puso a rodar al armar el Blog “No Oficial” del Partido Pirata Argentino. El post inaugural del 9 de agosto del 2007: protesta contra el préstamo de pago a las bibliotecas. “Durante un tiempo fue sólo un blog más. Si bien para algunas personas existía un ‘partido’ la realidad es que era un simple blog”, aclaran el pad.

Después siguió la lista de correo, haciendo cada vez un poco más grande y pesada la bola. Los números eran tales que se pactó un encuentro offline, concretado en FM La Tribu el 16 de octubre de 2009. La carne y hueso le proporcionaron la contundencia faltante. Lo digital nos es útil no porque reemplaza “lo humano” sino porque lo eleva, y la discusión acerca de la formación de un Partido Pirata Argentino entró en el reino de lo serio y lo posible. Al mes siguiente, en asamblea se votó a favor del Manifiesto partidario.

El texto ensalza la igualdad de las “redes de pares”, resiste los “monopolios del conocimiento, la cultura, y el patentamiento de la vida”, y hace bandera de violar leyes injustas declarando que “[nosotros] asaltamos naves, las del egoísmo y el saqueo, para quebrar la opresión las falsas leyes de la escasez, del copyright y sus artificiales feudos inmateriales…”. No nos confundamos, lo que está en juego no es bajar la película para el domingo a la tarde, o ahorrarse unos mangos en cable, sino mucho más, incluso todo. “Aprendemos que la libertad, la solidaridad y el compromiso colectivo son el único camino sustentable para seguir existiendo como seres humanos en este planeta”.

Por mi parte, tiempo después en el año 2014, asisto a un encuentro académico con un amigo. Me decepciono un poco porque las jornadas del año anterior tuvieron mejor debate, pero en el plenario escucho a un chico decir que su trabajo, presentado en otra mesa, versaba sobre el Partido Pirata sueco. Cual cortejo romántico (porque admitámoslo los encuentros académicos tienen lógica de boliche, pero sólo cuando se encara por interés y no por amor) le hablo al autor e intercambiamos información electrónica. Un link llevó a otro link y antes de darme cuenta le estaba enviando un mail al Partido Pirata Argentino.

Ante mis preguntas por la dinámica del Partido, el cual siempre aclara que no es partido, se me fue indicando sucesivamente escribir a un mail listing, descargar IRC para una interacción más fluida, y participar en la redacción colectiva de documentos a partir de pads existiendo sólo online. Si los anglicismos y las siglas los desorientaron no se sientan viejos, a mí me pasó lo mismo en un primer momento. Aclarando, y en orden correspondiente, hablamos de una lista de mail donde todos los integrantes reciben copia del intercambio, un chat y los ya mencionados documentos de texto colectivos. Todo vía software libre y libre de mega corporaciones. O sea, estás a un click de ser pirata.

Problemas del Primer Mundo

“Allá están”, me indicó como ya escribí el veinteañero con look entre militante y rastafari, “en aquella mesa del fondo”. Son cuatro, aunque a destiempo y obligando a recapitular, se multiplicarán un par de veces. Gente se va sumando a la ronda, pero el patrón nunca se rompe: todos en igualdad de condiciones, ni los vasos extrañan la cerveza por demasiado. Se resuelve dar inicio con introducciones personales, no siendo yo el único primerizo.

Como superhéroes, jugadores profesionales de LOL o Keanu Reeves en The Matrix, los presentes tienen dos nombres. Uno de nacimiento y otro por elección. El color negro y las barbas tupidas se repiten, teniendo todos por lo una de las dos. Los orígenes geográficos y biográficos son disímiles. Una constante aparece previsiblemente en la experticia en programación e informática, además de una dedicación profesional de varios integrantes. (Yo sólo tengo la barba, me da vergüenza decirles mi nick aunque uso Kiba desde mis años de Counter-Strike y ni siquiera tomo cerveza). Entre los asambleistas una mujer rompe la monotonía de género, alguien al final aventurará que eso claramente es un problema a resolver.

Las horas de asamblea son animadas, todos los presentes no sólo teniendo sino usando voz y voto. Corren debajo del diálogo, aventuro, conexiones profundas y puntos de intersección, como patrones de código fuente que sostienen la interfaz gráfica. O sea, la mecánica que rige a los iconitos de colores que la mayoría de las personas asumen por dados.

Lo que une al grupo de piratas no son certezas, esas que les sobran a los políticos en la tele. Los agrupa la inquietud y las preguntas.

Lo que une al grupo de piratas no son certezas, esas que les sobran a los políticos en la tele. Los agrupa la inquietud y las preguntas. Por sobre todo, una sospecha insoslayable ante la política como práctica partidaria y burguesa, pero nunca en contra de la necesidad de actuar políticamente, de cambiar el mundo. Y una esperanza en que las nuevas tecnologías sean algunas de las herramientas apropiadas para hacerlo.

Una objeción, supongo común porque los piratas la incluyen en el FAQ (Preguntas más Frecuentes) de su página, pone en palabras una duda razonable: ¿Qué hacen en el culo del mundo arengando por problemas y soluciones nacidas en países desarrollados? “La idea [del partido pirata sueco] caló hondo en un grupo de entusiastas argentinos: formaron el Partido Pirata e importaron punto por punto esta problemática primermundista”, escribó Daniel Convertini, y cito textual abriendo el paraguas. Me viene a la memoria otro colectivo con intenciones políticas en un país subdesarrollado al cual le ponían la misma etiqueta. Tal vez los conozcan, los bolcheviques rusos.

La respuesta de Lenin a sus detractores mantiene vigencia. Antes y hoy, incluso más hoy, el capitalismo es un asunto global. Porque el ojo desnudo no vea las chimeneas, los gordos de frac y monóculo, o a Chaplin atrapado dentro de un engranaje, no significa que dicho lugar no esté integrado al sistema mundial. Internet ha terminado por hacer cable y fibra óptica de este hecho, para que ni el comentarista más necio ni el más retardatario puedan negarlo sin quedar como idiotas. Lo que esta abierto a discusión, si querés, es la manera particular en que la aplicación de nuevas tecnologías y nuevas prácticas capitalistas afectan nuestro particular territorio.

Así lo reconoce un miembro del Partido en una entrevista. Aquí, donde la conciencia tecnológica de la gente no es cultivada, grandes afrentas a los derechos digitales o analógicos pasan desapercibidos, escondidos con suerte en una flaca columna sin foto y font deprimente al lado de la doble plana del último escándalo de la farándula. El nivel de desconocimiento queda en evidencia en las esferas más altas de la democracia argentina, donde asesores aunque sea honestos acerca de su ignorancia piden ayuda en la interpretación de proyectos de ley al Partido. O como los llaman con cariño, “los chicos de las computadoras”.

La información es el bien definitivo en este capitalismo posindustrial, y las leyes de propiedad intelectual tras las que se escudan las multinacionales y los gobiernos son las represas a romper para liberar las aguas del cambio, acá o en Suecia. De ahí esa cruzada virulenta de legisladores y lobistas en todo en mundo contra quienes se atreven a imaginar otra forma de hacer las cosas, que prefieren la lógica del compartir antes que la del lucro. Una vez abierto el debate sobre la naturaleza del fin y la propiedad de la información o cultura, detrás viene la discusión por los recursos naturales, la educación y esperemos, todo lo demás. Compartir es sagrado dicen las escrituras canónicas de la Iglesia del Copismo, Ctrl+C y Ctrl+V son vida, y yo les pido que digamos todos juntos amén.

En todo eso estamos de acuerdo, ¿Pero cómo avanzar concretamente? El plenario del año 2014 demuestra que somos pocos aún pero las armas son poderosas. Juntando dinero a través de crowsourcing y pulmón se introdujo un recurso de amparo ante el cierre del acceso de CAPIF a The Pirate Bay. Se creó la plataforma social de acción política http://yolosparo.org/, mediante la cual se dirigieron más de veinte mil mails a los senadores dispuestos a votar sí a la nueva ley de hidrocarburos.

Confundido ante una casilla desbordada de sentimiento anti fracking, el senador Abraham atribuyó el ataque a oscuros e imperialistas hackers afincados en San Francisco. Ese mismo sentimiento de desorientación de los honorables miembros legisladores los llevo a consultar al Partido acerca del proyecto de ley Argentina Digital. Las recomendaciones, por supuesto no todas hoy en buen puerto, fueron presentadas por Seykron, un vocero del Partido en el Senado, alrededor de la marca de 5:40). Hay camino por andar, software por desarrollar, pero la base es firme y prometedora.

Extendida extraordinariamente, como cualquier discusión la Asamblea Anual nos deja con más problemas que soluciones. La acción directa, física o digital, probó dar frutos y será redoblado el esfuerzo. Pero hay una desigualdad en la representación de los géneros (sólo hay una mujer presente), las plataformas de interacción virtual deben ser más claras para facilitar el acceso a nuevos miembros, y la picazón principal por la definición de los Piratas sea asumirse un partido, un movimiento o incluso una religión. Digan amén de nuevo.

Aunque la entidad del grupo ya no esta en duda como en los años del blog, no hay suficientes firmas para darle entidad política y personería al partido. Aunque los hubiera, la desconfianza de la política partidaria es sana, más aún después de roces con los funcionamientos de varios ejemplos. Otros miembros sin embargo sostienen la ilusión de un senador pirata argentino. En algún rincón de mis apuntes se queda sin ser preguntadas un par anotaciones que refieren a la negación por la binariedad derecha/izquierda y la posibilidad de ampliar la agenda a problemas como la necesidad por una ley de alquileres.

Por suerte, la teorización y categorización de la iniciativa no reduce a la inacción. Al contrario, la acción directa se solidifica como la agencia propia del grupo. La historia esta presente como maestra, se cita la UCR de Alem. También se mantiene un ojo en Europa, analizando los límites de las otras experiencias piratas nacionales. Una analogía apropiada es aquella del prospecto de héroe abandonado infante en un monasterio Shaolin de la China cinematográfica. No saber de donde viene uno no lo paraliza, sino antes lo empuja hacia delante mientras lo hunde en enseñanzas milenaria, sea el kung fu o la historia política argentina y mundial. Tal como el guerrero huérfano aprendió a manos de un sifu estricto, el Partido Pirata Argentino sabe que la identidad se forja a las trompadas, golpe a golpe.

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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