Kosovo: el país que no puede ser

 LBF presenta un informe acerca de un país sinónimo de violencia, de bombardeo. Tras el imaginario que ha quedado, el autor devela, por medio de la historia, un trasfondo cultural y geopolítico clarificador.

Kosovo: el país que no puede ser

Por I.E.H (Desde Serbia). Ilustración: Natalia Giacobone.

El Maracaná está lleno, hay humo de fuegos artificiales, se escuchan aplausos y algunos chiflidos. Las 207 delegaciones comienzan a atravesar el cubierto campo de juego en Río de Janeiro. Y entonces aparece por primera vez en una ceremonia olímpica esa bandera azul con estrellas amarillas y el contorno de un territorio llamado Kosovo que algunos reconocen como país y otros, Argentina entre ellos, no. Mientras el pequeño grupo encabezado por la judoca Majlinda Kelmendi avanza hacia sus primeros juegos, la televisación oficial muestra en las tribunas a un hombre canoso, de rostro cuadrado y sonrisa artificial. Él es Hashim Thaçi, actual Presidente de la parcialmente reconocida República de Kosovo.

Kosovo es un país independiente, o más o menos, desde 2008. El 95% de su población es étnicamente albanesa, casi todos musulmanes; entre el 3 y 4% son serbios, y el resto se divide entre bosnios, turcos y romaníes (porque ahora está muy mal visto decir “gitanos”. Aparentemente). No vale la pena meterse demasiado en la historia de cómo y cuándo llegaron los eslavos a esa zona, ni cómo y cuándo llegaron los albaneses, simplemente porque a esta altura no es relevante. Alcanzará con decir que Kosovo era parte de Serbia dentro de Yugoslavia, que desde 1963 gozaba de una particular autonomía, que especialmente después de la muerte del líder yugoslavo Jozip Broz “Tito” los kosovares-albaneses se levantaron en marchas y protestas a reclamar derechos e igualdad que no tenían en un país netamente eslavo, que las guerras yugoslavas de los primeros 90s trajeron demasiada muerte, sangre, hambre y pobreza, además del fin de la autonomía regional. Alcanzará con decir que a mediados de los 90s se formó el Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK, por sus siglas en albanés) y que la guerra comenzó oficialmente en marzo de 1998, luego de la muerte de uno de sus líderes, Adem Jashari, a manos de la policía yugoslava, que la guerra trajo más odio que otra cosa y que la OTAN decidió bombardear Belgrado y otras ciudades serbias durante 78 días en 1999, causando demasiadas muertes civiles y destruyendo demasiada infraestructura, pero ganándose el agradecimiento de los kosovares-albaneses, que hoy decoran las calles de su capital con una estatua de Bill Clinton. Alcanzará con aclarar que UÇK recibió fuerte apoyo del exterior y que hoy sus veteranos son héroes nacionales, pese a que la organización tenía fuertes conexiones con el narcotráfico y eventualmente sería descrita como un grupo terrorista por gente de la talla de Robert Gelbard, representante americano en los Balcanes durante la gestión de Clinton.

Pero ningún pasado alcanzará para entender cómo Kosovo terminó como está hoy. Hashim Thaçi, hoy Presidente, fue parte de UÇK, llegó a ser uno de sus líderes, luego sería Primer Ministro antes de la declaración de independencia y el primer Primer Ministro de la nación ya independiente y hasta 2014, cuando fuera reemplazado por Isa Mustafa, de LDK, el partido que alguna vez fundara Ibrahim Rugova, considerado el primer presidente de Kosovo pese a que murió en 2006, dos años antes de la independencia.

Pese a abandonar el cargo, Thaçi no abandonó el poder. En 2014 las elecciones parlamentarias llevaron al poder a Mustafa y al LDK, pero en un sistema parlamentario la cosa no es tan fácil: hay que formar coalición o el gobierno se viene a pique y es para quilombo. Nadie quiere quilombo en Kosovo. Especialmente no quería quilombo el principal aliado histórico de Kosovo: Estados Unidos. Y lo dejó bien en claro Tracey Ann Jacobson, la embajadora estadounidense, cuando, en medio del conflicto por una elección inconclusa y un gobierno con pocas posibilidades de conformarse obligando a una nueva elección que Kosovo no podría afrontar económicamente, dijo “Mos e dhi punën“, algo así como “no se manden una cagada”. Los cagó a pedos públicamente. Y al otro día los rivales PDK (de Thaçi) y LDK (de Mustafa) eran aliados y formaban gobierno. Pero esa no fue la única acción de un embajador estadounidense involucrándose en la política local. En 2011 Christopher Dell, por entonces embajador, fue al parlamento y les dio a los miembros de LDK y PDK un sobrecito: “acá está su próximo presidente”, les dijo. Y todos acordaron apoyar a Antifete Jahjaga, una mujer policía con nula experiencia política a la que pocos conocían. Claro que en un sistema parlamentario el presidente es medio irrelevante. Pero…

Ese mismo 2014 Vetëvendosje (V! a partir de ahora) ganó las elecciones en la capital y Prishtina se convirtió en la primera localidad gobernada por el tercer partido en disputa. También ganaron unos cuantos escaños en el parlamento y hoy tienen 16 de 120 (PDK y LDK, en coalición gobernante desde 2014, tienen 33 cada uno). V! básicamente se opone a todo lo que haga PDK, LDK le resulta irrelevante porque para ellos el tema es Thaçi, el que tiene la manija.

En febrero de este año hubo elecciones presidenciales en el parlamento. Los dos candidatos eran de PDK: Thaçi y un tal Rama no relacionado con Edi Rama, el Primer Ministro de Albania. V! denunció fraude y sus miembros terminaron tirando gas lacrimógeno en medio de la sesión y siendo expulsados de la cámara. Thaçi ganó con el 100% de los votos y asumió como presidente el 7 de abril. Desde entonces que V! quiere convocar a una nueva elección presidencial en el parlamento y a una elección popular anticipada para Primer Ministro, que debiera ser en 2018 pero ellos la quieren este año. Dicen que PDK gana en base a amenazas, que si no los votás te quedás sin trabajo. Kosovo tiene más del 40% de desempleo, así que perder el laburo es algo muy serio.

V! básicamente se opone a todo lo que haga PDK, LDK le resulta irrelevante porque para ellos el tema es Thaçi, el que tiene la manija.

En el medio aparecen unos cuantos problemas: el primero es que Thaçi privatizó básicamente todas las empresas estatales, por poca guita y a grupos amigos cuando no a él mismo, en el proceso rajaron a muchísima gente y no les pagaron un mango; muchos de ellos aún protestan frente al Palacio Presidencial. El segundo punto es el proyecto relativo a la Zajednica, los municipios predominantemente serbios en Kosovo. El gobierno kosovar impulsa un proyecto de autonomía muy similar al de la República Srpska en Bosnia Herzegovina: dos países en uno, con dos capitales, dos constituciones y la imposibilidad de separarse, uno para cada etnia. Vamos a ser claros: Bosnia Herzegovina es un caos, la República Srpska es una mierda, e intentar lo mismo en Kosovo es una pelotudez. Pero esa es la salida que ofrecen PDK y LDK al conflicto con los serbo-kosovares y especialmente con Belgrado, que considera a Kosovo como parte de su territorio. Al mismo tiempo, tener el norte de Kosovo, donde vive la mayoría de los serbo-kosovares, como una zona sin ley que no controlan ni el Estado serbio ni el Kosovar, le permite a unos cuantos (incluyendo a varios amiguitos de Thaçi) hacer unos mangos con el contrabando.

Hashim Thaçi. Foto: Ignacio Hutin

Hashim Thaçi. Foto: IEH

V! se opone a todos estos acuerdos, propone saltear a Belgrado y dialogar con los serbo-kosovares directamente, como compatriotas. Pero el odio es tan grande que cualquier diálogo se vuelve muy complicado. Por otro lado los serbios en Kosovo representan menos de un 4% de la población, y un 4% no puede cambiar el rumbo por siempre. Además, V! propone modificar el sistema político y la Constitución para permitir la posibilidad de más referendums, incluyendo, más temprano que tarde, un referendum de unión con Albania (perdón, con la República de Albania, porque para ellos “Albania” es la Gran Albania, que incluye partes de Serbia, Montenegro, Grecia y media Macedonia) pese a que la Constitución kosovar lo prohíba. De hecho, Vetëvendosje significa literalmente “autodeterminación” y sus colores partidarios son el rojo y negro de la bandera albanesa, no el azul y amarillo de la kosovar. Claro que esa hipotética unión es para quilombo, y como ya hemos dicho, nadie quiere quilombo. Especialmente el principal aliado histórico de Kosovo… Por eso Estados Unidos suele apoyar a Thaçi, que no será lo mejor pero garantiza control y estabilidad. Prefieren las amenazas y la corrupción a cualquier cambio. Status quo o muerte.

Vamos a ser claros: Bosnia Herzegovina es un caos, la República Srpska es una mierda, e intentar lo mismo en Kosovo es una pelotudez.

El último problema es que Kosovo vive del aire. No se produce absolutamente nada en Kosovo. Nada de nada. Las fábricas que quedaban de tiempos yugoslavos no eran pocas pero jamás las utilizaron. Hoy Kosovo importa todo de Macedonia, de Grecia, de Egipto, de Libia, de Turquía y especialmente de su principal socio comercial y principal enemigo político: Serbia. Kosovo vive de la guita que mandan los kosovares desde Alemania, Suiza, Austria o Suecia. Es el único ingreso del país. V! propone investigar a fondo las privatizaciones, renacionalizar empresas y reactivar las viejas fábricas yugoslavas. Todo muy bonito. Mientras tanto, uno de los países más jóvenes del mundo no sólo en cuanto a años de independencia sino también en la edad promedio de sus habitantes, se está quedando sin jóvenes: todos se van. Y, claro, si no hay nada para hacer en Kosovo. A la mierda, me voy a Suiza. Y así es como el seleccionado de fútbol helvético tiene la mitad del equipo con apellidos albaneses.

V! impulsa marchas todo el tiempo en reclamo de elecciones anticipadas y en protesta contra el gobierno de Thaçi y Mustafa. Si es legítimo o no que un partido político elegido democráticamente para ocupar cargos en el parlamento organice marchas en contra del gobierno y tire gas lacrimógeno en medio de una sesión, queda a vuestro criterio. PDK suele referirse a V!, dicho sea de paso, como nacional-socialistas, marcando abiertamente un paralelismo con cierto partido alemán de los años 30s.

El último problema es que Kosovo vive del aire. No se produce absolutamente nada en Kosovo. Nada de nada. Las fábricas que quedaban de tiempos yugoslavos no eran pocas pero jamás las utilizaron.

Mientras tanto, el pasaporte kosovar tiene menos aceptación que el de Corea del Norte, la economía nacional se cae a pedazos y se patinan el presupuesto en una autopista que une Prishtina con Tirana en un país donde el salario promedio anda entre los 150 y 200 euros mensuales.

Pero el principal problema, al menos en términos simbólicos, sigue siendo la falta de reconocimiento. Serbia no lo deja ir pese a que Kosovo está perdido. Y supongamos que Kosovo vuelve a ser Serbia mañana mismo, ¿qué pasa entonces? Serbia se convierte en un país en donde entre el 25 y el 30% de los habitantes son étnicamente albaneses, eso significa que pueden ser gobierno sin mayores complicaciones. Y si Serbia tuviera un presidente albanés se iría todo al carajo. La única forma en la que Kosovo puede ser parte de Serbia es si rajan a los dos millones de albaneses que viven ahí. No hay otra. Por otro lado, Kosovo tiene una profunda crisis de identidad en la que nadie se reconoce como kosovar y se representan más con el águila bicéfala rojinegra que con ese mugroso y ficticio trapo con estrellas que nadie sabe bien ni qué simbolizan.

Kosovo es en definitiva un país absolutamente artificial, ficticio, en el que nadie cree ni nadie quiere creer, en el que sólo unos pocos son beneficiados y que se mantiene porque el status quo es mejor que cualquier conflicto, que vive gracias a beneficencia y que tiene bases militares extranjeras hasta en el orto, que se supone es protegido por las organizaciones internacionales KFOR y EULEX pero cuando los soldaditos ven la más nimia lucecita que pudiera ser una chispa que quizás remotamente encendiera una mecha, se rajan. Y el ciudadano raso se caga de hambre o se va a la mierda. A Suiza.

Mientras tanto Thaçi, cuasi monarca de Kosovo, disfruta la atención de las cámaras, aplaude a su delegación ante un Maracaná repleto, y sale de plano apenas unos segundos antes de que desfilen los atletas de Laos y la ceremonia siga su curso.

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De Castelar. Viajero, escritor, periodista y fotógrafo.
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