F.L.I.A., la alternativa existente

Feria del Libro

Para combatir el prejuicio general contra el trabajo independiente o la creencia de una inexistente alternativa real frente a los grandes grupos monopólicos de material intelectual y cultural, nada mejor como un evento como este: la FLIA.

Por Leandro Bukka White. Ilustraciones Groger Gutiérrez

El Corralón de Floresta (manzana designada entre las calles Gaona, Sanabria, Morón y Gualeguaychú) fue el lugar designado este año para llevar a cabo durante el Sábado 14 y Domingo 15 de abril, una de las manifestaciones más grandes de la cultura y el accionar independiente y auto-gestivo de Argentina y, por qué no, de toda Latinoamérica.

“Por la sigla de los siglos, F.L.I.A. reúne personas que escriben historias desde las cuatro latitudes y las mil y una dimensiones de ese monstruo que a veces llamamos arte y cuándo no, pasión. Elegimos –abandonar el cuerpo y pasar a – un contínuo cuerpo que se desarma y se reconstruye, habitando la contundencia de lo que nos pasa. Somos el pasado amante – y el ninguneado también –, un presente de millones de vectores diferentes de un destino al fin y al cabo compartido: la palabra”. Estas frases están impresas en el manifiesto del realismo deforme FLIA, “Tremendo Silencio”, escrito por Germán Amato. He allí el corazón (si cabe encajonarlo en algún lado) de lo que busca todo este motor armado.

La FLIA parece haber encontrado en ese nombre una denominación real, una nomenclatura que se ajusta perfectamente a lo que su esencia imprime: Feria del Libro Independiente y A. ¿A? Sí, A: Argentina, Amistosa, Abierta, Asamblearia, Auténtica, Autogestiva, etcétera… Cualquiera que se elija o que se quiera colocar allí y calce con lo que ella manifiesta, será bienvenida. Hasta en eso llegó este evento a la apertura mental y empírica, hasta en el nombre –dato no menor, y absolutamente metafórico de toda la situación-.

En este sentido, se pudieron encontrar editoriales o autores de los más diversos. Había quienes exponían su catálogo por primera vez, aquellos que pasaron de lectores-compradores a expositores, y aquellos sencillos curiosos que únicamente fueron a ver y (com)probar de qué se trata toda esta movida. No hay límite de edad ni catálogo ni temática que esté prohibida, así que cada uno ofrece lo que quiere. De esa forma, se ve una oferta de lo más variada: clásicos como Historia de Cronopios y Famas, de Julio Cortázar; hasta libros de poesía joven editados recientemente por nuevos y prometedores autores.

Uno de los protagonistas de hace años, por ejemplo, es Diego Arbit. El autor de libros como Un buen trío, Parque Centenario o El Sillón de mi Abuelo, entre otros, es uno de los más experimentados dentro de este suelo. Respecto a la feria, dijo: “En la FLIA no hay jefes, es asamblearia, horizontal, trabaja en redes, da espacio a todas las personas que quieran participar, no depende de ninguna organización partidaria, estatal, o privada, todas las personas que participan del cada FLIA trabajan con mucho amor para que salga bien, sin cobrar nada por hacerla. Muchísimos escritores y escritoras encontraron en la FLIA un medio para que sus libros se vendan”. Y es cierto. Esto no sólo cambia el panorama literario de compra/venta, sino además renueva el oxígeno para aquellos que quieren buscar un espacio propio. “En cuanto a lo personal, a mí me ayudó a ser más humilde. Me cambió muchísimo ser parte de ese colectivo. Me ayudó a ser mejor persona”, agrega.

La FLIA no se dejó estar en tanto participación y difusión. Contó con una radio que transmitió todo el día, por donde pasaron los más diversos autores y poetas a narrar, y llegó a ser retransmitida por diales como Radio La Tribu (FM 88.7), o Radio La Caterva (FM 97.3). En otras palabras, y como para no dejar dudas respecto a su enfoque vanguardista, la organización contó con nada más y nada menos que la FLIITA. Sí, leyó bien, un lugar para pequeños lectores que buscaban diversión y, por qué no, acercarse a sus primeros escritos.

Y volviendo al concepto de la misma Feria, se puede encontrar de todo un poco en este caleidoscopio cultural: circo, humor, teatro, poesía oral, entre otras. La misma no se dejó estar únicamente en la plena venta de libros, sino que además ofreció desde charlas hasta talleres de diversa índole: encuadernado de libros y fotografía estenopeica por un lado; o charlas sobre autogestión en tiempos kirchneristas (coordinada por Ezequiel Ábalos), para poner dos ejemplos.

Esta aventura no se detiene aquí. Este circuito se plantea continuar a lo largo del país y ahora también en países extranjeros. Una vez más Arbit aclara al respecto: “Lo más notable es cómo se extendió la FLIA en estos años. Se hizo en varios países de Latinoamérica, se hace todos los años en varias provincias del país, y lo mejor de esta última: trajo un recambio generacional de organizadores. Aparecieron nuevas personas, más jóvenes con muchas ganas de trabajar y fueron protagonistas al organizar una FLIA que trajo como diez mil personas en sus dos jornadas”.

Feria del Libro Independiente

Feria del Libro Independiente

Ivan Polasek, por ejemplo, es una de las nuevas voces que asoman en el universo literirario. Esta fue su primer FLIA como puestero, y no (tanto) como comprador. “Fue una experiencia totalmente distinta. Si bien pude recorrer muy poco el resto de los puestos, estar ahí compartiendo mi arte, ver como todo se organiza desde temprano y disfrutar de la solidaridad de lxs otrxs puesterxs enriqueció mucho mi concepto de la FLIA. De lxs otrxs sentí mucha buena onda, hasta personas con súper editoriales me dieron consejos para mejorar mis ediciones”. Para esta primera presencia de alguien de apenas 21 años y un humilde puestito con solo dos libros propios autogestionados para vender, el asentarse en el Corralón tuvo cosas nuevas y viejas, vistas desde la magia de la participación. Desde los artículos ofrecidos hasta la calidad de visitantes: “Yo creo que el público va a buscar cosas que ya sabe que le gustan, pero más o menos conscientemente también va para que lo sorprendan.”

En definitiva, un lugar y un espacio, dentro de un tiempo, donde a todos les toca ser protagonistas. Con decir que hubo 200 puestos, y 100 eran únicamente de libros ya es bastante. Rescatar a uno o dos es un decir, ya que cualquiera podría sentirse identificado con los testimonios anteriores. La FLIA cobra de esta manera un espectro social de compromiso más certero que nunca. Desde la avidez de sus participantes hasta las circunstancias que alguna vez la rodearon: no hay que olvidar que en su momento salieron en defensa de la toma de la Sala Alberdi o el IMPA. En el lugar del conflicto. En el centro de la escena. Como siempre.

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