Elecciones en EEUU: “The Land of the Free”…

LBF analiza uno de los factores menos tratados a la hora de explicar el fenómeno de la victoria de Trump sobre Hillary Clinton: la ingeniería institucional del sistema electoral norteamericano. “Swing states”, “Electoral College” y “gerrymandering”, ingeniería política que pone en duda la condición democrática del país del norte, y la capacidad de elección de sus ciudadanos.

Elecciones en EEUU

Elecciones en EEUU

Por Juan Silvano. Ilustración: Martín Ulloa

Donald J. Trump se convirtió en el 45° presidente de EEUU. Un “exitoso” (en los términos capitalistas, donde la evasión de impuestos mediante la declaración consecutiva de quiebras y otros subterfugios le permitió resguardar su patrimonio ante las diferentes crisis económicas del capital) empresario, figura televisiva y pública sin ningún tipo de experiencia política o ocupación de cargo que ahora ocupará el sillón del despacho oval ubicado en la Avenida Pennsylvania 1600.

La victoria de Trump ante Hillary Clinton sirve como reflejo fiel de las consecuencias políticas de la crisis capitalista, que golpeó a EEUU con el defol, al mismo tiempo que una crisis social inmensa que se arrastraba desde la gestión Bush hijo se combina con los factores económicos de manera explosiva. Los planteos proteccionistas de Trump sirvieron como un intento de explicación a una gran mayoría trabajadora norteamericana (y particularmente, blanca), que se decantó por Trump en contraposición al aumento brutal de la desocupación durante los gobiernos Obama, especialmente su último mandato, sumado al hecho del patrocinio a Hillary Clinton por parte de las grandes corporaciones que antagonizan con la situación de empobrecimiento de la mayoría trabajadora del país, así como del Establishment en su conjunto.

Sin embargo, la mayoría que se decantó por Trump también puede ser relativizada analizando uno de los pilares del sistema bipartidista estadounidense: el Electoral College y el gerrymandering, métodos sumamente antidemocráticos que aseguran victorias de dudosa legitimidad popular.

Menos son más (votos)

En los EEUU continúa vigente el sistema de Colegio Electoral, donde el voto popular elige no al Presidente (al menos, no de manera directa) sino a los electores que se juntarán y ejercerán el verdadero voto definitivo. Esto ha dado en la historia del sufragio norteamericano algunos verdaderos papelones, como la votación de candidatos que no existían, o con sus nombres mal escritos. La cantidad necesaria para alzarse con la victoria debe superar los 269 votos electorales (es decir, 270 electores o más).

Hasta ahí bien… pero la trama se vuelve aún más perversa. Existe en cada estado, una cantidad de votos electorales disponibles, pero no necesariamente son proporcionales a la cantidad de habitantes, sino que depende de diferentes arreglos políticos conocidos como gerrymandering, realizados de manera previa a la elección como un acuerdo (el término acuerdo es relativo, pues se dan verdaderas disputas y colisiones políticas) entre el PR y el PD. ¿En qué consisten estos arreglos? Dependiendo a quién “le toque” dibujar y/o redibujar los distritos electorales de los estados, por ejemplo en un estado con 5 distritos electorales que tenga 3 del PR y 2 del PD. Es decir, si los demócratas tienen la posibilidad de ejercer gerrymandering sobre los distritos electorales, pueden hacerlo de manera que a pesar de poseer menos fuerza política, tener más distritos dividiéndolos de manera arbitraria. En este sistema de arreglo político, según denuncia el programa de televisión Adam Ruins Everything (programa documental sobre los “mitos” culturales, sociales y políticos del país), hay distritos que son divididos de manera que se beneficia a un partido u otro.

Entonces, la posibilidad de conseguir electores no depende en lo absoluto del voto popular, sino de este factor y de otro: los famosos swing states que definen la elección. Inclusive, se genera una crisis de representatividad: estados como Wyoming, que tiene 3 votos electorales y una densidad poblacional bajísima, posee más electores por persona de manera promedial que California que tiene 55, pero tiene una densidad poblacional muchas veces superior a Wyoming.

Hillary y Gore: el tiro por la culata

La situación de Hillary, que sacó una cantidad de voto global mayor a la de Trump (una diferencia de más de 300.000 votos, que sin embargo, no logró que Trump perdiera, sino que ella misma cayó por una diferencia de más de 70 votos electorales con respecto al primero), es análoga a la de Al Gore, cotérraneo demócrata y vicepresidente durante los dos mandatos de Bill Clinton, que en el año 2000 superó a George Bush por más de 500.000 votos, pero gracias a este mismo sistema logró menos votos electorales. Esta situación se encuentra ampliamente explicada en el libro “Estúpidos hombres blancos” del documentalista demócrata/progresista Michael Moore, que paradójicamente, en esa ocasión, se puso a la izquierda del Bernie Sanders del momento: Ralph Nader, que se inclinó por abandonar la campaña en los swing states (que definían, como ya aclaramos, la elección) y llamar a la libertad de voto y explicar que “comprendía si votaban por Clinton” ante el “peligro” que representaba Bush. En ese momento Michael Moore repudió la posición de Nader por el cual había hecho campaña, a diferencia de 16 años después, donde llamó activamente al voto por Hillary, a pesar de haber sido un crítico profundo de la administración de su esposo, de su rol como Secretaria de Estado y de la mayor parte de la gestión Obama, al igual que Sanders.

Entonces, este revés sufrido por un sistema electoral con una desorganización generada por los tironeos y las disputas de ambos partidos del régimen no implica un lamento por la “victoria moral” de Hillary, sino que expresa este tiro por la culata de un sistema podrido hasta las entrañas donde el mismo establishment y la burguesía yanqui e internacional se ha visto desengañada no sólo por la crisis política, sino que revela la podredumbre del sistema de sufragio en the land of the free (“la tierra de los libres”), como es conocido el país norteño por las características estrofas de su himno.

El mismo Sanders, que dio el brazo a torcer cuando perdió la nominación demócrata (antes de esta elección se presentaba como candidato independiente) aunque había reunido un capital político que superó los 10.000.000 de votos y puso en jaque a la candidata elegida del establishment, también se ha vuelto cómplice del régimen que trabaja sobre el fraude electoral, los subterfugios antidemocráticos del Electoral College, el gerrymandering, los swing states y especialmente sobre la participación nunca mayor de la mitad del padrón electoral.

La tierra de… ¿los libres?

En un país cuyo presidente es nombrado desde hace décadas como el “hombre más poderoso del mundo libre”, resulta grotesca la falta de libertades que tiene el pueblo norteamericano. Muchas leyes electorales están dirigidas a los mismos sectores sobre los cuales Trump descarga la responsabilidad del empobrecimiento de la economía doméstica americana (inmigrantes y afroamericanos), que con diferentes tecnicismos, en un país donde el voto no es obligatorio y existe la necesidad de registrarse en el Padrón Electoral, con elecciones que duran una semana y donde la especulación política es en el día a día de la elección, no les permiten ejercer su derecho democrático al voto.

la mayoría que se decantó por Trump también puede ser relativizada analizando uno de los pilares del sistema bipartidista estadounidense: el Electoral College y el gerrymandering, métodos sumamente antidemocráticos que aseguran victorias de dudosa legitimidad popular.

En ese mismo país, las mayorías trabajadoras sufren el defol de una economía especulativa financiera a nivel mundial. Trump infiere que la puede revertir cerrando las fronteras y haciendo al país “grande de nuevo”, fortaleciendo la “olvidada” tradición industrial.

Entre los métodos putrefactos de repartición discrecional de votos electorales en los Estados, de alianzas en los parlamentos para sostener el régimen bipartidista, difícilmente “the land of the free” pueda ser vista como esa estrofa de su himno nacional.

Trump ha ganado de una manera fraudulenta, sostenida por encubrimientos de ambos partidos y de todo su arco político y empresarial (incluyendo a Hillary, que participa bien a sabiendas de la anarquía organizativa del propio armado electoral) a uno de los sistemas electorales más antidemocráticos de la historia.

Con victorias así de Republicanos y Demócratas, parecería que la solución está en el gran repudio a Trump que una parte inmensa de la sociedad está expresando a días de su victoria. Quedará en el curso de los próximos meses ver cómo se desarrolla esa fuerza social.

Juan Silvano

Juan Silvano

Estudiante terciario y universitario. Poeta, actor y escritor. Autor del blog https://juancamaron.wordpress.com/.
Juan Silvano
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