El profeta del gas fosgeno

El profeta del gas fosgeno Enemigos del Pueblo

El profeta del gas fosgeno Enemigos del Pueblo

Un cronista revela detalles de la noche en que el Ejército del Pueblo ejecutó su primer ataque. Literatura y realidad se funden para que Buenos Aires arda.

Por Alan Ulacia. Ilustraciones: Groger Gutiérrez.

 “Nuestro ejército no está ni remotamente preparado para afrontar una lucha con gases (…) Con diez mil kilogramos de fosgeno líquido podemos exterminar todos los regimientos de Buenos Aires” dice el Astrólogo, personaje de Roberto Arlt en la novela Los lanzallamas, escrita en 1929.

Cien años después, hemos transformado la literatura en realidad.

Hace unas noches, desde el repliegue republicano en Aeroparque, puedo aprovechar mi casi nulo tiempo de ocio para escribir. Porque, lector: una guerra de la que no se escribe no es guerra. Menos si se trata de una guerra revolucionaria como la nuestra. La poesía y la guerra son lo mismo, poetas y guerreros hacemos la misma cosa. Mi conclusión: el pueblo necesita chispas. Sin una chispa brillante y brutal, pueden estar metiéndoles un palo por el culo que nada, siguen laborando como tiesas hormigas obreras, con la dulce ilusión del consumo como patético contrapeso. Quiero dejar acá escrito cómo lo hicimos. Que quede el registro por si fallamos. Que me lea otro dentro de cien años y si se apagó, que reavive la llama.

Si hay que hacer el mal para que el ser humano abandone la miserable forma de vida que lleva, alguien tiene que hacerlo. Yo lo hice, lo hago, todos lo hacemos. Una Supra-Ética. Si hay que matar personas, debe hacerse. El mayor mal del sistema capitalista es de orden espiritual, ni económico ni ecológico. Y el espíritu no se purifica si no se toca la carne, y para eso es necesario destruir. Durante casi tres siglos los marxistas, salvo dos o tres Lenin, Mao, Guevara, no comprendieron esto, y se dejaron llevar por los límites humanistas de la moral burguesa, principal mecanismo de defensa del sistema. Gas fosgeno. Estaba en Arlt. Aniquilando el brazo armado del Estado, se rompe el castillo de naipes; y recién a partir de ahí se pueden transformar mentes, en eso estamos, quebrar la ciega subjetividad capitalista, incendiar la moral de oveja. Pero sin acción es imposible, y para actuar se necesita voluntad, y la voluntad proviene de una idea, la idea del pensamiento, el pensamiento del ver. Ver que el mundo, tal como existe, es un absurdo y hay que destruirlo, negarlo.

Los gases tóxicos rinden el máximum de su rendimiento en los días ligeramente húmedos y poco ventosos, con una temperatura superior a ocho grados. Para trabajar con el gas, se escogerán las primeras horas entre el amanecer y la medianoche. Se tratará de no lanzar el gas si hay una velocidad de viento superior a cinco metros por minuto”. Dice el loco Remo Erdosain, otro diabólico personaje de Arlt. Fue hace dos meses nuestro ataque y las nubes verdosas siguen tarareando en mi mente su coloquio de muerte. Gente gaseada. Soldados, policías, también viejos, jóvenes, mujeres, nenes, bebés. Barrimos con todo en menos de media hora, con “sincronización demoníaca”, escribió la prensa oficial.

Se emplearán 40 litros de fosgeno líquido por metro lineal (táctica alemana). Cuando se trata de frentes estrechos de ataque, de escasa profundidad, puede reducirse a 20 litros”. La avenida 9 de Julio convertida en una oda a la asfixia. Las calles, Talcahuano recuerdo, una pasarela de jetas moradas. No digo que lo disfrutamos, pero era la única forma de golpear duro. “El intervalo entre la primera y segunda emisión debe ser igual al espacio de tiempo que la nube de gas ha tardado en llegar al punto de ataque. Se forma una cortina tóxica de cinco metros de altura que dilata en ancho a medida que se aleja del punto de emisión. Los efectos son fulmíneos”. No esperaban gas. Un plan de cinco años ejecutado con frialdad cirujana. Basado en un libro. Un libro te puede cambiar el mundo. No éramos ni mil, por toda la ciudad; ratas revolucionarias. Un diagrama matemático. Técnica, es lo que le faltó siempre a la izquierda. Eso hicimos nosotros, leímos un libro.

En un ataque revolucionario, que es de sorpresa y minoría, el mejor sistema para transportar fosgeno es el camión tanque. Cada camión tanque puede transportar dos mil kilogramos de fosgeno líquido. Un dispositivo sencillo permitirá regar el frente de combate en el porcentaje de veinte a cuarenta litros por metro lineal”. Producir el gas fue mucho más dificultoso que usarlo. La fábrica en Lanús; esos asados entre camaradas mientras las chimeneas, dele que dele trabajar, pintaban de un verde tóxico el pampeano cielo. El Vasco Iraizóz, un tímido, pero el cerebro de todo. Alejandro Quevedo, ahora líder de la revolución, esparciendo su vozarrón entre los presentes, daba órdenes; lo de Ejército del Pueblo se le ocurrió una tarde de provinciana lluvia con mucho vino y alegría encima. “Visto que la aviación de guerra, por reducido que sea su número de aparatos de combate, puede destruir un ejército excelentemente equipado, todo ataque revolucionario con gas debe ser dirigido simultáneamente a los arsenales, aeródromos militares, etc”.

Fue durante la noche del lunes 26 de diciembre 2033. Guardias mínimas en todos lados, todos gordos por la navidad, relajados y fofos. Un grupo fuerte en Plaza de Mayo, cubriendo la Catedral, Casa Rosada, Ministerio de Economía, la SIDE, Banco Nación. Los demás en todas las comisarías y destacamentos militares de la ciudad. Parejas: dos soldados revolucionarios por comisaría o blanco militar a exterminar. “En general la mortandad para tropa o población no preparada para el combate de gases se eleva al 90 por ciento. La desorganización que precede a un ataque con gas es tan extraordinaria intensa que prácticamente es imposible toda tentativa de resistencia. Puédese asegurar que cien técnicos en gas destruirían en ataque sorpresa al grueso de cualquier ejército sudamericano”. Nosotros fuimos mil. Concretado el ataque con fosgeno, dos días después, el día 28, evaporados los gases, entraron en acción los conscriptos del conurbano, lúmpenes sin futuro que se encargaron de ultimar a los gaseados con bayonetas. Ni una bala se disparó durante la operación. Gases y bayonetas, porque los tiros vinieron después, están viniendo y con fuerza, porque herimos el orgullo de una nación burguesa.

Se ordenó a cada pareja revolucionaria redactar una crónica de su operativo.

Estacionamos el camión sobre Virrey Ceballos, – cuenta una muy pintoresca que leí ayer- en esquina Belgrano hay un policía con ametralladora parapetado en una garita. En el Departamento Central de la Policía Federal esta demostración de fuerza es usual. Estacionamos a las 20.33, hasta las 20.40 tenemos tiempo para soltar el fosgeno, siendo el segmento 20.30/20.40 el margen “F” que todas las células de la Operación tienen para largar el gas en simultáneo, en todos los objetivos de la ciudad. A las 20.35 el policía con ametralladora nota nuestro camión, habla por radio dos palabras y avanza hacia nosotros. Nos ponemos las máscaras. Hacémos girar la válvula y soltamos el fosgeno. El tanque comienza a vaciarse en un agudo pitido y una niebla verdosa empieza a volar hacia el este, impulsada por el viento en dirección al Río de la Plata y se choca contra las paredes de Departamento Central como un fantasma ebrio. El policía de la ametralladora ya no tiene las manos en el fusil sino en su garganta y yace en el piso sin poder gritar. Unos civiles corren enloquecidos en un coro de tos convulsa. Vomitan flemones de sangre. La niebla verde penetra las ventanas y se oyen alaridos, voces de alarma, una sirena, disparos, algunas órdenes inútiles. 20.40 todo es silencio.

En dos semanas, creemos el 25 de marzo, lanzaremos otro ataque con fosgeno. Altas dosis en Palermo, Villa Crespo, Caballito, Parque Chacabuco, Nueva Pompeya. Un cortina infernal de gas para ampliar posiciones. Desmoralizar a los repu. Las tres fábricas de fosgeno de Lanús, Avellaneda y Lomas de Zamora funcionan a toda máquina, según los últimos informes. Creemos llegarán a producir las cantidades necesarias. En dos semanas (la coordinación es casi milagrosa) llega por el Puerto la artillería que prometió Venezuela. Trecientos obuses de 155 mm M114. Hay que adaptar las balas de cañón y soldarle las ojivas de fosgeno. 2 litros por bala. Con un bombardeo de 2 horas a un promedio de 500 disparos por hora, multiplicado por 300 obuses, tenemos 300000 descargas de 2 litros. Es decir, 600.000 de litros en 2 horas, para cubrir un arco de 30km. La cantidad de gas es tal (hemos calculado que tardará más de un mes en esfumarse) que las tropas enemigas andarán escasas de oxígeno al cabo de dos semanas. No hay máscara que aguante 600.000 litros cúbicos de fosgeno. Los filtros se van a derretir como hielos en un horno.

Edemas pulmonares por millares, sí. Es el precio moral que se paga por transformar el mundo realmente, tome nota futuro revolucionario, anote: se paga un precio. Ahora bien, dejo constancia de que ampliado nuestro territorio de influencia, fortificada la nueva frontera, tomaremos la Capital definitivamente en menos de 2 meses. Guerra de malones gaseadores. Malones. He aquí una curiosidad con la que cierro esta breve crónica, y fíjese bien usted lector del Futuro, pertúrbese: nuestro líder, Alejandro Quevedo, tiene colgado en una gris y sucia pared de su bunker ubicado bajo la Casa Roja, La vuelta del malón, el famoso cuadro de Ángel della Valle. Emblema del arte argentino. Él mismo se lo robó del Museo de Bellas Artes, la mañana del 27 de diciembre, finalizado el ataque sorpresa, en medio del caos, en un jeep. Dicen que no hay noche en que terminada la faena, revisados los mapas, dadas las órdenes, calculado el inventario, las provisiones, diagramadas las tácticas, las operaciones, la inteligencia, leídos los mil informes, el pícaro no se fume un delicioso habano y lo contemple.

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  • Tronar el escarmiento (En proceso)

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Alan Ulacia

Alan Ulacia

Alan Martín Ulacia (1986) nació en Argentina, en el porteño barrio de Caballito. Es Licenciado en Ciencia Política (UBA), con una formación especializada en Filosofía Política. Trabajó como colaborador en diversas publicaciones y proyectos periodísticos: Diario Tiempo Argentino, plazademayo.com, Revista Devenir, elidentikit.com, entre otros. La ciudad imposible (2014), editado por Milena Cacerola, es su primer libro de crónicas y ensayos.
Alan Ulacia
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Comentarios

3 Comentarios

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    • Gracias Violeta! Ya volveremos con más, y acordáte que si vos misma o alguien que conozcas tiene ganas de colaborar, adelante!

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