El “hombre bueno” que mató y fue absuelto por un jurado popular

Juicio por jurados - Groger Gutiérrez - Federico Millenaar - Diego Labra

Crónica de uno de los primeros juicios por jurado popular. ¿Cuál es nuestro ideal de Justicia? El “sentido común” ciudadano vs. el tecnicismo jurídico. Los testimonios del fiscal y el defensor.

Por Federico Millenaar y Diego Labra. Ilustración: Groger Gutiérrez

Roberto Agustín Echarry es “un hombre bueno”. Paradójicamente, quien lo calificó así fue el fiscal Marcos Pagella, la misma persona que en un principio intentó convencer a un jurado popular de que lo condenara por homicidio.

El caso era complejo y se destacaba por una particularidad: tanto los familiares de la víctima como los del victimario pedían la absolución

El caso era complejo y se destacaba por una particularidad: tanto los familiares de la víctima como los del victimario pedían la absolución. También se trataba del primer proceso penal que utilizaba la modalidad del juicio por jurados en la ciudad de Mar del Plata.

En la actualidad sólo tres provincias comenzaron a implementar el sistema: Buenos Aires, Córdoba y Neuquén. Sin embargo, todos tenemos cierta familiaridad con su funcionamiento gracias a las películas y series norteamericanas. El fiscal y la defensa exponen sus argumentos ante 12 ciudadanos elegidos al azar y éstos deciden si el imputado es culpable o inocente. El juez, por su parte, fija la pena.

En territorio bonaerense, es potestad del acusado y su defensor elegir si quieren someterse a un jurado “de sus pares”. Sólo es aplicable a casos que contemplen una pena mayor a 15 años.

El caso Echarry

En agosto de 2014 el acusado le pegó dos tiros a su cuñado tras una fuerte discusión. Él mismo llamó a una ambulancia. Momentos más tarde, se presentó en la comisaría y confesó el crimen; también llevó el arma homicida, un revólver calibre 22. Rápidamente fue imputado por homicidio agravado. Una sentencia de 25 años era el peor de los escenarios.

Sin embargo, durante el juicio la historia comenzó a tomar otro color. El abogado defensor, César Sivo, planteó otro enfoque.

Faustino González, el fallecido, vivía en un terreno propiedad de su victimario y era el esposo de su hermana, Norma. La mujer lo había dejado tras décadas de violencia domestica. Vecinos y familiares confirmaron que era una persona agresiva, alcohólica y que solía estar armado. Había echado a la calle a su hijo y también abusado sexualmente de su hija cuando era adolescente. Incluso tenía una condena cumplida por homicidio que databa de 1978.

La defensa entendía que Echarry actuó en legítima defensa. Según Sivo, el imputado se vio superado por la situación. Se encontró frente a una persona violenta, armada con un cuchillo, que le bloqueaba la única salida. “Hizo lo que pudo en el momento que pudo”, resumió en su alegato.

“No se puede mandar a este hombre a la cárcel casi toda su vida, pero tampoco podemos darle una medalla y mandarlo a su casa”, argumentó el fiscal ante el jurado

La declaración del subcomisario Cristian Daniel fue clave. “Me sorprendió que no hubo incidentes con la familia de la víctima, al contrario, el hijo del fallecido estaba preocupado por su tío, lo abrazó y rompieron en llanto”, relató. El oficial analizó que Echarry tuvo miedo de que “González lo ‘primeree’ y actuó en consecuencia”.

Los testimonios a favor de Echarry y en contra de González incluso lograron que durante el proceso el fiscal cambiara la acusación de “homicidio” por la de “exceso en la legítima defensa”, mucho más leve.

No obstante, un hombre había muerto y el fiscal pretendía algún tipo de castigo. “No se puede mandar a este hombre a la cárcel casi toda su vida, pero tampoco podemos darle una medalla y mandarlo a su casa”, argumentó ante el jurado.

Los 12 ciudadanos deliberaron apenas dos horas. Salvo uno, todos coincidieron que el acusado debía ser absuelto, y Echarry quedo libre.

Juicio por jurados - Groger Gutiérrez - Millenaar - Labra

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Las sentencias  populares

Tanto la defensa como el fiscal coincidieron en este punto: el final  hubiera sido diferente sin un jurado popular

La pregunta que pende sobre la cuestión es una sola: ¿Qué la decisión dependiera de 12 ciudadanos afecto el fallo? Tanto la defensa como el fiscal coincidieron en este punto: el final  hubiera sido diferente sin un jurado popular.

Para el fiscal Pagella, “con un juez normal, un técnico del derecho, no se habría probado la legítima defensa”. Y argumentó: “Uno se puede poner en el lugar del otro (del imputado) pero la ley te ciñe y no te deja mucho margen de maniobra; por más que algo sea injusto, no te podés salir de los casilleros que te marca la ley”.

A la hora del veredicto estima que “la gente con el sentido común decidirá distinto a un juez”

El defensor Sivo, por su parte, hizo el mismo diagnóstico pero su conclusión fue inversa. “A los jueces letrados les cuesta muchísimo ponerse en la situación de la persona imputada, sobre todo en un caso de legítima defensa”. En ese sentido, entiende que esta falta de empatía es una deformación profesional. “Con el paso de los años los conflictos humanos se transforman en expedientes, son sólo historias contadas en un papel”, sintetizó.

“Para un ciudadano común es mucho más fácil sentirse acorralado como estaba el imputado, ponerse en su piel”, estima el abogado de Echarry en lo que resulta una defensa de su elección del juicio por jurados en potestad del acusado.

Ante la incidencia que podría tener este nuevo mecanismo en fallos futuros, el fiscal pronostica que el resultado de esta causa antes que una excepción probará en ser la regla. “Los juicios por jurados los elige el imputado y el defensor, por eso la mayoría de los que van a elegir tendrán que ver hechos que en un juicio común terminarían distinto”. A la hora del veredicto estima que “la gente con el sentido común decidirá distinto a un juez”. “Me parece que van a ser más absoluciones que otra cosa”, sentencia.

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Federico Millenaar

Politólogo y maestrando en Periodismo, autor y fundador en LaBrokenface.
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