El Buda de la Revolución

Buda de la Revolución - Enemigos del Pueblo

Buda de la Revolución – Enemigos del Pueblo

Afloran las contradicciones ideológicas de los “Enemigos del Pueblo“. Ahora un profeta de a pie pondrá en jaque la moral revolucionaria.

Por Diego Labra. Ilustraciones: Groger Gutiérrez.

 Uno de los primeros edictos emitidos por el gobierno del EDP sobre el territorio asegurado fue convertir a los Mc Donalds y Burger Kings, uno por cuadra más o menos de este lado de la 9 de Julio, en comedores comunitarios. Más allá de la venganza semiótica, la medida tenía fines bien prácticos.

 – Después de todo – me dijo un oficial al oír la noticia – la revolución es cuestión de números. Esta movida es la abolición de la esclavitud de la mujer a la cocina, y así sumamos a nuestras filas a las feministas y tortas que siempre renegaron de la izquierda por patriarcal.

 Fue almorzando en uno de esos comedores, en el ex Burger de Corrientes y Florida, que lo vi por primera vez. Al que más adelante me enteraría llamaban el buda de la revolución. Supuestamente el apodo se lo pusieron por la pelada, que era artificial. Un bien escaso en tiempos de melenas revolucionarias, melenas abundantes para sostener bien la boina con la estrella. Pero el mote resultó ser apropiado por otras razones y quedó. En otro momento hubiera sido un tipo andrajoso, pero en la malaria marcial que cundía en las filas del EDP, pasaba por uno más.

 Después de la pelada, lo que lo distinguía era no llevar arma. Ni fusil en el hombro, ni pistola en el cinturón. Esa desnudez era subrayada por un aura de paz, rara ya en los días anteriores al estallido, y ahora mucho más. Con bandeja en mano, se sentó a comer en una mesa ocupada por cuatro compañeros. En un par de frases que no pude oír porque yo estaba en el primer piso, descongeló la cara de orto que los comensales le habían regalado al principio, las convirtió en expresiones de genuino interés. Ni bien terminó el guiso, se paró amablemente y se retiró llevándose todas las miradas. La mía incluida.

 Un tiempo después me lo crucé por segunda vez. Fue en uno de esos bares chetitos de San Telmo, que tenían el menú en inglés y abajo “traducido” en castellano. Algunos habían sido destruidos en la furia inicial, pero la mayoría siguieron siendo bares donde las tropas se relajaban. Politburós con canilla libre. No fue casualidad que el primer convoy armado que fue despachado, una vez asegurada la Capital, partiera hacia Quilmes. El buda entró y se sentó en una mesa al fondo, sin birra. Estuvo solo un rato. Luego tímidamente se fueron acercando. Cuando éramos alrededor de diez, empezó.

 Conjugaba los verbos en forma extraña, porque se refería al futuro pero hablaba en presente. Lo daba todo por consumado. Nos pintó un mundo que vendría con palabras. Sin guerra y sin Estado. Advirtió que mucha vigilancia hizo falta para no caer en los excesos y errores pasados.

 La Historia no necesita otra URSS o una nueva China – dijo – Cuando Marx concibió la dictadura del proletariado, nos imaginó mejores hombres de lo que éramos.

 Describió un mundo verde de libertad, el Reino de la Voluntad que Hegel tentó en Lecciones para la Filosofía de la Historia.

 Internet, totalmente liberado y descentrado, garantiza la libertad de información y expresión. Técnicas perfeccionadas de permacultura y fuentes de energía limpia como la solar y eólica convierten a cada cuadra en una unidad verdaderamente autosuficiente. Acordemente, y en un diseño de democracia real, los cien metros cuadrados se gobiernan a sí mismos sin necesidad de congresos o asambleas. El número reducido permite el diálogo constante de los habitantes. Realmente, la tecnología hubiese permitido que cada casa fuese autosuficiente, pero se eligió espontáneamente la cuadra como unidad minima porque el hombre es un ser social. A su vez, esta independencia no se tradujo en aislamiento sino en un verdadero igualitarismo e internacionalismo – continuó, y ahí me di cuenta que hablaba del mundo y no sólo de Argentina – No más banderas o himnos. Nivel alto de educación, sin la mediación de instituciones y generado por la libertad de información, resultaba en efectos secundarios beneficiosos como por ejemplo crecimiento vegetativo cercano a cero.

 Todo muy lindo, pero si se rompe un panel solar quién lo arregla– desconfió uno.

 – El conocimiento y la técnica necesaria esta disponible para todos – respondió en tono calmo.

 – ¿Y si lo que falta es un repuesto? – aventuró otro, buscando un hueco en la utopía.

 Hablamos de máquinas casi perfectas, del desarrollo de las fuerzas productivas llevado a su última expresión – prosiguió – pero entiendo sus dudas. Si el artefacto se rompe, se arreglará o alguien ofrecerá un repuesto. Porque no nos engañemos mis amigos. En el corazón del cambio no van a encontrar nueva tecnología sino nuevos humanos. Hombres y mujeres librados del deseo que fue el corazón del mundo viejo. No más fetichismo de la mercancía. No más acumulación, no más lujuria por poder. La clave es una idea tan vieja como el amor. Esto es algo que Marx y sus sucesores no quisieron o pudieron ver, asustados por que a su ciencia la llamaran misticismo. Pero el amor es la clave. Es lo único que trae clausura, resolución. Sólo en él, y en el perdón, llega el hombre a dominar el deseo de mercancía y de poder. Un amor que nace de cada uno, sin mediación, ni Iglesia ni Estado. Ni siquiera uno proletario.

 Después dijo algunas cosas más que no recuerdo, y al rato se paró y se fue. No se hicieron esperar voces de disenso, incluso insultos y amenazas. Pero sonaban bajito debajo del silencio y estupor de la mayoría de los presentes. Yo me fui a la barraca como borracho, aunque había tomado sólo un porrón. Me tomó tiempo deglutir todo lo que escuché esa noche, pero más allá de las ideas, en el momento estuve seguro que había presenciado algo diferente. Ese chabón es el tipo ideal que Weber nunca llegó a conocer. Un contorno de piel y hueso en realidad relleno de carisma. Tanto, que se le escapaba por los poros. En cada mirada y en cada palabra. Así se debe haber sentido conocer al Che en la Sierra Maestra. O a Menem en el ´89, con esas patillas hipnóticas. A alguien con ese tipo de carisma uno lo sigue sin cuestionamiento, aunque veas el precipicio más adelante.

 A la mañana siguiente, entre ronda y ronda de guardia, traté de averiguar más del enigmático personaje. Pocos lo conocían en primera persona, y varios más lo tenían por referencias de terceros, pero nadie sabía nada concreto. “Es porque una vez que empieza a hablar, no podés hacer otra cosa que escuchar”, me respondió un pasmado. Todos coincidían en algo: no era porteño, pero las suposiciones sobre su origen eran dispares. Unos decían que había venido con la primera ola del EDP desde Salta, otros que se plegó más tarde. Algunos tenían teorías más tiradas de los pelos. Uno me dijo que “camino sobre el agua” para llegar al territorio del EDP, así cruzó el puente desde Avellaneda.

 La historia más elaborada hacía del buda hijo de un burgués del conurbano nacido en el año 2000 (nótese que se rodeaba de mística sus números). Que había sido criado en uno de los country/feudos de la zona de Hudson. De esos que ante la alarma de crisis y hambruna cerraron sus puertas al mundo exterior, atando con contratos de trabajo forzoso a los temerosos empleados que tuvieron la mala suerte de quedar del lado de adentro. Como el príncipe Siddartha, una mezcla de sospecha y hastío lo llevo a lecturas prohibidas primero, y a la peregrinación después. Vagó no se sabe cuánto tiempo, y apareció finalmente hacía pocos meses en la Capital Federal del EDP.

 Pasaron los días y el ritmo de la revolución, a la vez febril y rutinario, fue sacando al buda de mis pensamientos. Cada tanto escuchaba algún rumor que nadie se animaba a confirmar: que había dado un sermón a decenas de personas parado sobre la estatua ahora trunca de Monteagudo en Parque Patricios. O que ya tenía un par de creyentes que lo acompañaban siempre. Lo que sí era cierto era que las menciones al buda comenzaron a generar disgusto en oficiales y superiores, lo que en nuestro verticalismo revolucionario significa una segura extinción. Se dijo que al principio lo dejaron hacer porque, después de todo, citaba a Marx. Pero una voz disidente, por más ortodoxa que sea, no deja de ser disidente. Más o menos por esos días escuché que el buda decidía pasar cuarenta días en el desierto de la Tierra de Nadie, probablemente atizado por el clima persecutorio que imperaba.

 Semanas después, yo estaba sirviendo en la vanguardia que apretaba por adelantar la línea hasta Medrano, caminando apenas detrás del bombardeo con gas fosgeno. Las balas escaseaban, pero con los muchachos arrancamos la marcha dándonos el gusto de reventar las marquesinas de teatros en el camino. Sobre todo si tenían la cara de Gianola, sólo porque el hijo de puta parecía que actuaba en todas las obras del calle Corrientes. Así de bueno era el ánimo. En el cuarto día de avance, un suboficial llegó a la barraca improvisada dentro de una galería del Once. Buscaba voluntarios para oficiar de verdugos en un fusilamiento. Lo habían capturado al buda, y al amanacer lo ejecutaban por traidor. La justicia del EDP era rápida tanto por praxis como por filosofía. Escuchar su nombre revolvió algo en mí. Me ofrecí, no porque quisiera fusilarlo, sino porque querría verlo y fue lo único que se me ocurrió en el momento. Marchamos de inmediato hacia el pabellón.

 Recién lo pude ver cuando lo trajeron delante del paredón. Se empezaban a notar las raíces en su pelada, y su estado había desmejorado en general. Estaba bien cagado a palos. Aún así se paró firme y sin venda, comandándonos respeto. La orden fue dada y los cinco levantamos los fusiles, pero sólo tres fueron disparados. Nadie del alto mando presente dijo nada. Supongo que con que estuviese muerto les alcanzaba, aunque para dejar pasar tal insubordinación lo del buda debía ser problema serio. Quise ver quién fue el otro que no disparó, pero por miedo ni me asomé.

 Aunque concretarlo fue mucho más difícil, en ese momento ya había desertado en mi corazón, decidiendo recopilar todo lo posible acerca de la corta vida del buda y difundir sus ideas. En ese momento también pensé que parece que sólo con la muerte terminan de comprender los vivos. Como con Jesús, o mi tío Oscar que fue a AA toda la vida pero sólo dejo la caña cuando mató a mi tía Irma del disgusto. 

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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