Crisis crónicas de la Universidad 2: (UBA: sólo nos une el espanto)

Crisis crónicas de la Universidad - Ojeda

Crisis crónicas de la Universidad – Ojeda

Primera entrega del informe que presenta LBF acerca de la crisis de la universidad pública. El autor apunta los cañones de la crítica a la Universidad de Buenos Aires, no sólo en relación al ajuste presupuestario en curso sino también a las formas de vida política que la habitan, y la praxis que de ellas se desprende.

Por Alan Ojeda. Ilustración: Alan Ulacia

La UBA no es un símbolo de paz, comodidad y eficiencia. Eso es obvio para cualquiera que estudie o haya estudiado ahí. Como en un microcosmos, en la UBA se suceden, en simultáneo, todos los conflictos que de forma dispersa vemos en los diarios y medios de comunicación que explotan en todo el país: burocracia, problemas políticos, falta de gestión, imposibilidad de generar una consciencia de clase o una identidad específica a un sector social cada vez más apático, etc. La única diferencia, tal vez, y lo que hace parecer a la UBA un mundo paralelo es que la izquierda, a diferencia de lo que sucede en el país, logra ganar algunas elecciones importantes, como el Centro de Estudiantes. Sin embargo, que la UBA sea un espacio de conflicto y contradicciones continuas no es el problema. Por el contrario, el problema sería que eso no sucediera, que la calma y la paz reinaran aún en un clima social tenso.

El último gran conflicto de las universidades públicas fue el de las tomas del 2010, donde algunas facultades llegaron a estar tomadas por más de un mes. Pese a la manifestación masiva de los estudiantes durante ese período, es difícil establecer puntos de comparación con lo sucedido el jueves 12 de este mes. Sin dudas la marcha que tuvo lugar en el centro porteño es un acontecimiento histórico, a nivel nacional y mundial. Podríamos decir que faltaban los trabajadores externos al sector educativo para gestar algo similar a las protestas que se realizaron contra De Gaulle en el 68: casi un Mayo criollo. Una versión más rústica y menos artística, donde la creatividad se hallaba en los covers modificados. Por ejemplo, al ritmo de Tan Biónica, la banda emblema del caretajemacrista: “Me quedo con Puán, sigo con Psico y sigue sociales ¡Cómo te gusta que te tomen facultades!”. No es específicamente lo que llamaríamos “La imaginación al poder”, pero bueno. Eso es otro punto, lo trataremos más adelante.

Sin dudas la marcha que tuvo lugar en el centro porteño es un acontecimiento histórico, a nivel nacional y mundial.

Odio al servicio del bien común

Si hay una cualidad que engloba al peronismo y sus derivados es su capacidad de generar siempre un efecto paradójico. Si bien durante la gestión kirchnerista se multiplicaron las universidades públicas, ofreciendo así una gama de posibilidades para los jóvenes al momento de elegir, las viejas sedes porteñas estuvieron lejos de mejorar sus condiciones. El Hospital de Clínicas, uno de los primeros hospitales de alta complejidad de la región, sigue siendo poco más que una construcción lovecraftiana, derruida y turbia; Filosofía y Letras, una ex-fábrica de cigarrillos dividida con paneles, aulas explotadas y baños inundados; Sociales logró su nuevo edificio, prácticamente, gracias al ejercicio directo de la violencia; Derecho se mantiene como una elite que parece sentirse ajena a los problemas del país; Económicas logró, gracias a capitales privados y gracias a la mano de Franja Morada (siempre dispuesta a demostrar su poder con aprietes gangsteriles), un nuevo edificio. La UNA (Ex IUNA) también preservó su precariedad pese a la marea de conflictos políticos internos que se suscitaron y movilizaron a gran parte del estudiantado. Por otro lado, los docentes universitarios, al día de hoy, y en un periodo de más de una década, no han mejorado su condición de pobres asalariados limitados a cobrar (si es que cobran) migajas comparado con el sueldo de las autoridades.

Es decir que, aun en la época de bonanza, la educación pública, pese a los anuncios con bombos y platillos que se hicieron, no gozó de los beneficios que le correspondían. En consecuencia, lo que se está viviendo en estos últimos tiempos, no es un hecho repentino, es la exacerbación de lo que ya se encontraba en decadencia. No pasó un año sin que la UBA (cito este ejemplo porque es lo que más conozco) no tuviera, los primeros meses de año, una serie interminable de materias con cursada semi-virtual por paros docentes. La causa de lo que se vive ahora es, entonces, que eso que ya se había naturalizado casi (la precariedad) se volviera, de pronto, todavía más insultante que de costumbre, con desparpajo absoluto, con una propuesta obscena, denigrante, en un contexto económico en el que el Estado no ha dudado en pagar a todos sus acreedores, mientras la educación y la salud pública se africaniza cada día más. Nuevamente, lo que nos une no es “la idea”, si quiera esos jóvenes políticos  des-sensibilizados para cualquier expresión artística, tampoco la capacidad organizativa, casi nula, de los líderes del Centro de Estudiantes (que rara vez pueden llevar en orden siquiera una votación), sino el espanto y la humillación. Es por eso que no es una locura decir que, mientras este tipo de movilizaciones y respuestas sean poco más que eso, “respuestas”, es decir, una simple posición reactiva, como la de un animal acorralado, este tipo de protestas, por masivas que sean, parecen estar condenadas al desencanto. De hecho, en un error estratégico, parte del peronismo marchó sólo hacia Palacio Pizzurno, transformando el reclamo nacional en algo meramente sectorial, alejándose de la gran masa que caminaba hacia Plaza de Mayo.

Es decir que, aun en la época de bonanza, la educación pública, pese a los anuncios con bombos y platillos que se hicieron, no gozó de los beneficios que le correspondían.

Desde el 2009 (mi ingreso al CBC) hasta el día de hoy (fin de cursada de mi licenciatura en Letras), no he visto una movilización efectiva del grueso del estudiantado que se realice de forma organizada y duradera. Hoy nos une un enemigo en común, mañana tal vez no. No es una opción depender de eso. La universidad necesita, además de estar inmersa en el mundo, en el contexto, gozar de cierta autonomía, cierta distancia, la misma que le permite a un escritor estar-afuera-y-adentro. El proyecto de la universidad no puede (a menos que mágicamente sucediera la revolución mundial) adherirse de forma total al poder de turno, ni depender exclusivamente de él para tener un diálogo fructífero con sus integrantes, unidos por el odio, que finalmente deciden poner al servicio del bien común. En este punto me interesaría volver al punto que distancia a esta movilización de las ocurridas durante los años 60 en todo el mundo.

Sensibles como el granito volcánico

Un ensayo del poeta César Vallejo llamado “El artista ante la política”, dice: “De todas estas maneras puede, sin duda, militar en política el artista; pero ninguna de ellas responde a los poderes de creación política, peculiares a su naturaleza y personalidad propia. La sensibilidad política del artista se produce, de preferencia y en su máxima autenticidad, creando inquietudes y nebulosas políticas, más vastas que cualquier catecismo o colección de ideas expresas y, por lo mismo, limitadas, de un momento político cualquiera, y más pura que cualquier cuestionario de preocupaciones o ideales periódicos de política nacionalista o universalista. El artista no ha de reducirse tampoco a orientar un voto electoral de las multitudes o a reforzar una revolución económica, sino que debe, ante todo, suscitar una nueva sensibilidad política en el hombre, una nueva materia prima política en la naturaleza humana”. Me parece pertinente volver a analizar la relación de la política y el arte en estos momentos de construcción. Esos elementos parecen hoy ir más desencontrados que nunca, cuando no están enfermamente unidos, cosa que también es una forma de desencuentro. Las agrupaciones políticas parecen resistirse a experimentar en el campo del arte más allá de la visión dogmática o nacionalista, como si nunca se hubiera superado el dilema sartreano del compromiso; por otro lado el arte, gran parte al menos, se ha resistido a abrirse a una experimentación política, no en términos militantes explícitos, sino a la creación de una sensibilidad nueva, a una gestión novedosa del deseo que permita trascender el cinismo y la condición efímera de todo lo que parece rodearnos (nuevas formas de pensar los vínculos sociales, comprensión del mundo, la creación de un nuevo “yo” colectivo que abandone las concepciones anquilosadas de la izquierda o una utopía).

Las agrupaciones políticas parecen resistirse a experimentar en el campo del arte más allá de la visión dogmática o nacionalista, como si nunca se hubiera superado el dilema sartreano del compromiso;

En esta lucha de ciegos contra sordos la “creación política” ha perdido toda su potencia. ¿Qué leen los dirigentes políticos actuales? ¿Qué lee Del Caño? ¿Qué lee Máximo Kirchner? No hay que olvidarse que los grandes teóricos políticos que hoy sustentan gran parte de nuestras claves hermenéuticas eran arduos lectores de literatura. Marx declaró que Balzac era fundamental para entender el siglo XIX. Balzac ERA el siglo XIX. Hoy en día, esos puntos de contacto parecen difíciles de encontrar. La sensibilidad se ha desarmado bajo la consigna “eso es posmoderno”, como si el cinismo y la obcecación asnal con que se niegan al mundo que los rodea no lo fuera ya. ¿Por qué esta escisión y negación de comprensión de los puntos en común es negativa? Porque en el Arte (si, con mayúscula) se está en presencia de las corrientes de deseo de la sociedad, y nada más efectivo que saber gestionar el deseo ¿no es eso lo que ha hecho el capitalismo para sobrevivir? ¿No se ha descalificado a la izquierda por su falta de humor y exceso de seriedad, como si bajo su poder el goce no fuera posible? En estos términos gestionar el deseo y el goce no implica hacerle el juego “al sistema” sino todo lo contrario: encontrar opciones sanas para que el deseo encuentre su cauce fuera del camino enfermo en el que hoy se encuentra. Eso implica, como he dicho antes, el deseo de una nueva forma de ver el mundo, una nueva forma de vivir, una nueva forma de conocer y acercarse a las cosas: una forma de goce que sea ajena a la lógica de la mercancía. La política universitaria parece encontrarse a años luz de eso aún. No es raro que la frase del peronismo sea “Los días más felices siempre fueron peronistas”. Eso implica que, el peronismo, al menos de forma efímera, funciona como un gestor, no solo del Estado (bien o mal, eso no importa en este punto del análisis), sino también del deseo y las intenciones de una población.

Conducir es estar en una actitud hermenéutica continua. Las axiomáticas deben extraerse del deseo latente, de las causas perdidas, de los fracasos del sistema. Frente a eso, los representantes de la política universitaria no han dejado de ponerse en la antigua posición del profeta que posee la verdad revelada, pero cuyas profecías parecen lejos de cumplirse. Como dice Zizek, hace tiempo que se piensa en “la muerte del capitalismo” y, sin embargo este no deja de resurgir desde las cenizas, con nuevas formas de dominación, más flexibles y más fuertes (como el Tao). Mientras el mensaje sea ese, y no la condensación de las demandas, la organización política seguirá siendo poco más que una usina de odio temporal. Seremos perfectos odiadores, pero lejos, muy lejos de la construcción. Un comienzo posible sería comenzar a pensar el lugar de “la creación” y la lectura (la lectura del mundo y su devenir) más allá de los prejuicios dogmáticos conservadores que pretenden que el mundo sea lo que siempre fue, sin cambios, capturable por la simple aplicación de una teoría.

El aroma del tiempo

Cuando recobremos, desde la política, el arte como una praxis vital fundamental para la humanidad, llegará el día que volvamos a reconstruir nuestro lazo con el tiempo, nuestro τέλεος, la construcción de nuestra propia historia como algo más que un molde teórico estático. Hoy sufrimos la ausencia de utopías, de pensamientos utópicos, incluso de sensibilidad metafísica. ¿Cómo llegará la política a lograr algo si no es de la mano del arte? En este proyecto de vida la universidad debe recobrar su posición fundamental. La disidencia, la rebeldía, la potencia, no puede estar en la consigna vacía que se repite como farsa (“la imaginación al poder”) si no hay una práctica que la vuelva real. Es por eso que la función de los docentes, pese a las humillaciones institucionales que sufren por parte de sus autoridades y del Estado mismo, es la de despertar en los alumnos esa chispa que espante al monstruo teórico del que serán presas si no vinculan su vida al pensamiento.

Es inevitable no recurrir a la cómica palabra “oportuncrisis”. Hoy en día la masa está en movimiento, la insatisfacción se vuelve carne en la gente y llega hasta sus gestos más cotidianos. La oportunidad está, nuevamente, en canalizar esa energía. De lo contrario esta gran movilización terminará siendo poco más que un episodio más en una infinita serie de reclamos similares y efímeros. La reforma universitaria no depende de un programa, de un elemento puramente institucional, sino del dialogo verdadero de los agentes que la componen. El aula sigue siendo un campo de batalla y un refugio.

Hoy en día la masa está en movimiento, la insatisfacción se vuelve carne en la gente y llega hasta sus gestos más cotidianos.

Hasta que la autocrítica no tenga lugar la posibilidad de una lucha verdadera nos saluda a la distancia. La discusión no es por elementos separados: salario, presupuesto, condiciones de cursada, no docentes y becas. La discusión real es sobre qué papel cumplimos los integrantes de la universidad en la posibilidad de gestionar un espacio mejor, acorde a las demandas de la vida actual, aun sabiendo que no recibiremos ayuda de nadie más que de nosotros mismos, con un Estado que rara vez intervendrá sin imponer un modelo reproductivo en el que predomine la lógica del negocio por sobre la formación real.

Nadie nos cuida, estamos a la intemperie, y ningún individuo sobrevive solo en el desierto.

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CRÓNICAS CRISIS DE LA UNIVERSIDAD 1: (CRONOLOGÍA DEL CONFLICTO EDUCATIVO – ABRIL/MAYO), por Juan Silvano.

CRISIS CRÓNICAS DE LA UNIVERSIDAD 3: (DEVENIR DE UN LUNES CON CLASE PÚBLICA), por Natalia Giacobone.

CRÓNICAS CRISIS DE LA UNIVERSIDAD 4: (MARCHA EDUCATIVA 12/05: LOS DRONES NO MIENTEN), por Federico Millenaar.

Alan Ojeda

Alan Ojeda

Periodista, escritor, docente de escuela media, investigador. Especialista en drogas y música electrónica. Editor de la Revista Equis y coordinador del ciclo de poesía, música y libros Noche Equis.
Alan Ojeda
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