Cisjordania y el muro sionista

Cisjordania y el muro

Cisjordania y el muro

Una gran frase de un gran filósofo de la era moderna, reza: “la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”. La orientación de esta nota parte enteramente de ese concepto revelador. Ninguna historia está exenta de repeticiones. Por más terribles que puedan ser. Ninguna repetición es gratuita.

Por Juan Silvano. Ilustración: Martín Ulloa.

El autor de este artículo nació después de la caída del Muro de Berlín y tal vez, por eso, ha sido uno de los objetos de estudio que más recuerda de la (no tan) reciente época del secundario. Hoy, existe un nuevo muro de Berlín, pero que ya no separa dos “modelos económicos diferentes” como en el caso del stalinismo y el capitalismo: es simplemente, uno de los métodos de ocupación “tramposa” (si es que alguna ocupación no lo es) que se da el Estado de Israel para avanzar sobre los territorios palestinos de Cisjordania, o como se dice en el ámbito internacional el “West Bank”

Un poco de historia

El movimiento sionista, que había revitalizado sus fuerzas después del holocausto y con el apoyo económico y moral del imperialismo británico, que veía caer su mandato en Palestina, se dio a un largo, tortuoso y potente proceso de ocupación de la tierra palestina. Esto comenzó en el año 1948, apenas tres años después de finalizada la II Guerra Mundial, que se llevara a decenas de millones de judíos. El Estado de Israel fue ganando adeptos durante toda  la segunda mitad del siglo XX: una gran cantidad de judíos, religiosos y laicos que se volcaron al apoyo completo a los planes sionistas de crear un “Gran Israel” en el Medio Oriente, como un apoyo de potencias como el Reino Unido y Estados Unidos, así como la Unión Europea más adelante.

Una muralla china sin hunos

A principios de esta centuria, el Estado de Israel avanzó con la iniciativa de edificar un muro, la construcción sigue en pie después de 13 años y aún no ha terminado. Declaraciones actuales de voceros del gobierno llaman al muro “barrera de separación” (separationbarrier) o “cerca de seguridad” (securityfence). Nombres que hacen despertar suspicacias equívocas sobre el verdadero objetivo de esta construcción.

En sus puntos más altos, este muro llega a los 8 metros, el doble de lo que llegaba a alcanzar su predecesor de Berlín. Está construido de maneras diferentes: concreto duro, malla electrificada con alambre de púas, todo cubre una distancia de aproximadamente 450 kilómetros. El muro tiene una fuerte presencia militar que controla el tránsito de las carreteras, los movimientos de los cercados nativos palestinos e incluso, ha llegado a adjudicarse de facto el control del agua potable y de plantaciones campesinas (olivos, por ejemplo) de los campesinos originarios.

El Ejército y Gobierno de Israel declara que este muro sirve de protección ante la posibilidad de ataques, y que mantiene a los palestinos en su territorio. Pero hay tres puntos que contradicen esta afirmación:

  • Muchos habitantes de Cisjordania deben cruzar diariamente (y lo hacen) esta barrera mediante las diferentes puertas para ir a buscar trabajo, para ir a sus escuelas, que en varios casos, quedan del lado “israelí” del muro.
  • Cuando se termine la construcción de este muro, el 80% del mismo estará cubriendo tierras que son parte del pueblo palestino (extralimitándose de la línea trazada en el armisticio árabe-israelí de 1949)
  • Al interior de los muros existen asentamientos judíos que invaden tierras palestinas, esto genera nuevamente una situación análoga a la del Muro de Berlín: barrios y en este caso, ciudades enteras cortadas a la mitad. Con el agravante de una incipiente colonización financiada por el negocio inmobiliario y el Estado. Los costos de vivienda en estas zonas ilegales son mucho más baratos que dentro de los límites del Estado de Israel.

Entonces, cuando el gobierno declara que el muro es para evitar ataques palestinos al territorio israelí, se enfrenta a una contradicción que despierta algunas preguntas: si el muro es para defender al pueblo israelí del terrorismo ¿Por qué en su mayoría, ocupa el territorio palestino? Y ya que este es el caso ¿cuál es el objetivo real de esta monstruosa construcción?

Asentamientos y colonización: el negocio inmobiliario

El plan de colonización, muchas veces relacionado en el ideario con el movimiento de los kibutz, desde hace años tiene otra connotación. Según Wikipedia, el movimiento de los Kibbutzimn es: “una comuna agrícola israelí (…) inspirados por su propia ideología sionista socialista, los miembros de los kibutz desarrollaron un modo de vida comunal que atrajo el interés de la opinión pública mundial.

No nos detendremos a realizar una crítica sobre la falacia que implicó el movimiento de los kibutz. Apuntaremos hacia lo crucial: el plan de asentamientos y colonización protegidos por el muro sionista de Cisjordania.

Esta estructura ocupa territorio palestino, no sólo ha cortado barrios enteros a la mitad (y ciudades, como en el caso de Belén), sino que también ha tomado recursos económicos y naturales de los nativos, ahora administrados por el Ejército y el Estado de Israel, tales como el agua, los cultivos e incluso, ha estrangulado la economía local, causando cierres de muchos negocios de la zona manejados por palestinos.

Pero nos queda la pregunta: ¿Cómo es que el estado de Israel convenció durante esta última década a la monstruosa cantidad de cerca de 700.000 israelíes que viven repartidos en el 63% del territorio de Cisjordania?

Uno podría deducir que el conocido fanatismo de carácter de culto o secta que propaga el sionismo de Israel sería la razón. Muchos de estos colonos se ven como “pioneros” en tierras que le pertenecen y que deben reclamar y ocupar. Pero no explica cómo en las últimas dos década la cifra de colonos pasó de 240.000 a 693.000…

Pero la realidad es aún más perversa que un plan de colonización movido por cuestiones movimentistas o religiosas: el gobierno otorga bajas tasas de interés y facilidades de vivienda en las zonas ilegales de ocupación en Cisjordania. Es decir, se otorgan estas prebendas a los colonos, así proliferan los beneficios para las empresas inmobiliarias y de la construcción. En 1998, Israel declaró a la llamada “Zona C” tierras de prioridad nacional, esto otorga a los habitantes israelitas algunos beneficios: reducciones fiscales, rebajas del precio de la tierra y de los costes de construcción, subvenciones para hipotecas, es decir, facilidades que no pasarían de largo los colonos que han ido a ocupar estas tierras de manera ilegal, sino también los conglomerados de la construcción en Israel.

La tragedia y ahora… la farsa

Al principio de esta nota citamos a Marx y su casí mística frase en relación a la repetición de la historia. La muestra en praxis de este concepto se ve retratada crudamente en este muro sobre tierra palestina. Denunciado a nivel internacional, condenado inclusive por una gran cantidad de organismos internacionales, este muro no sólo es un plan armado y premeditado por múltiples actores, que en conjunto, han logrado arrebatarle al pueblo palestino más del 60% de su tierra, sino que además, se constituye como farsa histórica. En tanto el muro es una medida ofensiva más que defensiva, esta farsa, esta imitación grotesca de otro proceso burdo, desnuda a los ojos del mundo las verdaderas intenciones del Estado de Israel. Parafraseando a Illán Pappé, historiador judío antisionista, se está dando una limpieza étnica. Y lo más macabro: el empresariado se lleva la tajada más importante en este conflicto.

El muro de Berlín, para muchos, implicó la “caída del comunismo”. La pregunta que nos queda entonces, es: ¿Terminará el genocidio en Palestina cuando este muro se derribe, si es que lo hace? ¿Terminará el sionismo?

 

Juan Silvano

Juan Silvano

Estudiante terciario y universitario. Poeta, actor y escritor. Autor del blog https://juancamaron.wordpress.com/.
Juan Silvano
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