Zárate: La mano dura del sistema

Una reflexión del periodista Manuel Casado sobre la disyuntiva entre los vecinos de Zárate, ciudad en donde se crió, por la inseguridad y el caso del carnicero que mató a un delincuente.

Justicia por mano propia

Justicia por mano propia

Por Manuel Casado. Ilustración: Jana.

A pesar de que nací en Capital Federal, Zárate fue la ciudad de mi vida. Tengo 21 años y viví allí desde los siete meses hasta el 2015, cuando volví a mi lugar de origen para estudiar y trabajar de periodista. Fui de la generación que creció con su transformación, su crecimiento y su cambio de aspecto. Del paso del pueblo que no tenía avenidas con bulevar y transcurría los días a ritmo lento a la ciudad industrializada, frenética y rodeada de edificios, que brotaron como hongos.

Pasado el mediodía, ni bien me enteré de la noticia del carnicero que atropelló y mató al delincuente, lo primero que hice fue tomar el teléfono y hablar con varios de mis amigos del “pago zarateño”. La respuesta fue que la situación ya había tomado estado público y la cuestión estaba caldeada. De hecho, cuando ese mismo martes 13 de septiembre pude hablar con mi mamá por la tarde, ella me comentó que en el momento que volvía de su turno matutino como maestra de jardín se topó a la distancia con la escena del crimen, minutos después de que se hubiera cometido, y el clima ya era espeso.

Los medios más preponderantes del país habían puesto el foco en el caso y estaban en camino. La justicia por mano propia es un tema que “vende y sensibiliza” y sabía lo que se venía: reclamos frente al Palacio Municipal, manipulación mediática, promesas políticas y peleas interminables de gente conocida con argumentos contrastados sobre los hechos.

La previa de las Elecciones Nacionales del 2011 fue un antes y un después. Desde entonces, como si de una olla a presión que se mantuvo escondidas se tratara, la ciudad se ha visto estallada de hechos de delincuencia y, por ende, tema central de las charlas de familias, amigos y compañeros de trabajo.

Un año después el informe sobre las cifras del delito, según la Procuración General de la Suprema Corte Provincial, ratificaba la gravedad del problema. El Departamento de Zárate – Campana (que aglutina los partidos de Campana, Escobar, Exaltación de la Cruz y Zárate en un área de 490.960 habitantes) se había convertido en la tercer zona más caliente de la Provincia de Buenos Aires con 938 delitos cada 100 mil personas, un número que en porcentaje (no en cantidad) lo posicionó muy por encima de lugares complejos como La Matanza. Esto sin tener en cuenta la cantidad de delitos que los ciudadanos no denuncian en las comisarías por falta de credibilidad.

Con este duro porvenir, en Zárate se sucedieron decenas de comisarios y han operado todo tipo de fuerzas de seguridad: Policía, Gendarmería, Prefectura, DPU (Dirección de Prevención Urbana) y Policía Local. Aunque un nuevo índice de la Procuración General bonaerense, dado a conocer hace más de un año y medio, destacó a Zárate-Campana como uno de los cuatro departamentos que redujeron su nivel de delitos, la política de prevención asumida logró solo un descenso del 0,46 por ciento de los casos.

Sin embargo, antes de que todo el ritmo furioso de la inseguridad envolviera a Zárate a los niveles de desesperación actual, fue en 2009 que se produjo una de las marchas más multitudinarias y emblemáticas de todas. En julio de ese año, cientos de vecinos llenaron la plaza central Mitre para pedir justicia por el caso de Juan Cruz Márquez, un joven de 26 años y periodista deportivo asesinado a la salida de un boliche por un policía, fuera de servicio y en estado de ebriedad, que lo confundió con un ladrón y con su arma reglamentaria le aplicó un balazo mortal en el estómago. El asesino, Pablo Maximiliano Matías Sanhueza (ex policía de Tigre), terminaría siendo condenado a prisión perpetua por la Justicia de Campana.

La violencia en las calles es agenda inamovible y un punto de conflicto de posiciones y acusaciones políticas entre los habitantes de Zárate. Pero el caso del carnicero Daniel Oyarzún -conocido como “Billy”- que mató al ladrón que lo había asaltado en su comercio (ubicado a unas 20 cuadras de la casa donde me crié) sacó el peor de los resquemores de la ciudad. Recrudeció una grieta que expuso más que nunca la disputa local de bandos sobre quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios. Desde los defensores del “uno menos” y la justicia por mano propia hasta los argumentos de los garantistas más acérrimos. Una discusión descarnada de polos opuestos, peleando hasta las últimas consecuencias como si de gladiadores de la Antigua Roma se tratara, que no hace más que echar leña a una ciudad en llamas.

Carnicero mató a ladrón

Carnicero mató a ladrón

Con qué cara un padre va y le dice a su hijo “hay que matarlos a todos, que sos vos o ellos porque es un sálvese quien pueda”. Por qué la delincuencia y la inseguridad tienen estereotipo. En qué momento nos embrutecimos tanto para pensar que la solución es endurecer el poder punitivo de las fuerzas de seguridad o la justicia por mano propia. Con qué razón decidimos que el “chorro” es la causa de todos los males cuando en realidad es la consecuencia -no víctima- de historias pasadas llenas de indiferencia, desigualdad e injusticias.

Por qué hay quienes se creen por encima de otros haciéndose portadores de la decencia, si nunca fueron corridos por el león del tiempo y la marginalidad. Todos deseos desafortunados que se retroalimentan con la opinión del otro lado.

Por qué los que piensan que una mayor igualdad y transparencia en la escala social es la solución son tan poco resolutivos en el campo de los hechos. Se entiende el problema pero se pierde en la práctica. Cómo se le dice a un hombre al que le robaron todo o le mataron un familiar que la es culpa del sistema –algo que es verdad- y que va cambiar en algún futuro, “quién sabe cuándo”. Cómo hacemos para que mantenga la cordura y crea que las instituciones que casi siempre fallan son la solución. Que si quiere justicia no la busque en la venganza. De qué manera le hacemos entender que los medios masivos de comunicación lo van a usar y luego olvidar.

El ser humano en esencia es un gran conjunto de conflictos y contrariedades impuestas por sí mismo, el entorno y el pasado. Nos hacen creer, y nos creemos, que por inercia vivir es intentar ser como los de arriba para no terminar como los de abajo. Un propósito que, particularmente en un país de vaivenes políticos y económicos, solo provoca las diferencias sociales, miserias y resentimientos que hoy vemos.

Por estas cuestiones también me pregunto qué es vivir dignamente, cómo hacemos para que todos vivamos dignamente. Por qué hay familias enteras que no pueden comer, por qué hay tipos que tienen barcos que usan dos veces al año, por qué estos últimos son los que nos gobiernan y deben garantizar que los primeros estén bien. Qué hacen los del medio, por qué “el morbo garpa”, por qué la inseguridad también es un negocio. Por qué mi querida ciudad de Zárate ya no es igual. Tal vez las respuestas deban salir de acá.

LaBrokenFace

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Obtuvo su Doctorado de Periodismo en Crisis en la realidad (y un poco en la ficción). Actualmente trabaja en condiciones de sobre-explotación, para un grupo de periodistas renegados.
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