Bulgaria of Cards

Nuestro cronista balcánico presenta su cuarta entrega: en este caso, el complejo mapa político del ex estado soviético, entrecruzado por los mismos problemas que recorren toda la Unión Europea: xenofobia, crisis económica y empantanamiento político.

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Bulgaria of Cards

Por I.H. Ilustraciones: Martín Ulloa

En menos de tres décadas Bulgaria pasó del socialismo a la extrema derecha en el gobierno, pasaron protestas masivas, mandatarios renunciando una y otra vez, un zar como Primer Ministro, crisis política, caos, migraciones masivas y un partido que, junto a su oligarquía aliada, se vuelve cada día más fuerte. En el país más pobre de la Unión Europea todo es delirante y todo es posible ¿Pero cómo pasó todo esto en tan poco tiempo?

Bulgaria era el hermanito preferido de la Unión Soviética, su mejor discípulo, el país que mejor seguía los pasos del régimen socialista y que más apoyaba las políticas entre los miembros del Pacto de Varsovia. No por nada hay tantos monumentos soviéticos diseminados por las tierras de este antiguo país balcánico. Tan fuerte era el socialismo búlgaro que en las primeras elecciones democráticas de 1990 resultó ganador el Partido Comunista, con casi el 50% de los votos. Claro que para entonces ya había cambiado de nombre y ahora se llamaba Partido Socialista BúlgaroBSP. Aún así el nuevo gobierno elegido democráticamente no duró demasiado y, tras una huelga general, se convocó a nuevas elecciones para el año siguiente en la que triunfó por muy poco la Unión de Fuerzas Democráticas (SDS), un partido conservador y profundamente anticomunista. Era la victoria del revanchismo.

Entre la inflación, las constantes protestas y las elecciones adelantadas, los años 90s fueron caóticos para Bulgaria. La transición le abrió espacio a la informalidad, el crimen organizado y la mafia en cada aspecto de la vida diaria. Durante toda la década BSP y SDS se alternaron en el poder hasta que llegó el nuevo siglo. Y quien rompió con la hegemonía entre conservadores y socialistas fue un tal Simeón, también conocido como Simeón II. Curioso nombre para un Primer Ministro. Es que siendo aún niño, Simeón había reinado como zar entre 1943 y 1946, el último monarca de Bulgaria antes de la instauración del sistema socialista. La familia real se exilió en Egipto y luego en la España franquista, en donde Simeón se convirtió en un poderoso empresario. Regresó a su país a mediados de los 90 y en 2001 fundó el Movimiento Nacional Simeón II (NDSV). Muchos vieron en el ex monarca a un salvador, una esperanza en medio del caos. Y ganó por goleada las elecciones, obteniendo la mitad de los asientos en la Asamblea Nacional. Pero las vanas esperanzas en este supuesto mesías se agotaron rápido y el NDSV fue perdiendo apoyo hasta abandonar definitivamente el parlamento en 2009. Curiosamente las primeras elecciones del siglo llevaron a formar parte de la coalición gobernante al Movimiento por los Derechos y Libertades (DPS), partido que extraoficialmente representa a la minoría turca en Bulgaria y a los búlgaros de etnia turca fuera del país. El monarca nacionalista se unía al partido de la minoría étnica.

Tras las elecciones de 2005 los tres principales partidos formaron una nueva coalición gobernante: el socialismo, el de Simeón y el turco. El ex líder de SDS y ex Primer Ministro Ivan Kostov fundó entonces un nuevo partido conservador y pro europeo llamado Demócratas para una Bulgaria Fuerte (DSB), que ganó 17 bancas ese año y para las siguientes elecciones volvería a unirse a SDS una vez más. Al mismo tiempo se convertía en alcalde de la capital Sofía Boiko Borisov, que pronto fundaría Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB) como desprendimiento de NDSV, y se transformaría rápidamente en el principal protagonista de la política búlgara actual.

GERB reemplazó a los viejos partidos conservadores de centro derecha, le sumó una buena dosis de nacionalismo y condimentó con retórica populista para ganar las elecciones del 2009. Al igual que Simeón, Borisov se mostraba como el salvador mesiánico que Bulgaria estaba esperando. Presentaba una imagen de hombre fuerte y poderoso, había sido patovica, guardaespaldas (de Simeón II y de Todor Zhivkov, el último líder de la República Popular de Bulgaria), bombero, policía jugador de fútbol y karateca. Nada de eso le alcanzó. Fuertes aumentos en las tarifas eléctricas, recortes de presupuesto, el aumento del desempleo y los numerosos casos de corrupción, llevaron a una serie de enormes movilizaciones a lo largo y ancho del país que incluyeron siete autoinmolaciones, cinco de ellas fatales. Borisov renunció en febrero de 2013 y se debieron adelantar dos meses las elecciones. En los comicios apenas votó poco más del 50% y sorprendentemente volvió a ganar GERB, convirtiéndose en el primer partido desde la caída del régimen socialista en ganar dos elecciones consecutivas. Aún así GERB perdió 20 asientos en la Asamblea Nacional y no logró formar gobierno, por lo que BSP, que había salido segundo, debió nominar a un nuevo Primer Ministro. El cargo recayó en Plamen Oresharski, un don nadie oficialmente independiente pero apoyado por el socialismo y por DPS. Esto tampoco duró demasiado.

Entre 2013 y 2014 hubo masivas protestas contra el gobierno de Oresharski. Los principales reclamos tenían que ver con corrupción, la necesidad de modificar el sistema democrático y el nombramiento del magnate mediático Delyan Peevski al frente de la Agencia Estatal para la Seguridad Nacional. Oresharski renunció en julio de 2014 y se convocaron a elecciones anticipadas para octubre. Una vez más votó cerca del 50% de la población y una vez más ganó GERB. Tan sólo un año y medio después de su renuncia, Borisov asumió nuevamente como Primer Ministro, esta vez en coalición con el Bloque Reformista, una alianza electoral fundada a fines de 2013 y conformada por varios partidos de centro derecha que habían quedado relegados en los años recientes, entre ellos Demócratas para una Bulgaria Fuerte (DSB) y la Unión de Fuerzas Democráticas (SDS). BSP y DPS quedaron segundo y tercero respectivamente, constituyéndose como principal oposición. Parecía que esta vez el hombre fuerte lograría terminar su mandato, tenía todo a favor. Pero no.

En noviembre del año pasado hubo elecciones presidenciales y, aunque es cierto que en un sistema parlamentario como el búlgaro el presidente no tiene demasiado poder, GERB hizo una fuerte apuesta. La candidata del partido gobernante era Tsetska Tsacheva, por entonces Presidente del Parlamento Búlgaro, había sido miembro del Partido Comunista Búlgaro hasta 1989, y en 2006 se había unido a GERB. BSP no presentó candidato pero optó por apoyar al independiente Rumen Radev, Comandante de las Fuerzas Aéreas Búlgaras que dedicó toda su vida a la carrera militar y nunca había tenido contacto con la política partidaria. Radev tenía aquella aura mesiánica de hombre fuerte que había llevado al poder tanto a Simeón y como a Borisov. Tsacheva, por el contrario, era poco carismática y su candidatura estaba condenada. Antes de que los dos candidatos principales se enfrentaran en segunda ronda, Borisov prometió que renunciaría si Tsacheva no se convertía en presidente. Radev ganó con casi el 60%, GERB perdió las primeras elecciones de su historia y, dicho y hecho, el ex patovica volvió a renunciar.

Una vez más se convocó a elecciones anticipadas. El 26 de marzo pasado GERB ganó sus cuartos comicios parlamentarios consecutivos y Borisov asumió su tercer mandato. Pero pasaron unas cuantas cosas interesantes además del triunfo oficialista. El primer punto es que Bulgaria continúa alejándose de Rusia, que tradicionalmente apoya a BSP y celebró la victoria de Radev el año pasado. BSP terminó una vez más segundo, como en las últimas cuatro elecciones, aunque esta vez le fue mucho mejor que en 2014 y ganó 41 bancas: de 39 a 80. GERB es mucho más cercano a la Unión Europea y, aunque Bulgaria es el país más pobre del bloque, este triunfo no puede despreciarse en el marco de las dificultades que aparecieron tras el Brexit.

DPS llevaba cuatro elecciones consecutivas como la tercera fuerza pero esta vez un nuevo partido le hizo perder votos. La nueva facción turcobúlgara se llama Demócratas por la Responsabilidad, la Libertad y la Tolerancia (DOST) y fue fundada en 2016. Su líder, Lyutvi Mestan, es un ex miembro de DPS expulsado por haber apoyado al gobierno turco en el conflicto diplomático por el derribo de un avión ruso en noviembre de 2015. Mientras que DPS se alinea con Moscú y tiene buenas relaciones con el socialismo búlgaro, DOST es la sucursal local de Erdogan, que busca expandir sus influencias. La nueva agrupación no alcanzó el 4% necesario para ingresar al parlamento, pero sí sumó votos suficientes como para joder a DPS. Otro de los que perdió como en la guerra fue el Bloque Reformista: ya no le queda ni una de las 23 bancas que tenía en el parlamento. También perdieron todos sus asientos otros partidos más chicos: Bulgaria Sin Censura (centro derecha, monárquico, euroescéptico) se quedó sin sus 15 y Alternativa para el Renacimiento Búlgaro (AVB, centro izquierda, cercano a Rusia), sin sus 11.

El que se hizo con el tercer puesto es quizás el más interesante. La coalición se llama Patriotas Unidos y se creó para las elecciones presidenciales del 2016 con la unión de tres partidos nacionalistas, conservadores, racistas, islamofóbicos: la Organización Interna Revolucionaria de Macedonia-Movimiento Nacional Búlgaro (VMRO-BND), el Frente Nacional para la Salvación de Bulgaria (NFSB) y Ataka. Este último es el que mejor representa a la coalición. Fundado en 2005, Ataka es la ultraderecha que se manifiesta contra la inmigración, los refugiados, judíos, musulmanes y gitanos, y afirma proteger la verdadera identidad de Bulgaria. Su líder tiene una relación muy cercana con Marine Le Pen. Hasta este año Ataka había participado de cuatro elecciones nacionales, en tres de ellas había quedado en el cuarto puesto, mientras que en la restante, en 2014, quedó en el séptimo pero aún con 11 bancas en el parlamento. El NFSB se fundó en 2011, participó de sus primeras elecciones en 2013 y no le fue nada bien. Por eso en 2014 se unió a VMRO-BND, que tan sólo había presentado candidatos en 2005 como parte de una alianza, y conformaron el Frente Patriótico, que terminó quinto y ganó 19 bancas.

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Aunque Patriotas Unidos aprovechó la crisis migratoria europea para cosechar votos, la parte más eficaz de su campaña este año pasó por otro lado. El fin de semana de las elecciones los miembros de la coalición bloquearon la ruta que une Turquía con Bulgaria para evitar que turcos con doble nacionalidad cruzaran la frontera para votar. Casi medio millón de turcos tienen derecho a hacerlo. Georgi Drakaliev, de VMRO-BND, afirmó entonces que buscaba proteger el honor de Bulgaria y que esta es una causa mucho más importante que la campaña. “El turismo electoral turco es el Caballo de Troya de Erdogan”, decía. Y aprovechaban para definir a DOST como un partido “anti-Bulgaria, propagandista, que puede ingresar al Parlamento en forma artificial, importado de otro país”. Pese a que eventualmente el bloqueo fue levantado, los Patriotas obtuvieron la atención que buscaban a horas de los comicios. El chistecito les salió bien: con poco más del 9% de los votos, los Patriotas Unidos quedaron terceros y sumaron 27 bancas. Pero la cosa no termina allí.

GERB aún debía formar coalición para gobernar y se había quedado sin sus aliados del Bloque Reformista. Obviamente no podía buscar apoyo en DPS y muchos menos en los socialistas, por lo que terminó formando gobierno junto a los Patriotas. Sí, el violento frente de ultraderecha nacionalista y racista es parte del gobierno búlgaro. De hecho Krasimir Karakachanov, líder de VMRO-BND, fue nombrado Ministro de Defensa. Lo extraño es que GERB busca mejorar las relaciones con la UE y los Patriotas se oponen fuertemente al bloque.

El quinto y último partido que logró bancas en el parlamento no es formalmente parte del gobierno pero lo apoya. Volya significa Voluntad y es liderado por Veselin Mareshki, poderoso empresario farmacéutico que busca acercarse a Moscú. Volya no es mucho más que promesas vagas relacionadas con ponerle freno a la corrupción, apoyar a las pequeñas y medianas empresas, e intentar que los jóvenes no se vayan del país. Es un cúmulo de palabras bonitas que no dicen nada, por lo que no es sorprendente que apoye a cualquiera que esté en el gobierno, en este caso GERB.

Mientras GERB acumula cada vez más poder en todos los ámbitos (política, medios, poder judicial, empresas), Bulgaria enfrenta una serie de importantes dificultades. Muchas de las fábricas que fueron nacionalizadas a comienzos del régimen socialista volvieron a manos privadas vacías pero nunca se retomó la producción. En ciudades como Gabrovo, capital industrial a principios del siglo XX, la desocupación ha aumentado notablemente. Como Bulgaria es parte de la Unión Europea, a los más jóvenes no les cuesta nada irse. Y lo hacen. A Alemania, España, Italia, a cualquier lado, no importa. Pero se van. Por supuesto que los que se van son los que manejan más de un idioma y tienen cierto nivel educativo, lo que significa que Bulgaria se va quedando sin empuje. Por otro lado, el país es muy dependiente de la importante suma que recibe de la Unión Europea para inversiones en infraestructura en general, pero esta suma corre peligro. El programa Europa 2020 obliga a Bulgaria a realizar una serie de reformas en materia de corrupción, empleo, crimen, finanzas públicas y educación. A sólo tres años de la fecha límite para realizar estas reformas, se han logrado muy pocos avances y para 2020 Bulgaria podría perder el apoyo económico del bloque continental de no cumplir con los requisitos del programa.

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De Castelar. Viajero, escritor, periodista y fotógrafo.
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