“El talón de Aquiles del Modelo K es la falta de soberanía industrial”

Ley de Medios -Clarín

Entrevista a Aldo Ferrer

LBF dialogó con el economista Aldo Ferrer, fundador del Plan Fénix y exembajador en Francia, sobre la actualidad y el futuro del Modelo K.

 Por Federico Millenaar. Ilustraciones: Groger Gutiérrez.

Aldo Ferrer es un prestigioso economista y político argentino referente de quienes se opusieron a las recetas neoliberales aplicadas en Argentina desde 1976. El fundador del Plan Fénix, profesor emérito de la UBA y ex embajador en Francia, accedió a una entrevista con LBF para dar su visión sobre la actualidad económica.

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¿Cómo caracterizaría al llamado “Modelo K”?

Tenemos democracia e instituciones sólidas, que son condiciones indispensables para el desarrollo económico y social. Desde la salida de la crisis 2001-2002 se recuperó soberanía, se reestructuró la deuda y se reestableció el nivel de la actividad económica con una mejora considerable de las condiciones sociales. Después de diez años de este proceso de recuperación, dentro de un paradigma distinto al enfoque neoliberal, han comenzado a surgir problemas importantes que plantean desafíos respecto del futuro. Entre esos factores figura la restricción externa: la insuficiencia de divisas, que es consecuencia de un sistema industrial que ha recuperado mayor nivel de actividad y empleo pero que mantiene una estructura desequilibrada con un insuficiente desarrollo de los sectores dinámicos, lo cual se refleja en el déficit creciente de las manufacturas de origen industrial, concentrado esencialmente en los sectores de autopartes, electrónico, de bienes de capital y químico. Todo este déficit en las manufacturas industriales alcanza más de 30 mil millones de dólares anuales, a lo cual se agregó el déficit en el sector de hidrocarburos y también, marginalmente, el del turismo. Con lo cual se configura otra vez un escenario de tensiones en la balanza de pagos que el Gobierno intentó enfrentar con medidas puntuales como el cepo y las restricciones a las importaciones. Pero éstas han generado una serie de consecuencias como la aparición de un dólar paralelo, que no es importante en términos cuantitativos pero es muy influyente en las expectativas lo cual implica una complicación para el manejo de la política económica. Entonces, a este escenario de desequilibrio externo, se suma el problema de la fuga de capitales y la persistencia de una tasa de aumento de precios, que no está descontrolada como sucedió en tiempos anteriores de la Argentina, pero es un tema que complica el panorama. Para resumir, es una economía que ha reestablecido la gobernabilidad, que se ha recuperado con sus propios medios, que no está sujeta a las condiciones del FMI, pero debe enfrentar los problemas fundamentales del subdesarrollo económico, que consiste básicamente en el subdesarrollo industrial, también vinculado a otras cuestiones históricas de la Argentina como los desequilibrios regionales y la persistencia de una desigualdad muy importante en la distribución del ingreso. Este es a mi juicio el resumen de la situación y el desafío que enfrenta ahora la democracia argentina. Habrá que ver qué políticas adopta el Ejecutivo para lograr que en estos dos años que faltan de mandato el sistema opere de una manera equilibrada y que se detenga este deterioro continuo de las reservas internacionales, lo cual es necesario para que el Gobierno consolide los logros que tuvo en estos años. Estos son los dilemas que se plantean en medio de un escenario internacional complejo pero en el cual pareciera previsible que se va a mantener una demanda importante de productos primarios, por lo tanto no son esperables tensiones externas por el lado comercial. Desde el punto de vista financiero, en la medida que Argentina se financie con sus propios recursos, el impacto de la crisis internacional es moderado. Yo diría que lo que va a determinar el futuro es cuál va a ser la estrategia del Gobierno para resolver la restricción externa. Yo espero que no caiga en una resolución por la vía neoliberal de la vuelta a los mercados y el endeudamiento externo.

A partir de la resolución del tema de Repsol y la abundancia de fondos que hay en el sistema internacional, Argentina se puede volver a constituir como un centro de atracción de capitales especulativos 

Todo parecería indicar, a partir del acuerdo con Repsol y el Ciadi, que efectivamente ese va a ser el camino…

Habrá que ver. Yo creo que hay cosas que resolver, como lo de Repsol, pero hay que ver cuál es la estrategia. Allí sí se pueden producir cambios externos importantes. A partir de la resolución del tema de Repsol y la abundancia de fondos que hay en el sistema internacional, Argentina se puede volver a constituir como un centro de atracción de capitales especulativos. Si esto sucediera, la restricción externa se convertiría en una abundancia de divisas que llevaría otra vez a la apreciación cambiaria, al endeudamiento y a la no resolución de los problemas estructurales.

¿Durante estos diez años hubo un proceso de industrialización real como dice el Gobierno o solo una reindustrialización a partir de la capacidad instalada?

Ha habido una ampliación de la capacidad instalada dentro de la vieja estructura pero no una modificación en términos de inclusión en el tejido productivo de los sectores tecnológicos de frontera, como el electrónico, el automotriz y de los bienes de capital. Por eso subsiste la restricción externa. La presidenta Cristina Kirchner habló el otro día de la soberanía industrial y esto debe extenderse en el sentido de cerrar el déficit de manufacturas de origen industrial, que es indispensable para el desarrollo científico y tecnológico, porque esas son las industrias portadoras del cambio técnico. Si se trabaja sobre esa línea (de la importancia de la soberanía industrial) cabe esperar medidas para impulsar una transformación. La alternativa sería volver a caer en la búsqueda de una respuesta de los mercados financieros o ceder a la tentación de tomar créditos de proveedores para proyectos de inversión pública, con lo cual aumentaría el componente importado del gasto público y habría un debilitamiento del “compre nacional” para impulsar la transformación.

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Entrevista a Aldo Ferrer

Si trajeras acá a los empresarios coreanos, que son un ejemplo de burguesía nacional, a los seis meses hacen lo mismo que los argentinos 

Argentina sufre de una baja productividad industrial crónica que le impide exportar. ¿Es un problema político más que económico? ¿Tenemos una burguesía nacional débil que busca las ganancias a corto plazo y acostumbrada a la protección estatal?

En las condiciones que hubo en la Argentina era imposible que surgiera una burguesía nacional. La industria fue agredida por las políticas liberales, la inestabilidad institucional de largo plazo y los cambios de rumbo. Era imposible que surgiera un empresariado local sólido y capaz de avanzar en los sectores de frontera. Mas bien lo que hubo fueron políticas de supervivencia. El empresariado, aquí y el cualquier lado, tiene la función de organizar recursos para ganar plata. En Corea, las reglas del juego inducían a que para organizar recursos y ganar plata tenían que trabajar en los sectores de frontera tecnológica. Aquí eso se demolió con las políticas neoliberales y la forma de ganar plata fue con la especulación, con la corrupción, etc. Pero esto no es una cosa idiosincrática de la burguesía argentina, es la respuesta a la dificultad de construir un empresariado nacional. Si trajeras acá a los empresarios coreanos, que son un ejemplo de burguesía nacional, a los seis meses hacen lo mismo que los argentinos.

¿Con qué medidas concretas se puede modernizar el aparato productivo?

Abriendo espacios de rentabilidad, es lo que hicieron los chinos y los coreanos. Apuntar a que el conjunto de decisiones de las políticas públicas abran espacios de rentabilidad allí donde se quiere producir el desarrollo. Por ejemplo, generar las condiciones para crear una gran fábrica automotriz de capital nacional que opere en la frontera tecnológica y que no subordine a todo el sector, que está en manos de filiales, a la importación de componentes de alta tecnología que siempre vienen de afuera y aumentan cada vez más el déficit de autopartes. Lo fundamental es la solidez macroeconómica y los espacios de rentabilidad que estimulan y orientan la inversión hacia sectores estratégicos.

¿Cómo se forman estos espacios de rentabilidad? ¿Con subsidios?

No, con un conjunto de medidas como el apoyo crediticio, la defensa del mercado, incentivos a la exportación, medidas tributarias o contratos del sector público. En gran parte depende de una política de “compre nacional”, porque muchas de estas cosas son insumos del sector público; por ejemplo, todo lo que es informática y comunicaciones. Es un nivel de gasto fenomenal. O en materia de infraestructura. Ahora vemos que estamos comprando vagones y locomotoras chinas, por la urgencia de resolver el problema ferroviario, pero esas cosas las podemos hacer acá.  El riesgo es que aumente el componente importado del gasto público y que perdamos uno de los instrumentos fundamentales de la transformación industrial que es el “compre nacional”. Yo fui el autor de la ley de “compre nacional” en 1970.

El cepo al dólar fue la medida que más molestó a las clases medias y altas. Teniendo en cuenta la necesidad de divisas para pagar deuda e importaciones y las altas tasas de interés para tomar préstamos en el exterior, ¿había otra alternativa?

Si, creo que se podía armar un paquete de medidas fiscales, monetarias y cambiarias que administren la escasez de divisas. Yo creo que había otras formas de administrarlas que provoquen menos tensiones. Ahora, una de las cosas posibles, por ejemplo a partir del acuerdo con Repsol, es que comiencen a entrar capitales especulativos y se de vuelta la tortilla. No porque se resuelva el problema sino porque seguramente se genere un proceso de apreciación cambiaria y endeudamiento, reproduciendo algunos elementos de la situación de los `90 o incluso de la dictadura con la “tablita”.

¿Cuál es la mejor política para frenar la inflación a corto plazo?

A corto plazo hay que fortalecer los equilibrios macroeconómicos. El Presupuesto 2014 da algunos indicios en ese sentido, por ejemplo propone aumentar el superávit primario. El Banco Central está ajustando el tipo de cambio a un ritmo mayor que el aumento de precios. Hay evidencias de que existe la percepción de que hay un problema a resolver. Hay que ver cómo se termina de configurar este paquete de medidas para administrar la escasez de divisas.

 Se han sumado una serie de acontecimiento que no llevan al sistema a una situación crítica pero pueden llevarlo

El equipo económico adoptó una política de devaluación administrada y gradual, ¿es lo conveniente o sería mejor una devaluación más abrupta?

Un tipo de cambio administrado está bien. Incluso hay que regular los capitales especulativos. El tema es cómo resolvemos la existencia de un tipo de cambio paralelo que es un factor de perturbación. También cómo se resuelve el tema de la apreciación cambiaria porque ha habido un aumento muy fuerte de los costos en dólares lo cual ha quitado competitividad. Se han sumado una serie de acontecimiento que no llevan al sistema a una situación crítica pero pueden llevarlo.

¿Una devaluación a qué tipo de cambio recuperaría la competitividad?

Yo no discuto una devaluación, el tipo de cambio es apenas un instrumento en un conjunto de medidas fiscales y monetarias.

¿Lo conoce personalmente al ministro Axel Kicillof?

Desde luego, es un economista destacado.

¿Se anima a pronosticar sus primeras medidas?

No. Igualmente no depende únicamente del ministro de Economía.

 El autoabastecimiento energético no es una condición necesaria del desarrollo. Países como Alemania y Corea tienen un fuerte déficit energético pero lo pagan con tecnología y manufacturas, nosotros lo pagamos con soja

El sector energético parece ser el talón de Aquiles del modelo K…

No, yo creo que el talón de Aquiles del modelo es el déficit de manufacturas de origen industrial, que es tres veces más grande el déficit energético. Además, el déficit energético se puede resolver en un plazo no lejano. Aparte, el autoabastecimiento energético no es una condición necesaria del desarrollo; países como Alemania y Corea tienen un fuerte déficit energético pero lo pagan con tecnología y manufacturas. Acá lo pagamos con la soja y reproducimos el ciclo del subdesarrollo industrial. Hay que resolver ese problema pero no es la cuestión fundamental. El tema fundamental es la falta de soberanía industrial.

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Politólogo y maestrando en Periodismo, autor y fundador en LaBrokenface.
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